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lunes, 22 de agosto de 2011

Un par de razones más, además de la ya clásica "desastre de la oposición"

¡Es el arte de la gestión, estúpido!


¿Por qué se ganó tan contundentemente? Aunque los opositores quieran enredar los argumentos fue clara la explicación de la señora Presidenta: “Es el triunfo de la gestión”. Y estoy totalmente de acuerdo. También lo está el sacerdote cordobés Guillermo Mariani cuyo listado de “logros alcanzados durante los ocho años de gestión kirchnerista” circula por internet. Son más de 100, seleccionaremos sólo algunos.
Recuperación del debate político.
Convocatoria a la militancia activa de los jóvenes.
Cancelación deuda con el FMI.
Contracumbre Alca (Mar del Plata, 2005).
Conducción de la Unasur.
Firma del código aduanero del Mercosur.
Presidencia del foro mundial G-77 más China. Argentina fue elegida por votación unánime.
Política estatal activa en relación con los DD.HH.
Depuración de la Corte Suprema automática y designación de una Corte Suprema de Justicia digna.
Ley de Matrimonio Igualitario.
Ley que penaliza la Trata de Personas.
No represión de la demanda social
Creación de los canales: Encuentro, Paka Paka, e Incaa TV.
6% del PBI para Educación.
Programa Conectar Igualdad: Distribución de 3.400.000 netbooks para estudiantes secundarios.
Creación de 1048 escuelas.
Desocupación: en 2003: 24,7%. En 2010: 7,4%.
Renegociación de la Deuda Externa, con quita del 70%.
Crecimiento económico sostenido (entre 8% y 10% anual).
Superávit fiscal.
Ley de suspensión de ejecuciones hipotecarias para viviendas únicas.
Eliminación de las Afjp.
Jubilación de Amas de Casa.
2.300.000 nuevos jubilados que tenían aportes parciales, hoy cobran la jubilación mientras cancelan su deuda previsional.
Asignación Universal por Hijo.
Plan federal de viviendas. Se entregaron 37.000 viviendas nuevas y se mejoraron más de 22.000. Se están construyendo más de 110.000 viviendas nuevas y unas 40.000 mejoras en marcha. Soluciones Habitacionales terminadas 565.903.
Creación del Ministerio de Seguridad y designación de Nilda Garré al frente del mismo.
Programa Remediar: entrega de medicamentos gratuitos a 15 millones de personas.
Plan Nacer: cobertura médica gratuita a embarazadas y niños de hasta 6 años.
Programa Raíces: Repatriación de 800 científicos (a los que Cavallo había mandado a lavar los platos).
Energía eólica. Construcción del Parque Eólico Ingentis, Prov. de Chubut.
Plan estratégico del sector nuclear. Comprende las aplicaciones de la tecnología nuclear a la salud pública y a la industria, entre otros usos.

martes, 16 de agosto de 2011

Yo hago ravioles, ella hace ravioles...qué país!



 Con tus ustedes, un aporte de Marula, espero que lo disfruten!

Hoy, como todos imaginarán, hablaremos de las PASO.
La verdad, he pasado las horas que mediaron entre el domingo por la noche y esta mañana intentando dar con una definición ajustada sobre lo que dejaron los comicios celebrados el último domingo.
Y luego de un análisis pormenorizado de los resultados, creo que puede hablarse con toda justicia y sin temor a equivocarse de goleada, knock out, jaque mate, afeitada en seco, baile, milonga, bailongo, candombe, sandunga, conga, salsa, pesto, tuco, peludo, murra, tunda, zunda. Cualquiera de estas opciones, tomadas de la estadística o del deporte, que para el caso son más o menos lo mismo,  darán al oyente una perspectiva adecuada de los resultados del domingo.
Ahora sí, con el deber cumplido, sólo me resta decir a aquella porción de la audiencia que forma parte del poco más del 50% del electorado que optó por la fórmula oficialista, que el festejo es lícito, claro, pero hay que recordar que por los puntos se juega en octubre. Y todos sabemos que en Argentina siempre existe la posibilidad, aunque remota, de que aparezca un mejor imitador de Claudio María Dominguez, y te gane una elección.
A aquellos que forman parte del poco menos del 50% de votantes que se inclinó por otros candidatos, deberán saber que se encuentran ya habilitadas las líneas telefónicas y foros de internet de todos los grandes medios de comunicación de la patria, para dar rienda suelta a la indignación, al tiempo que se calcula el oprobio, la agresión al erario público que supone la compra de semejante carrada de votos. Sin embargo, este segundo grupo no es del todo homogéneo y conviene dirigirse a sus individuos considerando ciertos matices:
1- Si usted votó a la entente Alfonsín-González Fraga, felicítese de haber optado por el movimiento de acción vecinal con mayor inserción nacional. En efecto, ninguna otra fuerza de alcance municipal ha logrado cosechar tantos votos en la historia de la nación. Si aún así no se convence, fíjese en la performance del candidato Pastore, del Mov. de Acción Vecinal, y se le dibujará una sonrisa en el rostro.
2- Si optó por Duhalde, congratúlese de haber elegido, tal como quedó demostrado en su discurso del domingo por la noche, a un verdadero demócrata y defensor de los símbolos patrios, en pie de guerra contra el extremismo marxista que ha izado el sucio trapo rojo allí donde debe flamear el glorioso pabellón nacional. Sepa Ud que ha dado un voto de confianza a un verdadero guardián del himno, la escarapela y el capital especulativo internacional, que tan patrióticamente se ha enriquecido en nuestras tierras.
3- Si en cambio Ud eligió la boleta de Hermes Binner, le sugiero memorizar la columna de Beatriz Sarlo en la edición del último viernes del diario La Nación y rezarla cada noche como cualquier bautizado. Usted debe sentirse orgulloso de haber apoyado a la única fuerza opositora sin techo electoral, pero deberá comprender que alcanzar esas cumbres impone esfuerzos prolongados. La militancia y la dirigencia socialista lo saben mejor que nadie, el votante eventual, por definición, lo ignora.
4- Si lo sedujo la propuesta de la autoridad máxima del estado libre asociado de San Luis, lo felicito yo. Cuando arrecian nuevamente las voces que buscan reeditar el viejo programa sarmientino de implantación de modelos civilizatorios foráneos, es promisorio que el votante elija uno bien cercano. Siga intentándolo, el clan R Saá parece ser inextinguible.
5- Si capturó la boleta de Elisa Carrió, sienta la satisfacción del deber cumplido. Usted no solo votó limpio, sino que en la proporción justa para purificar al sistema. Es por todos sabido que tres gotas de lavandina sobran para potabilizar todo un litro de agua inmunda.
6- Si se decidió por propiciar el milagro del FIT, mejor conocido como paleoizquierda extraparlamentaria, festeje con algarabía esta verdadera hazaña prerrevolucionaria. Su fuerza experimentó un incremento de cien mil votos, respecto de los obtenidos por los cuatro partidos de izquierda que compitieron en las presidenciales de 2007, sumados. Quedará para adelante reflexionar cuánto aportó a este crecimiento el capitalismo porcino en su faz mediático-mercenaria y alienante, que por influjo legal tuvo que repetir periódicamente el mensaje de todos los candidatos, en todos los medios, a toda hora, hasta el tedio. Seguramente un beneficio accidental de una ley electoral diseñada para reproducir la lógica de explotación capitalista, como casi todo lo que existe.
7- Al votante de Proyecto Sur no me dirijo, porque la probabilidad estadística de que alguno esté escuchando es, revisado el escrutinio local, nula.              

viernes, 18 de junio de 2010

Cuéntame una historia original...

Contame una historia
Por Juan Sasturain


Enviado especial a su casa

Por suerte, un partido de fútbol, aunque se resuelva con un resultado, no es sólo una cuenta ni una operación reductible a términos cuantitativos: sumas, restas, proporciones. Los números: goles, corners, offsides, expulsados, oportunidades de gol, porcentajes de posesión de pelota, metros recorridos por los jugadores y todos los datos más o menos imbéciles o pertinentes que puedan cargarse a una compu para que los digiera y opine –porque las compus opinan, qué otra cosa pueden hacer–; los números, digo, son carne de estadística, una seudociencia que nos informa (parcialmente) sobre cuánto –pero no cómo– ya sucedió, y que –para algunos necios y/o soberbios– suele servir para profetizar sobre lo que no podríamos ni nos interesa saber si ocurrirá.

Porque lo que hace a la belleza, el interés (fervores, angustias, alegrías) que despierta el fútbol –y es lo que diferencia su popularidad de la de los juegos de azar–, es que un partido (también un campeonato) es un relato, un cuento, una historia que, como tal, no tiene un resultado sino un desenlace, que es otra cosa en términos épico-dramáticos. Lo que resulta de un partido, lo que lo constituye como hecho único, irrepetible, no es sólo cómo terminó (el resultado), sino cómo fue, qué pasó para que resultara así... Los partidos, como las historias –novelas, cuentos, películas– pueden ser comedias, dramas, farsas, folletines, relatos de terror o de suspenso, incluso auténticas tragedias. Además –y ahí está el encanto, en el riesgo–, uno no sabe con qué se va a encontrar. Los relatos, también, suelen cambiar de tono en su desarrollo: lo que empieza como comedia liviana, termina en drama o se insinúa relato de suspenso, para terminar con final feliz o atroz, insoportable. Es así.

Los relatos, además, tienen capítulos, secuencias, nudos (momentos clave), zonas de interés, de monotonía o de suspenso y, sobre todo, personajes: secundarios y principales, héroes y villanos, voces cantantes y calladas. Y una más: una novela, un cuento, una película, pueden ser contados desde distintos puntos de vista y coyunturas. Nada de eso aparece en el resultado ni en la estadística. Lo más parecido al partido como relato es lo que suele llamarse el trámite: cómo vino la mano, qué pasó en la cancha y qué pudo haber pasado si... Ese espacio tan rico de posibilidades latentes que por un pelo (es decir, un palo, un expulsado, un error, una genialidad) no se actualizaron. Como en las novelas, el interés de una historia está hecho también de las posibilidades de lo que finalmente no fue, pero que en el momento del relato pudo haber sido.

Ayer, por ejemplo, Argentina jugó saludablemente muy bien, como nos gusta verla, como esperamos que lo siga haciendo; ganó con justicia y holgura, los números son elocuentes en todas sus columnas: goles, situaciones, posesión, lo que quieras. Sin embargo, sólo el relato, el trámite del partido, puede dar cuenta de lo que sucedió –en la cancha y en nuestros frágiles corazones– durante una quincena larga de minutos, los primeros del segundo tiempo, la continuidad virtual del descuido del pobre Demichelis.

Más claro: los coreanos llegaron por mérito propio –sin contar el regalo– una sola vez. Sin embargo, si el muchacho que llegó vacío por derecha a espaldas del fugado Heinze nos embocaba y se ponían 2 a 2 sin haber hecho un carajo, ¿quién puede decir cómo hubiera seguido aquello? Ahí el partido pudo dar un viraje imprevisible de los que el fútbol nos suele deparar.

Y es aquella jugada cuando estaban uno abajo, más la desgracia del defensor que hizo un tanto en contra y el posible offside de Higuaín en el segundo gol lo que subrayarán (el cuento que se contarán) los cronistas coreanos al hacerse la historia del partido. Y me gustaría estar dentro de la cabeza de esos desgraciados protagonistas, o de los hinchas que asistieron de rojo al estadio, para que me cuenten su (otra) historia.

Cada vez me siento más tentado de encarar el comentario de los partidos como si fueran historias, hechos artísticos, creaciones colectivas únicas. Creo que sería una manera de hacerles justicia en medio de tanto análisis mercantil de resultados o de seudocientificista de cuarta.

domingo, 16 de mayo de 2010

Cara de Roca

Desmonumentar
Por Osvaldo Bayer


Una vez más sostenemos que en la Historia finalmente triunfa siempre la Etica. Aunque pasen siglos. Recuerdo cuando hace años comenzamos los jueves al anochecer, junto al monumento al general Julio Argentino Roca, demostrando que, documento tras documento, los argentinos honrábamos a un genocida, a un racista y a quien había restablecido la esclavitud en la Argentina, en 1879, esclavitud a la cual nuestra increíblemente progresista Asamblea del Año XIII había eliminado adelantándose en décadas a Estados Unidos y a Brasil. Pues bien, aquella iniciación se ve culminada ahora por el primer congreso nacional del movimiento “Desmonumentar a Roca, que se llevará a cabo el sábado próximo, 22 de mayo, día del Cabildo Abierto, y el domingo 23, en la ciudad bonaerense de Junín, al cual concurrirán delegaciones de todo el país de docentes, estudiantes, trabajadores, miembros de instituciones culturales, representantes de los pueblos originarios y todos los que quieran participar. Los actos serán públicos y culminarán con música del cada vez más joven conjunto Arbolito.

Cuando comenzamos hace años aquella tarea en el monumento a Roca de la Diagonal Sur fuimos demostrando lo que sosteníamos. Sobre el calificativo de genocida, mostramos el propio discurso de Roca ante el Congreso de la Nación, al finalizar su “Campaña al Desierto”: “La ola de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las fértiles llanuras ha sido por fin destruida... El éxito más brillante acaba de coronar esta expedición dejando así libres para siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”. No puede haber mejor definición del concepto oficial de genocidio que estos conceptos del propio genocida. (Frase en la cual se nota su increíble racismo acusando a los seres humanos que habitaban desde hacía siglos esas regiones de haber “inundado las fértiles llanuras”. Cuando la verdad es que si alguien había inundado eran los descendientes de los conquistadores europeos que un buen día habían “descubierto América”.) Respecto del racismo de Roca están todos sus discursos en los que siempre emplea los mismos términos calificándolos de “los salvajes, los bárbaros”, mientras San Martín varias décadas antes siempre hablaba de “nuestros paisanos los indios”. Una diferencia abismal. Sobre el clima previo que preparó la matanza de Roca se pueden consultar los diarios de la época. Basta un ejemplo. El diario La Prensa del 16/10/78: “La conquista es santa; porque el conquistador es el Bien y el conquistado el Mal. Siendo Santa la conquista de la Pampa, carguémosle a ella los gastos que demanda, ejercitando el derecho legítimo del conquistador”. Racismo para obtener ganancias.

Respecto de que Roca restableció la esclavitud casi setenta años después de que ésta hubiera sido eliminada por la gloriosa Asamblea del año XII, lo demuestran los avisos publicados en los diarios de la época. Por ejemplo, el del diario El Nacional del 31-XII-78: “Entrega de indios”, como título. Y como texto: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”. Con respecto a la crueldad empleada por Avellaneda, Roca y los miembros de ese gobierno, lo dice bien esta crónica del mismo diario porteño El Nacional de esa fecha: “Llegan los indios prisioneros con sus familias. La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres indias sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos indios se tapan la cara, otros miran resignadamente el suelo, la madre india aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”. Esto lo hicieron los argentinos, como los españoles lo hicieron antes del glorioso Mayo de 1810. El mejor documento que nos habla de la traición de Roca y sus ayudantes del poder a esos principios de Mayo, por ejemplo, es si comparamos este estado de cosas con la declaración de Manuel Belgrano del 30 de diciembre de 1810, en su expedición al Paraguay, cuando proclamará la igualdad de derechos de los pueblos originarios, donde dice textualmente: “A consecuencia de la proclama que expedí para hacer saber a los naturales de los pueblos de Misiones que venía a restituirlos a sus derechos de Libertad, propiedad y seguridad, que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente a las rapiñas de los que han gobernado he venido a determinar los siguientes artículos, con que acredito que mis palabras no son las del engaño ni alucinamiento con que hasta ahora se ha tenido a los desgraciados naturales bajo el yugo de hierro: 1) Todos los naturales de Misiones son libres, gozarán de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode. 2) Desde hoy les liberto del tributo”. Y luego en los otros artículos los “habilita para todos los empleos civiles, políticos, militares y eclesiásticos” y les promete créditos para la compra de “instrumentos para la agricultura y para el fomento de las crías”. De la Igualdad y la Libertad a la esclavitud y la muerte. La absoluta traición a los principios de Mayo. Lo mismo hará ese extraordinario libertario que se llamó Juan José Castelli al llegar al Alto Perú, para no hablar de Mariano Moreno en su defensa valiente de la igualdad de los pueblos originarios de estas tierras americanas.

Pero, claro, con Roca comenzará el dominio del latifundio, luego de que después del exterminio de los pueblos del sur se repartan 41 millones de hectáreas a 1843 terratenientes. Al presidente de la Sociedad Rural –sí, la misma que sigue hoy representando a los estancieros– se le entregarán nada menos que 2.500.000 hectáreas.

¿Y quién era él? José María Martínez de Hoz, el bisabuelo directo del Martínez de Hoz que fue ministro de Economía de la última dictadura militar, la de la desaparición de personas. Cómo el verdadero poder siempre se mantuvo en las mismas manos en nuestra historia. Ya que jamás se llevó a cabo una reforma agraria. A todos los miembros de la comisión directiva de esa Sociedad, Avellaneda-Roca les otorgó un mínimo de medio millón de hectáreas. Y ahí están los apellidos clásicos del Barrio Norte: los Pereyra Iraola, los Oromí, los Unzué, los Anchorena, Amadeo, Miguens, Real de Azúa, Leloir, Temperley, Llavallol, Arana, Casares, Señorans, Martín y Omar.

En el primer congreso de “Desmonumentando a Roca” que comenzaremos el sábado próximo en Junín sentaremos las bases para una propuesta de profundo sentido ético, terminar con el endiosamiento del genocidio y propender a que se quiten los monumentos a la persona de Roca, se reemplace su nombre a todas las calles que lo ostentan en nuestras ciudades.

Y también que la ciudad patagónica de General Roca pase a llevar el nombre que esa zona ostentaba antes del paso del genocida: Fiske Menuco.

Los argentinos jamás hicieron congresos de historiadores para hacer una autocrítica de los crímenes oficiales que se cometieron contra los pueblos que durante siglos habitaron estas generosas tierras. Al contrario, glorificaron con los nombres de los asesinos oficiales lugares públicos. Cuando propusimos a los representantes del pueblo de la Capital quitar el monumento a Roca y reemplazarlo por una obra escultórica que represente a la mujer originaria –ya que en su vientre se originó el criollo que fue el soldado de nuestros ejércitos de la Independencia–, ese proyecto fue rechazado por el macrismo, que señaló que en “historia hay que mirar hacia adelante”. Ante tal argumento señalé públicamente: “Entonces, con ese criterio, Alemania tendría que tener todos los monumentos a Hitler”. Más todavía, que justamente el monumento a Roca es el más grande y céntrico de nuestra ciudad, apenas a metros del Cabildo, donde se declaró nuestra Libertad y se sostuvo la igualdad de todos como principio. Además, ese monumento fue llevado a cabo por resolución de un gobierno no democrático, en la Década Infame durante el período del general Justo, elegido –como es sabido– por el llamado “fraude patriótico”, término argentino que debería avergonzarnos a todos. ¿Y quién era el vicepresidente del general Justo? Nada menos que el hijo de Roca, Julio Argentino Roca (hijo), quien fue el verdadero inspirador de ese monumento a su padre.

Ese monumento es aún más injusto porque el general Roca, siendo presidente, aprobó la ley más cruel de la legislación argentina, la 4144, la llamada “Ley de Residencia”, por la cual se expulsaba a todo extranjero que perturbara el orden público. Que se aplicó principalmente a obreros que promovieron el avance de la justicia social, luchando por las ocho horas de trabajo. Pero la maldad de esta ley era que se expulsaba sólo al hombre y se dejaba aquí a su mujer y a sus hijos. Eso se hacía para que las esposas les aconsejaran a sus maridos no comprometerse en las luchas obreras porque corrían el peligro de ser expulsados y ellas quedaban aquí solas, con sus hijos, ¿y cómo podrían alimentarlos? También Roca fue el primer presidente que reprimió con extrema violencia un acto obrero del 1º de marzo, en memoria de los mártires de Chicago. Fue el 1º de mayo de 1904 y allí fue muerto el marinero Juan Ocampo, de 18 años de edad. El primer mártir del movimiento obrero argentino. De él no hay ni una callejuela en un barrio obrero. Pero el represor, Roca, tiene calles hasta en el último rincón urbano del país.

La ilustración de esta nota pertenece al libro Pedagogía de la Desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible, de Marcelo Valko. Y es una caricatura de Roca hecha por la publicación Don Quijote del 25/10/1891, en pleno auge político del genocida. Caricatura que demuestra toda la crueldad de su persona. El reciente libro de Valko deja bien al desnudo la verdadera personalidad de Roca. Y demuestra que en el curso de la historia cómo se justificó lo injustificable que ha quedado siempre oculto por más de un siglo y medio y hoy recién comienza a debatirse. Además se traen las citas del lenguaje de los políticos notables de la época y su racismo insoportable, con expresiones como “Raza estéril”, “enjambre de hienas” o “gusanos” como se calificaba a los pueblos originarios para facilitar el genocidio. Toda la línea de los pensadores “liberales positivistas” de la época. Se quería terminar con la nación mestiza para lograr la llamada “civilización europea”. Y también, otros aspectos, la posición dual de la Iglesia en esa época. No deja el autor de demostrar la corrupción oficial en la que se destaca las prebendas de los dos hermanos de Roca: Rudecindo y Ataliva. Sarmiento inventó el verbo “atalivar” que suplantaba al de “cobrar la coima”. En resumen, un libro fundamental para llegar a la verdad de ese pasado argentino. Y para interpretar el fracaso argentino posterior a ellos, que culminó con la dictadura de la desaparición de personas.

Por eso, por fin, una reunión nacional, los próximos sábado 22 y domingo 23 de mayo, en Junín, donde se debatirán en sucesivos encuentros todos los temas que hacen al pasado argentino que nos lleva a preguntarnos: ¿qué nos pasó a los argentinos después de esos principios de Mayo, plenos de generosidad y de la búsqueda de la Igualdad por medio de la Libertad?

jueves, 6 de mayo de 2010

"El olvido, además de una fatalidad, es un peligro" decía Discépolo...

Los olvidos y las responsabilidades
Ricardo Forster

Primo Levi, el extraordinario escritor italiano sobreviviente de Auschwitz, decía que en la estructura de los campos de exterminio nazi los psicópatas eran una absoluta minoría, mientras que los individuos considerados normales (buenos padres de familia, sensibles al sufrimiento, responsables para realizar satisfactoriamente el trabajo encomendado, obedientes a las leyes) constituían la abrumadora mayoría de los guardianes. Hanna Arendt hablará, más adelante, de la “banalidad del mal”, de ese mecanismo extraño a través del cual las acciones aniquiladoras de un individuo son el resultado de reglas aceptadas y de conductas naturalizadas. Tanto para Levi como para Arendt el eje del mal en la sociedad contemporánea no había que ir a buscarlo sólo y exclusivamente en las zonas negras, en esos portadores patológicos de la maldad, sino que el verdadero peligro estaba en las zonas grises, allí donde se mueven el grueso de los seres humanos. Bajo determinadas condiciones es posible que un individuo normal se convierta en un funcionario de la muerte.
Si una característica ha tenido el siglo que acaba de cerrarse es la posibilidad cierta de volver funcionales al poder, y a su potencia aniquiladora, las conductas cotidianas y “normales” de todos aquellos que no se sienten responsables por sus actos. Dicho de otro modo: las múltiples formas de la represión y del sometimiento, los mil mecanismos de la exclusión y del prejuicio, la instalación de políticas aterrorizadoras, son posibles gracias a, entre otras cosas, la vasta complicidad de amplias franjas de la población que participan, de diversos modos, en la reproducción y perpetuación de esas políticas represivas.
De la misma manera que es común escuchar, una vez superada la etapa del terror y destituidos sus perpetradores, que esos mismos que avalaron la puesta en funcionamiento de los dispositivos terroristas de Estado, nada sabían de lo que sucedía. Con rápidos reflejos descargan sobre el cuerpo de los más visibles representantes del horror el anatema del chivo expiatorio, aquella figura arcaica que permite, en una sociedad como la nuestra, desresponsabilizar a todos aquellos que también hicieron posible la implantación de la máquina represiva, de una máquina que les fue funcional y a la que apoyaron durante el tiempo que les sirvió y a la que dejaron girando en el vacío cuando los vientos de la época cambiaron hacia otra dirección. La memoria de una sociedad se construye eligiendo distintos caminos; nosotros, en nuestro país, hemos visto de qué modo la terrible experiencia de la Dictadura y del terrorismo de Estado quedó reducida, en los relatos oficiales, a los responsables militares, a las cúpulas de las Fuerzas Armadas, mientras que ese otro tejido de responsabilidades y complicidades, que involucró a una parte sustancial del establishment económico y que encontraría en Alfredo Martínez de Hoz y su equipo a su mejor representante, y que contó con el aval de un amplio sector de la población fue sistemáticamente borrado de la memoria colectiva, omitiendo de un plumazo a todos aquellos que no sólo aceptaron la solución golpista, sino que fueron cómplices directos de la represión y de la puesta en funcionamiento de una política económica que se entramó perfectamente con el terrorismo de Estado.
Acabados los años dictatoriales un piadoso e interesado manto de olvido se tendió sobre esos mundos civiles que hicieron posible y deseable que la barbarie militar asolara a la Argentina. Los traspiés de la democracia, su espasmódico andar, sus deudas y sus miserias hay que ir a buscarlas allí donde los mismos que fueron cómplices activos de la Dictadura siguieron manipulando desde sus prácticas perversas los resortes del poder. La decisión de la Corte Suprema de anular el indulto que beneficiaba a Martínez de Hoz inicia otra forma de reparación y de justicia.

sábado, 10 de abril de 2010

Ved en trono a la noble igualdad

De eso ya se habla
Por Osvaldo Bayer


Poco a poco, la ética se está adentrando en la interpretación de nuestra historia. Hace unos días, en el propio salón de actos de la Legislatura de Buenos Aires, se realizó un encuentro en el cual se puso el acento en lo que nos pasó a los argentinos en el tratamiento de los pueblos originarios que viven desde hace siglos en estas tierras. Sí, justo allí. En ese edificio, donde hace muy poco se echó la culpa de todos nuestros males a los “trapitos” y a los “limpiavidrios”, se hizo un análisis histórico y se debatió con total amplitud cómo fueron traicionados los principios de Mayo en nuestra historia posterior, basada en el derecho del más fuerte, en el poder de los dueños de la tierra, en los políticos personalistas, en dictaduras militares cada vez más repetidas, y en el atroz proceder racista contra los pueblos originarios.

Se discurrió acerca de la docencia sobre la base de la Libertad y la Verdad, el respeto a los intereses mutuos, y cómo llegar a eso que repetimos al cantar el himno: “ved en trono a la noble igualdad”. Cómo concretar esas sabias palabras de Esteban Echeverría, escritas en 1837: “Asociación, progreso, libertad, igualdad, fraternidad, términos correlativos de la gran síntesis social y humanitaria, símbolos divinos del venturoso porvenir de los pueblos de la humanidad. La libertad no puede realizarse sino por medio de la igualdad, y la igualdad, sin el auxilio de la asociación o del concurso de las fuerzas individuales encaminadas a un objeto: el progreso continuo. El camino para llegar a la libertad es la igualdad. La Igualdad y la Libertad son los principios engendradores de la Democracia”.

¿Dónde quedó esa democracia un siglo después, con la serie de dictaduras militares que llegaron a su más alto índice de abyección con el sistema de la desaparición de personas y el robo de los niños a sus madres? Es increíble. Del pensamiento de Mayo a la picana eléctrica de Uriburu-Lugones.

Lo que nos caracteriza a los argentinos de lo que hicimos con el Pensamiento de Mayo de un Mariano Moreno, un Belgrano o un Castelli, lo tenemos allí: en la Diagonal Sur. A esos pensamientos libertarios, tan libertarios que emocionan, los convertimos en el bronce para hacer la estatua del genocida Roca. Justo un producto de aquella Década Infame que comenzó Uriburu en el ’30 y prosiguieron los políticos de la hipocresía desmandada: el Fraude Patriótico. Y desde ese momento, Roca, el genocida, nos ha marcado el ritmo a los argentinos: no el “ved en trono a la noble igualdad en Libertad”, sino el latifundio, los niños con hambre y las villas miseria.

Sí, fue en el salón de la Legislatura donde –no por supuesto por parte de los legisladores, claro está (aunque algunos de ellos estuvieron en las primeras filas del público dando su solidaridad con los estudios históricos que allí se debatieron)– se realizó esa fiesta de la libertad de ideas y de opiniones. Comenzó con un prólogo de música de la tierra, con esa música profunda, sencilla, como ecos de trinos de mil aves distintas. Y se leyeron poesías acerca de la tierra y su gente escritas por monseñor Angelelli, aquel obispo mártir, asesinado por los uniformados de turno. Ese obispo, además de luchador inclaudicable de los derechos de la gente de la tierra, los describía en idioma poético. Poesías para recitar al compás de guitarras gauchas, para enseñar en nuestras aulas. Angelelli, cuyo cuerpo quedó tirado en la ruta sólo porque quería la dignidad para toda su gente, la gente humilde, de andar pausado que sabe acariciar a la naturaleza.

Decíamos que hay como un renacer de esa temática en las nuevas generaciones. Por ejemplo, lo notamos en las creaciones cinematográficas. Acaba de editarse Octubre pilagá, un documental de Valeria Mapelman. Es el relato de la investigación sobre la masacre cometida en 1947, en el norte argentino, con los pilagás, un pueblo ancestral de aquellas regiones. Cientos de pilagás fueron asesinados en la forma más brutal por la Gendarmería Nacional. Fue en el segundo año del gobierno de Perón. Jamás se ordenó una investigación del hecho. Hay todavía testigos sobrevivientes de la matanza. Con sus rostros se ocupan las cámaras. Tienen la sabiduría del tiempo y hablan pausadamente, sin levantar la voz. Relatan cómo se los encerró en un lugar conocido como La Bomba y se los baleó impunemente. Los ojos tristes, la voz pausada. Detalle por detalle. La sabiduría que va dejando la vejez y la vida humilde. No hablan de venganza, sí de lo injusto. De la incomprensión. Rostros formados con tierra generosa. Nos llevan al lugar. Sí, allí cayeron hombres, mujeres, niños. Desarmados. A tiro limpio les quitaron la vida, sin poder defenderse. Algunos hablan mientras realizan, lentamente, sus tareas. Sí, allí fue, allí están enterrados. Jamás se nos dio una explicación... nada. Los rostros de los niños, que nos miran.

Pilagás. Agua. Tierra. Manos que trabajan en silencio. El eterno canto de los pájaros, sus llamados, sus colores. Y de pronto, la muerte.

De eso no se habla.

Me vienen a la memoria esas palabras inspiradas en el pensamiento de San Martín, de septiembre de 1822, en que el Congreso Constituyente del Perú se expresó así sobre los pueblos originarios: “Nobles hijos del Sol, amados hermanos, a vosotros virtuosos indios os dirigimos la palabra y no nos asombre que os llamamos hermanos, lo somos de verdad...”.

Otro film documental que acaba de ver la luz es Por el camino del malón de la paz, realizado por Diego Romero y Soledad Berttendorff. Es la historia –investigada por el historiador Marcelo Valko– de 176 coyas que caminaron 2000 kilómetros desde Abra Pampa, en Jujuy, a Buenos Aires, a reclamar justicia por el abuso y la explotación en los ingenios, realizado por los terratenientes, y exigir que se les devuelvan las tierras comunitarias de las que habían sido expulsados, en las que habían habitado durante generaciones. Expulsados por los mismos dueños de todo. Cuando llegan a Buenos Aires, Perón los recibe y tres de los indígenas suben al balcón de la Casa Rosada frente a una multitud. Pero luego fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes –sarcástica ironía–, expulsados y llevados en un tren de carga nuevamente de regreso a Abra Pampa. Luego de 53 años del vergonzoso episodio, quedan todavía cuatro “maloneros” con vida. Y ahí está el relato, más todos los documentos de época.

Se nota en los rostros la injusticia sufrida, que no se ha disipado durante tantos años. Ellos, los hijos de la tierra, vejados por los dueños de esa tierra. Un documental para ver en los institutos de enseñanza y en todos los lugares, para el debate. Los peronistas deben todavía a la ciudadanía una autocrítica por estos dos hechos. Lo mismo que por la masacre de Ezeiza y por las Tres A del “ministro” López Rega. También los radicales deben a nuestra sociedad la autocrítica por las masacres obreras de la Semana Trágica, de 1919, por la represión de las huelgas de peones de las estancias patagónicas, de 1921-22 y por la de los hacheros de La Forestal, del mismo año. Y también los socialistas nos deben una profunda crítica por su apoyo a dictaduras militares, como el caso de Alfredo L. Palacios, que fue embajador en el Uruguay de la dictadura del general Aramburu, y Américo Ghioldi, embajador en Portugal de la dictadura militar de la desaparición de personas.

Esas autocríticas benefician a la democracia. Por algo ha sido que nuestro país tuvo tantas dictaduras militares que interrumpieron gobiernos elegidos por el pueblo. Por los momentos débiles de nuestras democracias.

La misma autocrítica tiene que hacerse nuestra sociedad, mediante la convocatoria de congresos de historiadores, que juzguen nuestro pasado de acuerdo con las normas de la ética, del respeto a la vida y de los derechos de todos. Y así acabar con monumentos y nombre de ciudades de personajes que se basaron en el crimen y en el poder económico.

Pero no nos conformemos con el pasado-actual sino que también vayamos a los problemas del hoy argentino.

Me da mucha pena cuando se persigue a la juventud con encarnizamiento. Relato el episodio: el 19 de mayo del año pasado hubo una protesta de grupos políticos argentinos, en el acto de conmemoración de la fundación del Estado de Israel, por la política de este Estado en cuanto a los palestinos. Ante los gritos y los coros de esos grupos intervinieron la custodia propia israelí y la policía local. Fueron detenidos varios de los participantes de la protesta y se hicieron allanamientos no autorizados. De todas esas intervenciones se solicitó además la captura de Roberto Martino. Debemos decir que Roberto Martino, a quien todos llamamos el Negro, no tiene antecedentes penales y siempre vivió en el mismo lugar declarado. Es decir, se ha llegado a una criminalización de la protesta que es exagerada dentro de las libertades que se debe dar en una democracia. El Negro Martino no hizo ni ostentación de armas ni participó de agresiones. Diversos intelectuales, entre ellos el premio Nobel de la Paz Pérez Esquivel, y la misma organización Apemia, que se organizó para el esclarecimiento de la masacre impune de la AMIA, se han pronunciado a favor del cese de la persecución de Roberto Martino.

Una democracia debe dar libertades a la protesta política, es un derecho de todo ciudadano; claro está, siempre que no se llegue a la agresión ni al deterioro de objetos, como es el caso de aquella protesta en la que estuvo presente Roberto Martino.

La democracia no tiene que temer a la palabra aunque venga en coro de protesta, especialmente de jóvenes que desean ser protagonistas de la vida política de un país.

Esperamos, pues, los amigos del Negro Martino, que de una vez por todas se levante su persecución, así él puede volver a sus estudios y trabajo. Es un pedido también a los miembros de la embajada israelí: un pueblo como el de Israel, que ha sufrido en su larga vida tantas discriminaciones y persecuciones, debería aportar aquí su mano abierta a quien sólo expresó su opinión en un acto público.

La democracia también se funda con generosidad, que en este caso sería verdadera justicia.

domingo, 28 de febrero de 2010

Columna Estival III: Semiologías...

"Decía que no hace falta ser un lector de Roland Barthes, de Guy Debord, de Julia Kristeva o, entre nosotros, de Oscar Landi, de Heriberto Muraro o de Nicolás Casullo, para, semiología casera e intuición mediante, descifrar el giro alucinante de la corporación mediática hacia la producción intensiva de una escenificación de los acontecimientos que sólo ofrecen la imagen de la decadencia y la descomposición. Su espectacularización de los sucesos tiene como único y obsesivo objetivo desplegar ante los lectores la geografía de un país arruinado y en vías de ser sacudido por un estallido social de magnitudes impredecibles. Todas las informaciones se aglomeran y hacen cola para describir un escenario de locura que tiene como principales ejecutores a un maníaco crispado y a una pobre bipolar (así, sin mediaciones ni anestesia, describen a quienes son objeto de su odio desenfrenado), verdaderos causantes de los males que asolan la vida cotidiana de los argentinos".


Semiologías

Por Ricardo Foster


No hace falta ser un semiólogo avezado ni un experto en desciframiento del lenguaje de los medios de comunicación para, a estas alturas, darse cuenta de la caída en picada de cualquier atisbo de “objetividad informativa”. Hasta el más simple de los lectores, ese que carece de cualquier animadversión hacia un determinado grupo mediático, incluso ese que rutinariamente inicia su día con la lectura del periódico que lo viene acompañando desde que tiene memoria, no deja de sentir que algo no funciona, que algo huele mal en la Dinamarca de los grandes medios. Para cualquiera que utilice el tan mentado sentido común resulta casi un escándalo de la razón comprobar que en decenas de páginas (y no estamos incursionando, estimado lector, en la radio y la televisión donde es comprobable el mismo efecto de homogeneidad informativa y de montaje de la realidad que se ofrece al telespectador o al radioescucha) se muestra una imagen monocorde del país, una suerte de descripción que entremezcla el desastre natural, la corrupción administrativa y gubernamental, el autoritarismo salvaje, el peligro inflacionario, la destrucción sistemática de las instituciones (la última joya a la que se apela ahora es al sacrosanto Banco Central y al uso discrecional de las reservas), la inseguridad que vuelve la vida cotidiana en un remedo del infierno o en una suerte de guerra de todos contra todos. Nada diferente resalta sobre ese fondo de horrores continuos; ninguna luz entre tanta tiniebla. Apenas desastre y desolación causados por “el matrimonio presidencial”, pareja de demonios que se solazan en aniquilar el ahorro y el patrimonio de los argentinos engordando sus propios y, seguramente, mal habidos bienes. Un odio visceral recorre algunas rotativas, un odio que se expresa en coberturas escandalosas y en la búsqueda de proyectar la imagen de un gobierno impresentable y huérfano de toda capacidad política. Más allá de cualquier argumento lo que emerge de la pluma de algunos editorialistas es la más brutal de las simplificaciones unida a una extraña e inquietante dosis de odio que se desparrama sobre ciertos sectores de la clase media como recordándonos tramos antiguos de nuestra historia metaforizados en una frase brutal: “¡Viva el cáncer!”.

Ni siquiera las tormentas que están haciendo que las aguas bajen turbias en la ciudad autónoma de Buenos Aires desnudando la impericia y la incapacidad del macrismo para hacer algo positivo y mostrando los sedimentos lodosos de una gestión de derecha, alcanzan a desviar la obsesión de esos grupos mediáticos en su afán de obturar cualquier acceso del lector a una información algo más plural y diversificada. Todas las noticias, las buenas, las regulares y las malas serán montadas de tal modo que sólo tiendan a destituir a un gobierno, eso escriben insistente y obsesivamente, vacío y vaciado de toda capacidad de gestión republicana (otra de sus frases favoritas). Si las paritarias con los docentes alcanzan un acuerdo salarial significativo, profundizando la tendencia de los últimos años a mejorar de una manera inédita el haber de maestros y profesores, la noticia será presentada como un intento del gobierno de poner en problemas a las provincias. Si la tasa de desempleo baja ostensiblemente mientras en Europa crece proporcionalmente a la agudización de la crisis económica, es una casualidad no digna de mención ni de explicación alguna o simplemente se debe al mítico “viento de cola” o al falseamiento de los datos por parte del Indec. Si los salarios de los trabajadores tienden a recuperar parte de lo perdido durante décadas de dominio arbitrario de las políticas de ajuste y de ortodoxia neoliberal, se trata, pura y exclusivamente, del retorno de la espiral inflacionaria que, como todos saben, es el resultado de la alquimia de aumentos salariales y aumento del gasto público (silenciarán prolijamente que las “soluciones” ofrecidas por los gurúes de la economía implican, como ya lo conocemos, reducción del déficit fiscal a partir del recorte de los salarios y la caída del consumo). La asignación universal para los niños será descripta pura y exclusivamente, cuando hay buena leche, desde sus carencias administrativas o, cuando de lo que se trata es de horadar más y más, desde la pura lógica del clientelismo. La defensa del trabajo y de la producción, la búsqueda de inversiones públicas que morigeren la crisis entre nosotros apelando a recetas no ortodoxas, es presentada como crecimiento brutal del déficit fiscal o como mera apropiación, por parte de “la caja”, de las reservas y de los ahorros de los argentinos (todavía lloran lágrimas de cocodrilo por el “saqueo de las AFJP” silenciando el gigantesco negociado que significaron durante los años noventa y como pata clave en el endeudamiento del Estado y como cereza del postre de la destrucción de riquezas y de ahorros argentinos). Nada les dice el aumento del turismo interno durante el verano, tampoco la recuperación evidente de la capacidad productiva y los pronósticos, todos positivos, de las principales consultoras (esas, incluso, que resultan intachables a los ojos del establishment) respecto de la marcha de la economía en el 2010. Si aumenta el precio de la carne la culpa la tiene, como es obvio, el Gobierno y sus “políticas anticampo”, ocultando el vínculo inmediato y evidente entre la expansión desmesurada de la frontera sojera y el detrimento de la producción ganadera que se relaciona con la imposibilidad, derrota parlamentaria mediante, de imponer retenciones móviles como un instrumento, no el único pero sí imprescindible, para frenar esa expansión (tampoco harán ninguna mención a la crisis estructural, que viene desde la década del sesenta, ni a que la mejora en el poder adquisitivo de los sectores populares genera inmediatamente un aumento exponencial en el consumo de carne, esas son pavadas que no hay que explicarle al lector porque toda la culpa la tiene Guillermo Moreno, el cuco que aterroriza a los “honestos productores” y a los empresarios intachables que, entre otras cosas, son los grandes formadores de precios). Ni una línea para comparar la caída en picada de España o de Grecia respecto de la relativamente suave travesía del país durante lo peor del 2009.

El Fondo del Bicentenario no es otra cosa que un manotazo de ahogado para hacerse con las reservas “intangibles” del Banco Central mientras se oculta lo que significan las reservas y lo que implica liberar fondos del presupuesto para mejorar el empleo y motorizar la economía. Silencio o desprecio por las señales inequívocas de una realidad que se niega a comportarse de acuerdo con los deseos de la corporación mediática. Los errores y las contradicciones del Gobierno, sus debilidades a la hora de profundizar un proyecto de contenido popular, no son las que preocupan a la corporación mediática, su afán es aniquilar cualquier iniciativa que implique ponerle límites al poder de los grandes grupos económicos y terminar con la anomalía inaugurada inesperadamente en mayo del 2003. Para eso utilizan la retórica de la impostura, la proliferación de informaciones sacadas de contexto y la multiplicación de imágenes del caos y la corrupción. Lejos de su ánimo señalar las deficiencias del kirchnerismo a la hora de regenerar participación popular y de darle forma más consistente a la redistribución de la renta.

Decía que no hace falta ser un lector de Roland Barthes, de Guy Debord, de Julia Kristeva o, entre nosotros, de Oscar Landi, de Heriberto Muraro o de Nicolás Casullo, para, semiología casera e intuición mediante, descifrar el giro alucinante de la corporación mediática hacia la producción intensiva de una escenificación de los acontecimientos que sólo ofrecen la imagen de la decadencia y la descomposición. Su espectacularización de los sucesos tiene como único y obsesivo objetivo desplegar ante los lectores la geografía de un país arruinado y en vías de ser sacudido por un estallido social de magnitudes impredecibles. Todas las informaciones se aglomeran y hacen cola para describir un escenario de locura que tiene como principales ejecutores a un maníaco crispado y a una pobre bipolar (así, sin mediaciones ni anestesia, describen a quienes son objeto de su odio desenfrenado), verdaderos causantes de los males que asolan la vida cotidiana de los argentinos.

Desde lo más relevante a lo más insignificante, nada queda fuera de ese relato que, obviando las sutilezas y moviéndose en la dimensión de lo crudo, es decir de lo pre-cultural incluso, busca dramatizar un presente en estado de catástrofe. Puro desquicio mientras el país deja pasar, una vez más, la dorada oportunidad para recuperar los fastos del Primer Centenario (imagen soñada de la utopía retrospectiva de nuestro establishment agroindustrial). Han superado con creces la voluptuosidad antiyrigoyenista del diario Crítica en el final de los años veinte que concluyó en el golpe de Uriburu; se esmeraron en emular y en rebasar a la prensa canalla de la Revolución fusiladora del ’55; convirtieron en un juego de niños la horadación sistemática que ejercieron sobre el gobierno de Illía y que luego volvieron a desplegar con el de Alfonsín al lograr una univocidad inmaculada en la construcción de un frente común contra la “satrapía populista” de los Kirchner. Se ocuparon, sin demasiada convicción, de borrar las marcas visibles de su complicidad con la dictadura del ’76, mostrándose, al mismo tiempo y sin pudor alguno, como los más aguerridos sostenedores de la democracia y de la libertad de expresión.

Todo está allí sin disimulos, ningún velo ni ninguna astucia narrativa busca esconder la transformación de esos grandes medios de comunicación en defensores a ultranza de sus propios intereses. Han dejado bien atrás el enmascaramiento y el lenguaje de la ambigüedad como si fueran expresión de una época ya superada en la paciente artesanía de la destitución de un gobierno democrático. Saben, y así lo expresan a través de sus principales “periodistas independientes”, que su función principal, la que justifica todos sus afanes, es potenciar un sentido común y una opinión pública en consonancia con sus deseos restauracionistas. Saben, por experiencia propia, que el terreno de lo discursivo-mediático es el verdadero campo de batalla, que en él se juega “el destino del país”. Lo que no dicen, aunque cualquier lector algo despabilado ya lo sabe o lo intuye, es que ellos “son” la opinión pública, ellos son quienes intentan darle forma a un sentido común desprovisto de cualquier posibilidad crítica. Lo que tal vez no acaban de ver, enceguecidos por su propia soberbia y su discurso autorreferencial, es que son cada vez más los lectores que, sin ser refinados semiólogos ni ser defensores a ultranza del Gobierno, ya no comen gato por liebre.

jueves, 18 de febrero de 2010

Citas III

"No es egoísta pensar por uno mismo. Un hombre que no piensa por sí mismo, directamente no piensa. Es de un burdo egoísmo exigirle a nuestro vecino pensar como nosotros y sostener las mismas opiniones. ¿Por qué debería hacerlo? Si puede pensar, posiblemente piense diferente. Si no puede pensar, resulta aberrante exigirle alguna clase de pensamiento..."

Oscar Wilde, El alma del hombre bajo el socialismo.

lunes, 15 de febrero de 2010

Citas II

Nihil novum sub sole...¿Quién dijo esta cita? Premio al que adivina antes de leer debajo el nombre del genial, irónico y sagaz escritor irlandés...Sí, quién más si no...

"Quienes hacen el daño son los periodistas serios, cuidadosos, formales, que con gran solemnidad, como lo hacen actualmente, arrastrarán ante los ojos del público algún incidente de la vida privada de un gran estadista, de un hombre que es el líder de un pensamiento político como también el creador de una fuerza política, e invitarán al público a discutir el incidente, a ejercer su autoridad en la materia, a dar sus opiniones, y no tan sólo darlas sino llevarlas a la práctica, imponiéndole al hombre sus ideas, imponiéndoselas a su partido, imponiéndoselas a su país; lo incitarán, de hecho, a volverse ridículo, ofensivo y peligroso".

Oscar Wilde, El alma del hombre bajo el socialismo.

domingo, 7 de febrero de 2010

Cuentos estivales II

-¿Qué debiste hacer con el pibe chorro?
-Pedirle perdón.


Otro día de furia
Por Roberto “Tito” Cossa


El juez cerró el expediente, se quitó los anteojos y dijo:

–Les conviene arreglar.

El abogado, nuestro abogado, hizo un gesto como diciendo “yo se los dije”. Miré a Bernardo. Me pareció que yo estaba en mejores condiciones para negociar.

–Señor juez. El chico era un colaborador. Se acercó a nosotros diciendo que le gustaba el teatro, que quería aprender. Le tirábamos unos pesos...

–En el expediente no está claro. Hay datos que indican una relación de dependencia. Y como ustedes saben, en caso de duda, la Justicia decide a favor del trabajador.

–¡Qué trabajador! –explotó Bernardo.

Le pegué una patadita en el tobillo por debajo de la mesa. E insistí.

–Señor juez... Somos una sociedad sin fines de lucro, destinada a la divulgación del autor argentino. Ninguno de nosotros recibe un peso... hasta nos pagamos el café que consumimos.

Me pareció que no lograba conmoverlo.

–La Legislatura de la ciudad nos destacó como espacio de interés cultural, se nos reconoce internacionalmente, en noviembre cumplimos 80 años de existencia, somos el primer teatro independiente de América latina...

Ni parpadeó. Es más, me di cuenta de que empezábamos a fastidiarlo.

–El chico arregla por 18.000 pesos. La demanda es por 35.000 más las costas. Les conviene. Es un buen arreglo.

Cuando salimos del juzgado ya era de noche, garuaba y hacía mucho frío. Nos detuvimos por un instante en la vereda.

–¡Dieciocho mil pesos...! –me quejé.

–Tres puestas en escena –calculó Bernardo.

Bernardo y el abogado se metieron en un taxi. Yo estaba cerca de casa y preferí caminar, a pesar del frío y la garúa. Levanté la solapa del sobretodo, crucé la bufanda hasta los ojos y me calé la gorra hasta las orejas.

No podía sacarme de la cabeza al pendejo que con cara angelical y gestos tímidos decía que se sentía feliz de estar en el teatro. Recordé el día en que me trajo unas carillas. Quería escribir cine. Nos reunimos dos o tres veces. Escuchaba extasiado mis opiniones. Se le humedecían los ojos y decía gracias, mil gracias.

Justicia de mierda, me dije, como si fuera un descubrimiento. ¿Cómo trata a una entidad sin fines de lucro, generosa, como si fuera la Coca-Cola? ¿Por qué iguala el despido injusto de un trabajador con las mañas de un lumpen que traiciona la buena fe de la gente?

Llegué a Callao y me detuve para esperar el cambio de luz del semáforo, cuando de pronto apareció él. Lo primero fue la voz. Una voz rasposa, irritada.

–¡Dame guita!

Volví la cabeza y estaba ahí, a medio metro de mí. No tenía quince años. Vestía una remerita sin mangas, desteñida, unos vaqueros tajeados y unas zapatillas destartaladas. Metí la mano en el bolsillo y saqué una moneda.

–¡¿Qué me das?! ¡Dame guita en serio!

Avanzó la mano izquierda hacia mí. Algo relucía entre sus dedos. Un cuchillo o una faca. No dijo “esto es un asalto”, pero de eso se trataba. Dudé un instante. Me tomé un tiempo para observarlo. Temblaba y el rostro parecía el de un adulto cargado de rencor. Estaba drogado hasta las pestañas. Comprendí que debía salir de esa situación cuanto antes. Busqué en uno de los bolsillos y extraje unos billetes con la idea de darle diez pesos y terminar de una vez por todas. Actuó con rapidez. Me manoteó los cuatro o cinco billetes que tenía y salió corriendo a mis espaldas.

No me volví para mirarlo. Quedé plantado en esa esquina, como una estatua. Me sentí humillado, violado. Me llevó un tiempo reaccionar. Hasta que decidí irme a casa.

No podía abrir la puerta. La mano me temblaba y me costó embocar la cerradura. Pegué un portazo y lo primero que hice fue ir hacia la heladera. Necesitaba un trago. Estaba cargado de odio. Coloqué dos o tres cubitos en un vaso y decidí abrir la botella de Chivas que tenía guardada para alguna ocasión especial. Bebí sin respirar. Después del segundo vaso sentí que me calmaba.

Puse en marcha la calefacción, ocupé mi sillón del living y encendí el plasma. En la pantalla un alienígena millonario mostraba unos zapatos que le habían costado mil dólares y un reloj de cinco mil. La gente lo celebraba y le pedía autógrafos. Una mujer dijo que lo amaba. Cambié de canal. Aparecían mujeres casi desnudas que se contoneaban y tipos que lanzaban risotadas impúdicas. Y otro canal y más gente que se reía y decía que se sentía feliz. Y otro canal. No podía concentrarme. Hasta que en la pantalla apareció un periodista a quien conocí durante un viaje a Cuba. Era un tipo brillante. Viajaba invitado por una entidad de apoyo a la Revolución Cubana que lo consideraba un aliado. Compartimos varias trasnoches y me gustaba escuchar cómo analizaba, más allá de sus problemas, los logros de la Revolución. Me acordé de aquel viaje y le presté atención. Con expresión adusta advertía que el país marchaba hacia el caos y que la única salida era volver a privatizar las jubilaciones y Aerolíneas. Que de esa manera vendrían los capitales internacionales. Volví a recordar al periodista de aquellos tiempos y me pregunté cómo había cambiado tanto. Hace un tiempo alguien me dijo que estaba cobrando cien mil pesos por mes.

Apagué el televisor y me fui a la cama. Me costó dormirme. No me podía sacar de la cabeza al chorrito. ¡Pendejo hijo de puta! Me robó. Me humilló. Me violó. Recordé la imagen: zaparrastroso, drogado, temblequeante. ¿Por qué temblaba? ¿Por el frío o por el miedo?

¿Qué debí hacer? ¿Enfrentarlo? No me hubiera animado. ¿Gritar al ladrón cuando salió corriendo? Hubiera sido trasladarles a otros lo que yo debería haber hecho. ¿Hacer la denuncia policial? ¿Para qué?

El whisky había hecho lo suyo y me quedé dormido.

¿Qué debiste hacer con el pibe chorro?

Pedirle perdón.

miércoles, 20 de enero de 2010

Releyendo el Critón

Estuve releyendo el Critón, de Platón. Qué bueno, porque, después de varios años desde la primera lectura, me había quedado cierta sensación de insatisfacción (la cual, en realidad, siempre me queda después de leer a Platón). Es que en gran medida acordaba con lo que allí se plantea, pero me parecía que un detalle no se contemplaba.

Para quienes no lo conocen, el Critón es un diálogo propio de la juventud de Platón dedicado, como otros de la misma etapa, a recordar los últimos días de Sócrates. El episodio narrado en este diálogo nos muestra a Sócrates en prisión, a dos días de su muerte, junto a su amigo Critón, que ha ido a visitarlo con una propuesta: la fuga. Critón, hombre adinerado, propone subvencionar todo lo que sea necesario para ello. Sócrates se niega, y sus argumentos son los que componen esta breve obra.

Particularmente interesante, e importante desde un punto de vista literario, es el episodio de la prosopopeya de las Leyes. Sócrates, en su afán argumentativo, y siempre atendiendo a su procedimiento didáctico-dialéctico, imagina que las Leyes mismas, como divinidades, se le aparecen para plantearle lo absurdo y, principalmente, injusto de su proceder, en caso de aceptar la propuesta de Critón. Platón aprovecha para hacer explícita la concepción del contrato de un Estado democrático con sus leyes:

- Dinos, Sócrates, ¿qué piensas hacer?, ¿verdad que con lo que te propones llevar a cabo intentas destruirnos a nosotras, las leyes, y a la ciudad entera en lo que está de tu parte?, ¿o tal vez te parece posible que siga existiendo, que no se venga abajo aquella ciudad en la cual no tienen fuerza alguna las sentencias pronunciadas, sino que pierden su autoridad y son aniquiladas por obra de los particulares?

Además de resaltar lo injusto de una acción tal como la que propone Critón, Sócrates imagina que las Leyes también le expondrían lo absurdo y ridículo de su proceder, siendo él un hombre que dedicó su vida a impartir que Lo Bueno, Lo Bello y Lo Justo son Lo Verdadero, y quienes se aplican a ello son los verdaderos virtuosos. De modo que las acusaciones de las Leyes recaerían sobre él en un grado mayor que sobre el resto de los atenienses. “¿Y dónde se nos quedarán aquellos razonamientos sobre la justicia y la restante virtud?”.

Y dejo de lado otras cuestiones sumamente interesantes que se plantean en el diálogo de un modo más secundario, como el ‘qué dirán’, la opinión mayoritaria del ‘vulgo’, que “es capaz de darnos muerte”, etc.

Volviendo al principio, ¿qué es lo que no me cerraba del texto? Pues estoy esencialmente de acuerdo en todo lo que se plantea respecto de la justicia democrática y las leyes. Ahora bien: tanto quienes escriben la letra de la Ley como quienes acusaron a Sócrates no son divinidades ni entidades producto de la imaginación: son hombres. Y, en cuanto tales, pasibles de error, envidia, calumnia, ansias de poder, etc. ¿Por qué atenerse a unas leyes bastardeadas por personas que meramente se han dedicado a calumniar e inventar razones para condenar a un hombre que les molestaba? Y aun cuando realmente creyesen ciertas las acusaciones, y no lo hicieran con ánimo vil, habrían caído en el grave error de la ignorancia, por desconocer la auténtica orientación de las actividades de Sócrates (al menos según nos cuentan Platón y Jenofonte, principalmente). Así pues, ¿es razonable atenerse a las leyes cuando son proclamadas y ejercidas por personas injustas?

Y aquí está el valor de la relectura: quién sabe por qué artilugio de la memoria, no recordaba en absoluto el siguiente pasaje que, además, es el que cierra la escena de la prosopopeya de las Leyes y, prácticamente, el Critón. Las Leyes, por primera y única vez, hacen una concesión:

- Ahora bien, es cierto que ahora vas a marchar al Hades, si es que vas, víctima de una injusticia –te la han ocasionado los hombres; no nosotras, las leyes–; pero, si escapas de la ciudad devolviendo tan vergonzosamente injusticia por injusticia, mal por mal, quebrantando los convenios y acuerdos que con nosotras concertaste y dañando a quienes menos deberías dañar, es decir, a ti mismo, a tus amigos, a tu patria y a nosotras, en ese caso, nosotras seremos duras contigo, mientras vivas, y allí nuestras hermanas, las leyes de la morada del Hades, no te acogerán con benevolencia, sabedoras de que hiciste lo posible por acabar con nosotras.

Al final, algo, aunque sea pequeño, se decía en el diálogo acerca del ‘factor humano’.

Las leyes pueden ser malinterpretadas u obligadas a significar lo que necesite el legislador de turno, que es un hombre. Pero ellas mismas son, esencialmente, “buenas”. En caso de considerarse “malas”, pues entonces otros hombres se dedicarán a reformularla, ampliarla, cortarla o lo que fuere menester. Mas, mientras se mantengan en su carácter de “inamovibles”, no podemos, no debemos oponernos a ellas, al menos si queremos seguir viviendo en un Estado democrático.

domingo, 17 de enero de 2010

Es el medio ambiente, estúpidos!

En otra ocasión también "publiqué" -¿qué verbo se utiliza para esta acción? ¿copiar? ¿pegar? ¿postear?....¡reproducir!-. Comencemos de nuevo:
En otra ocasión, reproduje el pensamiento de Giardinelli con relación a las inundaciones. Ahora reproduzco su pensamiento con relación a todo el medio ambiente argentino y, por qué no, mundial, universal.
Para que la ecología no se estanque únicamente en las banderas de los recitales de Manu Chao -donde toda la multidumbre fervorosa exclama, y clama, la barbaridad de la ineptitud y desconsideración del gobierno de turno, pero al salir del estadio arrojan las botellas de plástico en la vía pública- o en las frases rimbombantes sin acciones consecuentes del estilo "Cómopuedeser!", "Nadiehacenada!" (y aprendamos a incluirnos en ese "Nadie"), para que el activismo ecológico comience por cada uno de nosotros, y no le exclamemos, ni clamemos ni arrojemos la culpa a nadie...Empecemos por casa...

Es el medio ambiente, estúpidos
Por Mempo Giardinelli

Cuando el fiscal de Río Cuarto Walter Guzmán archivó la investigación por la muerte de Natalia Sonia Gallardo –una cordobesa de 28 años que miraba el paso del Rally Dakar– y decidió ni siquiera imputar al piloto alemán Mirco Schultis, la Argentina toda pareció no darse cuenta de lo que esto significa.

“La conducta del corredor es la propia de una carrera” –determinó Guzmán– y la joven “estaba en un lugar donde no era permitido ubicarse”.

Algo así como “algo habrá hecho” la víctima, descartando olímpicamente que el motociclista se salió del camino y atropelló e hirió a varios espectadores, y que había una enorme organización detrás de él.

La joven Gallardo no es la primera víctima del Dakar en Sudamérica. Ya el año pasado tres personas perdieron la vida: el motociclista francés Pascal Terry, encontrado muerto tres días después de desaparecer, y dos ciudadanos en Chile, en un accidente sugestivamente silenciado.

El mismo silencio cubre la historia negra de esta carrera originalmente llamada Rally París-Dakar, que fue prácticamente expulsada de Europa y de Africa, y a la que Francia exigió incluso que se le quitara el nombre de su capital. Salvo aquí, el mundo entero sabe del desprestigio de un “espectáculo” que no es más que la aventura de unos pocos privilegiados, que ha producido ya más de 50 muertes y que por doquier deja desastrosas consecuencias ambientales.

El Rally se hizo famoso por el desafío que era unir en coche Francia con Senegal. En los primeros años no se pensaba en los daños ecológicos que se producían y tampoco se cuestionaba el trato inhumano hacia los habitantes de los países africanos, entonces poco menos que bestias de carga en los campamentos. El Rally era un “safari” y con el tiempo muchos empresarios fueron descubriendo el filón que significaba el concurso de las más famosas marcas de vehículos, bebidas, tabacos y otros artículos de consumo de ricos, más los derechos de televisión.

Pero tuvieron que irse de Africa cuando los países africanos se convirtieron en “inseguros”. Un poco por hartazgo ante el daño ecológico, otro por circunstancias políticas y algunos atentados, el Rally Dakar, con el nombre reducido y nulo prestigio en Europa, debió buscar otros horizontes. Parece que hubo intentos de hacer la carrera en los Estados Unidos (Cañón del Colorado), Canadá y Australia. Pero fracasaron porque esos países, cuando depredan, lo hacen hacia fuera: en sus territorios son rigurosamente conservacionistas.

Entonces apareció la opción sudamericana, donde hay buena rentabilidad, cero rigor ambiental y funcionarios con reputación de coimeros. Argentina y Chile, dos países con reconocida distracción ambiental y nulo combate a la corrupción, eran ideales. Y encima, el cholulismo del poder y de los medios les facilita conseguir subsidios estatales, de manera que buena parte del enorme costo lo terminan pagando los contribuyentes depredados.

Los daños son tremendos, porque en los paisajes andinos, como en los desérticos, la vida vegetal y animal está siempre en delicado equilibrio, que se rompe ante el rugido de cientos de motos, autos y camiones, a grandes velocidades y consumiendo miles de litros de combustibles.

Al parecer, y según informes circulantes en la web, el itinerario fue modificado este año en su paso por Mendoza, porque algunos dueños de tierras les han hecho juicio. En Córdoba también. En cambio La Rioja, Catamarca y San Juan ya se sabe que son tierra de nadie para el desastre ecológico.

Precisamente a finales de 2009 se conoció –aunque los grandes medios porteños casi no le dieron espacio– que la Universidad Nacional de Córdoba, por abrumadora mayoría y luego de un largo debate, rechazó los fondos “donados” por la Minera La Alumbrera de San Juan. Antes lo habían hecho ya las UN de Río Cuarto y de Luján. El doctor Raúl Montenegro, uno de los impulsores del rechazo, calificó la decisión de “histórica” y “profundamente ética” porque los fondos “proceden de una empresa que consume irracionales cantidades de agua en una provincia semiárida, contamina el ambiente y rompe los tejidos sociales con sus practicas clientelares”.

No son meras palabras: desde 1997 la mina utiliza 95 millones de litros de agua por día que obtiene en Campo del Arenal, una reserva de agua subterránea poco conocida. Consume el 25 por ciento de la energía eléctrica del NOA y el 87 por ciento del consumo total de la provincia de Catamarca. Y desde 1999 se detectan drenajes ácidos que, según Montenegro, “son la peor amenaza de la minería”. Los efectos contaminantes no se reducen a Catamarca; se han comprobado en Tucumán y hasta en el embalse de Río Hondo, Santiago del Estero.

La prensa nacional calló, casi masivamente, la represión del 19 de diciembre pasado en Andalgalá, donde fuerzas de Gendarmería desalojaron la ruta donde los habitantes protestaban contra la minera. ¿Por qué? Porque el pueblo entero de Andalgalá, de 20.000 habitantes, fue vendido recientemente para la explotación minera y va a desaparecer.

La indefensión ambiental argentina es ya escandalosa. Ahí están los canales de Areco y los miles que debe haber en todo el territorio bonaerense aunque lo nieguen los señores Biolcati y Buzzi. Ahí está la amenaza al Ayuí en Corrientes. Ahí la minería depredadora en San Juan y otras provincias. Ahí la inoperancia manifiesta de la Ley de Bosques. Y ahí el insólito, ya insostenible veto presidencial a la Ley de Defensa de los Glaciares.

¿Cómo es posible que el Gobierno no advierta la estupidez de ese veto, tan grave como su inacción frente a las mineras y su permisividad con “espectáculos” como este rally, en el que hasta las Fuerzas Armadas prestan colaboración? ¿Y que en la durísima oposición casi ningún dirigente ni partido, con la sola excepción de Pino Solanas, se ocupe de estos asuntos? ¿Y que la gran mayoría de los argentinos, y sobre todo sus dirigentes, sean tan inconscientes, o corruptos, que no reaccionan ante la destrucción de nuestro hermoso territorio?

Es desesperante que a estas preguntas las responda el silencio. Es gravísimo que seamos uno de los países más estúpida y ambientalmente
suicidas del planeta.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Los hijos de Matildita

Parte III: Los hijos de Matilde


Así las cosas, Esperando la carroza no podría ser ya considerada una película de mero género comedia costumbrista o comedia negra, sino como algo más aproximado a la Comedia Antigua o Media, donde la crítica social, directa o indirecta, era el motor de la obra. Sucede que por muchos años, uno no podía terminar de verla si no era con una sonrisa y/o, a lo sumo, con lágrimas de simpatía ante el tierno final. Porque todos esos diálogos en los que Matildita se veía envuelta no podían ser más que ‘cachada’. Pero ahora Matildita es Matilde, existe, es de carne y hueso, y sus palabras ya no forman parte de una historia ficcional, sino de una obra cada vez más actual. Y, por sobre todo, sus palabras ya no son cachada.


Y ahora Matilde también tiene hijos, de la misma edad que ella tenía cuando mamó las enseñanzas clave de su vida. Ahora es ella la que será un modelo a seguir. Y aún más: ahora ellos están expuestos a mucho más de lo que podía verse en la tele cuando ella era chica, que eran puros novelones y ‘Si lo sabe, cante’.


Pero quién sabe. Tal vez, ya que Matilde no ha elegido cambiar el rumbo que le marcaron sus padres, tíos y abuela, aún podamos decir de los hijos de Matilde que no son bisnietos de Mamá Cora, ni sobrinos nietos del tío Jorge ni nietos de la Elvira: tal vez estemos a tiempo de decir que son sobrinos nietos de ésa a la que nunca consideraron de la familia, de Susana. Ésa, la que abrió toda la historia con su nerviosismo e intolerancia, y la cerró con su nobleza y templanza. Ésa, el único personaje de la obra que nos la hace pensar como una buena noticia. Ésa que, finalmente, con una risa incontenible, clavó sus ojos llenos de lágrimas de angustia en la cámara, en Matildita, en los hijos de Matilde, en nosotros (un ‘nosotros’ absolutamente inclusivo), y dijo: “de vos, de todos nosotros me río”.