sábado, 5 de febrero de 2011

Teoría y práctica del método

Leyenda negra
Por Luis Bruschtein

Para Elisa Carrió las exequias del ex presidente Néstor Kirchner fueron organizadas por Fuerza Bruta. “Usted se confunde con el Bicentenario”, aclaró, en su almuerzo del miércoles, Mirtha Legrand. “Esa también”, le soltó la candidata de la Coalición Cívica. El tamaño de los mitos urbanos que construyen sus adversarios describe también por regla inversa el tamaño de lo que se quiere denigrar. Todos los cuentos que se inventaron de Perón y Evita se correspondían de alguna manera con la obra que generaron. Los aspectos negativos de cualquier gobierno se critican con argumentos. Los que son más difíciles de desvirtuar son los hechos positivos, que son la causa de cuentos que sólo pueden ser creídos desde el odio. De los Kirchner se ha dicho que Néstor la emprendía a puñetazos con Cristina y que después de la derrota del 28 de junio descargó tanta furia a piñas sobre su esposa que debieron internarla. Se ha dicho que Cristina es bipolar. Se ha dicho que el cuerpo de Néstor Kirchner no estaba en el cajón delante del cual desfilaron decenas de miles de personas.

En realidad, fue Mirtha Legrand la que difundió la historia del cajón vacío, aunque después le dijo a Carrió que no creía que Fuerza Bruta hubiera organizado las demostraciones populares de pesar. Pero de alguna manera los dos cuentos están ligados porque se refieren a una especie de gran engaño organizado por una mujer que acababa de perder de manera inesperada a su pareja de toda la vida, y además ese engaño tan maquiavélico estuvo relacionado con los restos del ser querido que acababa de fallecer.

Es estúpido explicar algo tan absurdo, pero el cuento de Carrió dice que en el poco tiempo que pasó entre el fallecimiento de Néstor Kirchner y sus exequias en Buenos Aires, su viuda contrató a Fuerza Bruta y Fuerza Bruta contrató a decenas de miles de extras para que lloraran en la Plaza de Mayo, para que escribieran mensajes en papelitos, para que aguantaran horas y horas hasta llegar al cajón donde estaban los restos del ex presidente, para que esos miles y miles gritaran consignas, recitaran poesías o cantaran al pasar delante del féretro. ¿Y el cuerpo?, ¿dónde podía estar si no estaba en el cajón? A lo mejor está vivo y toda la historia de su muerte sorpresiva fue para que Cristina creciera en las encuestas.

Tanto las leyendas denigrantes como las elogiosas tienen cierta ingenuidad infantil y sus orígenes son difíciles de ubicar, como la de las orgías de Perón con las púberes de la UES o la de las noches de sexo ardiente entre el General y el campeón de boxeo de los medio pesados, el norteamericano Archie Moore, que había pasado por Argentina. Pero en este caso el origen es una candidata a presidente que pone la cara por televisión para iniciar el cuento haciendo polvo cualquier vestigio de su credibilidad. Es un cuento infantil, de una ingenuidad cruel, pero es un cuento increíble y la candidata puso cara de esfinge y dijo: “Alguna vez se va a saber lo que pasó en el velatorio de Kirchner”, con lo que dejó en ascuas a su anfitriona que, ni corta ni perezosa, le exigió que contara lo que sabía.

Nobleza obliga, hay que reconocer que Mirtha Legrand repreguntó, porque la mayoría de los periodistas se hubieran quedado con la cara de misterio de Carrió cuando lanzó su primera frase. Y después, con su veteranía inimputable, le dijo que no le creía. El relato no se puede creer ni haciendo mucha fuerza. Carrió da una versión corrupta de la historia porque le conviene políticamente. La conveniencia personal o grupal es la justificación de todas las formas de corrupción.

En la sociedad se acuñan leyendas sobre vidas, amores y muertes de los presidentes que han dejado una marca en la historia. La mayoría de las veces tienen algún elemento de verdad o tratan de afirmarse en hechos reales, incluso los menos creíbles, como aquellos que inventó la llamada Revolución Libertadora para desacreditar al peronismo.

En el que las inventa o las cree hay un mecanismo tan ingenuo como en sus historias. Igual que un niño impedido de crecer que mira a un adulto como el que nunca podrá ser. Además del odio que las motiva, expresan también cierta fascinación resignada por los protagonistas que los enojan. Hay un complejo de inferioridad en los cimientos de esa mirada frente a la épica que sustentan los cuentos. Porque hay una épica real sobre la que se monta la fantasía. Es la fascinación que siente por Evita el coronel de los servicios de inteligencia que oculta el cuerpo embalsamado, como lo relata Rodolfo Walsh en “Esa mujer”. Ese coronel existió, igual que el ocultamiento del cadáver, en el mismo servicio de inteligencia que estaba generando los mitos contra un peronismo derrocado pero fuertemente enraizado en las culturas populares.

Ingenuamente, el objetivo de esos cuentos era arrancar esa raíz. El mito denigrante como antídoto del mito favorable. Lo más irónico de la situación era que el jefe de la institución que generaba esos cuentos estaba totalmente subyugado por los mitos de esas raíces, sobre todo por el más potente, que era Evita, como lo relata también Tomás Eloy Martínez en Santa Evita. Mito contra mito, igual que ahora los partidarios del Gobierno se definen irónicamente como “la mierda oficialista”, en aquella época, los peronistas respondían: “Puto o ladrón, lo queremos a Perón”. No creían en las orgías de la UES ni en la encamada con Archie Moore. En el peor de los casos, esos cuentos contribuían a exaltar un nivel de sexualidad, por la que, en realidad, Perón nunca mostró mucho entusiasmo.

Esa leyenda negra tejida sobre las exequias de Kirchner ofrece el primer síntoma de que hay un hecho que desencaja, que produce rupturas y nacimientos, que necesita del mito para ser explicado. Y si para los protagonistas, los que asistieron a la Plaza y a la Casa Rosada, todo fue sorpresivo y desbordante, la leyenda negra deja vislumbrar un sentimiento de sorpresa atrapado en la propia mezquindad de quien ha tejido esa fantasía. Ante sus ojos todo aparece hiperdimensionado de gestos y emociones, con una épica que la deslumbra aunque la rechace. La impresión es tan fuerte que no se asimila y necesita su propia mentira para explicar ese rechazo. Entonces todo lo que ve se tiene que entender como una gran escena teatral, con el poeta Carlino pagado para leer sus poesías o Bauer para cantar el Ave María o el presidente de la SRA de una localidad cordobesa para darle fuerza a Cristina o los mozos de la Casa Rosada para llorar, o los miles de chicos que levantan el puño o hacen la “V”. Todo fue orquestado y guionado por Fuerza Bruta. Es un gran escenario montado alrededor de un cajón que ni siquiera tiene el cuerpo. Sin tristeza, sin lágrimas, sin espontaneidad, sin muerto.

Resulta extraña esa idea del cajón sin el muerto. Siempre hay una apropiación de los cuerpos, como con Evita o los desaparecidos. Hay una disputa por los restos de los que lucharon. Porque los que luchan no pasan inadvertidos, son odiados y son amados y trascienden en esos sentimientos, pero sus restos no tienen resplandores ni secretos. Quizá sus restos simbolicen esos sentimientos que los trascienden.

La leyenda negra circulará en las sobremesas de los countries, en las reuniones de las cámaras empresarias, se seguirá alimentando y de vez en cuando, algún periodista “independiente” dirá otra vez que la gente dice que el cuerpo de Néstor no estaba en el cajón. Otro dirá “Fuerza Bruta” por lo bajo. La leyenda crecerá en detalles y en veneno y con el tiempo hasta se podrá convertir en argumento político. Habrá sociólogos de la izquierda y la derecha académica que estudiarán las barbaridades que hacen los populismos.

Muchos de estos sociólogos se hicieron famosos investigando los mitos populares, es decir, “la estupidez” de los pueblos que generan mitos como los de Gardel, Maradona, Evita o el Che y los cuentos que los rodean. Los pueblos han generado esos mitos o leyendas blancas que enaltecen a esas figuras. Sería bueno que ahora estudiaran el fenómeno inverso. Porque en este caso no ha sido el pueblo el que inventó las historias, sino la “gente de bien”, o “las capas medias y altas blancas y urbanas”, como diría el sociólogo brasileño Emir Sader, o directamente la tilinguería, como le gustaba decir a don Arturo Jauretche. Sería interesante también subrayar que, a diferencia de los mitos populares –que la mayoría de las veces son enaltecedores–, en estos casos se trata de relatos denigrantes. Sobre todo, habría que reconocer que todavía no existe una leyenda para Néstor Kirchner, que sigue siendo un ser humano. Extrañamente, esta vez el antimito ha surgido antes que el mito.

domingo, 30 de enero de 2011

The sound of information...

And in the naked light I saw,
ten thousand people, maybe more
People talking without speaking,
people hearing without listening
People writing songs
that voices never shared,
And no one dared
To stir the sound of silence

Mirar no es ver
Por Douglas Rushkoff

A la mayoría de la gente le gusta pensar que las tecnologías y los medios de comunicación son neutrales y que sólo su uso o contenido determinan su impacto. Las armas no matan a la gente. Después de todo, la gente es la que mata a gente. Pero las armas nos predisponen más a matar que, por ejemplo, las almohadas, aunque muchos las han utilizado para ahogar a un cónyuge.

Nuestra incapacidad generalizada para reconocer el sesgo de las tecnologías que utilizamos nos hace incapaces de desarrollar cualquier tipo de control sobre ellas. Aceptamos nuestros iPads, nuestras cuentas de Facebook y los automóviles por lo que nos ofrecen y no por la mirada sobre el mundo que nos imponen.

Marshall McLuhan nos exhortó a reconocer que nuestros medios de comunicación tienen un impacto en nosotros más allá de cualquier contenido transmitido a través de ellos. Su mensaje es lo suficientemente cierto como para generalizarse a toda la tecnología.

Facebook, por ejemplo, nos está configurado para que nos pensemos a nosotros mismos (y a los demás) en términos del “me gusta”, opción que tanto clickeamos cuando aprobamos lo posteado por nuestros amigos. Un iPad, en tanto, nos empuja más a pagar por aplicaciones y a dejar de producir contenidos por nosotros mismos.

Si el concepto de que las tecnologías tienen sesgos (y nos imponen una determinada visión) se convirtiera en conocimiento común, podríamos entonces empezar realmente a usarlas consciente y deliberadamente. En cambio, si esta noción no se generaliza, nuestras tecnologías y sus efectos continuarán amenazándonos y confundiéndonos.

Douglas Rushkoff es teórico mediático de la Universidad de Princeton, Estados Unidos, y uno de los miembros más conocidos del movimiento cyberpunk.

jueves, 27 de enero de 2011

Coincidencias?

El país visto desde Recoleta, o desde la óptica de Macri:



Macri: "Tenemos un ciclón que nos empuja y andamos con el freno de mano puesto"
El jefe de gobierno porteño manifestó que su ideal de país "sería el empuje y optimismo brasileño con la seriedad e institucionalidad chilena
"; críticas al Gobierno.

Lo pueden leer ustedes mismos en http://www.lanacion.com.ar/1344985-macri-tenemos-un-ciclon-que-nos-empuja-y-andamos-con-el-freno-de-mano-puesto

domingo, 9 de enero de 2011

Correa dixit

Entrevista a Rafael Correa por Ignacio Ramonet. Fuente: Miradas al Sur.
(Entrevista completa).

• “Queremos que los banqueros dejen de controlar los medios”
–Su gobierno está proponiendo una ley sobre la propiedad de los medios de comunicación que aparece como una de las más avanzadas del mundo. ¿Qué resistencias está suscitando la adopción de esa ley?
–Bueno, no sé si usted se refiere a lo que dice la Constitución, que prohibió que grupos financieros posean medios de comunicación y justo el plazo se acababa en el mes de octubre de 2010. Yo, en agosto, anticipé: “¡Estén atentos! Se puede esperar cualquier cosa”. Porque quitarle al sector financiero los medios de comunicación es un cambio real en las relaciones de poder. Antes, en este país, ¿qué podía hacer usted contra la banca? Si la banca, de los siete canales nacionales de televisión, poseía cinco… Y los otros dos, los controlaba mediante la publicidad. O sea que si usted quería legislar sobre tasas de interés, tenía una campaña permanente de “atentado a la propiedad privada”, a “la iniciativa privada”, a “la libre empresa”; y los dos canales que no eran de la banca tenían que quedarse calladitos porque, si no, perdían publicidad. Era un poder enorme. Entonces ésta es una medida que cambia realmente las relaciones de poder en nuestro país. Ya lo anticipé: “¡Estén muy atentos! Porque esta gente va a internar cualquier cosa para evitar llegar a octubre y que tengan que entregar los medios de comunicación”. No me equivoqué. Probablemente [el intento de golpe de] el 30 de septiembre fue una cosa fundamentada en esto, con financiamiento de parte de banqueros corruptos, de representantes del sector financiero que no querían perder sus medios de comunicación.
Pero les falló el golpe, y en octubre tuvieron que entregar los medios de comunicación. Estamos revisando algunas transacciones aparentemente ficticias que se han hecho, cambio de propiedad pero formal, los mismos banqueros quieren seguir manejando esos medios. Entonces es un golpe durísimo a favor del cambio de las relaciones de poder en función de las grandes mayorías. Y, por otra parte, en efecto, se está discutiendo una ley en la Asamblea Nacional, una ley muy avanzada para que la ciudadanía controle los excesos de cierta prensa. Pero no se imagina el ataque que ha recibido esa ley, la campaña tal vez más grande de este país, páginas enteras en los periódicos, todo coordinado, todos los periódicos con páginas enteras diciendo “más respeto”, “nuestra libertad está en juego”.
–¿Cómo explica usted que América latina sea hoy la región del mundo dónde más experiencias progresistas se están llevando a cabo?
–Coincidencias muy felices, ¿no? Y abusos en la falta de límites de la burguesía. Nos explotaron demasiado. O sea con el neoliberalismo, y después con el señor [George W.] Bush. Por ejemplo, los bancos centrales autónomos. ¿Qué eran los bancos centrales autónomos? Independientemente de quién llegase al poder, seguían haciendo la misma política monetaria. Eran autónomos de nuestra democracia, de nuestros pueblos, pero bien dependiente de la burocracia internacional. Entonces [ese sistema] estaba hecho para que nada cambie. Además del fracaso económico, social, democrático de estas décadas de la larga noche neoliberal.
América latina perdió hasta la dignidad, la autoestima, a nadie le sorprendía que viniese un burócrata del FMI a decirnos qué hacer, a revisarnos las cuentas. Ahora, baja un burócrata del avión y por el mismo avión se va de regreso. Yo nunca olvidaré –y esto me clarificó mucho las cosas, como lo acabo de decir en la Cumbre Iberoamericana–, cuando fui a acompañar a Cristina [Fernández] frente al féretro de Néstor Kirchner, pasaban decenas de miles de argentinos, sobre todo jóvenes, y nadie decía: “Gracias Néstor por haber aumentado las reservas monetarias”, o “Gracias Néstor por haber reducido el riesgo país”, decían: “Gracias Néstor por habernos devuelto la dignidad”. O sea América latina prefiere el riesgo de ser libre a la nefasta solvencia de los serviles.

martes, 4 de enero de 2011

Feliz año, lechones!

Feliz año, lechones
Por Eduardo Blaustein

A ver si poniéndole onda nos ingeniamos para hacer una contratapa findeañera que adolezca de amargores. Ooommmmm. Una contratapa que (¿otra vez?) hable malito de los medios. Pero de un modo, digamos, livianegui, tranquinal, festilindo. O desde otro lugar; y a la sombra.Va dedicada esta contratapa entonces, deseándole felicidad al universo todo, a la Argentina media mediática rezongona. Que naides alce el facón diciendo que hablar de una Argentina rezongona – quejica es buena expresión, pero no telúrica– implica desconocer a los millones que la pasan fulería. No es sobre ellos la cosa. Es, entre otros, sobre los que están medianamente o muy gorditos y no les va tan mal. Al-fon-sín.Hablemos pues, con el mismo gesto contrito, amargo, acalorado y gritón que buscan afanosamente los movileros para representar un país de gesto contrito, amargo, acalorado y gritón. Hay una sinergia allí que es a la vez maravilla y espanto: nos retratan irritados y nos irritan, nos capturan puteando y nos convertimos en legión de puteadotes. Nos angustian, nos degradan, nos intoxican, nos llenan la cabeza, nos perturban, nos cagan hasta las fiestas.Y no es necesariamente que lo hacen con severos escándalos políticos. Lo hacen minuciosamente todos los días erosionando con chiquitaje forzado: “falta nafta/ largas colas” (largas colas las que se van de vacaciones por las rutas), “decenas de barrios sin luz” (récord de consumo), “la autopista Buenos Aires-La Plata está imposible”. Pronúnciese “imposible” como sobreesdrújula, con acento en la primera i y un gesto de antiguo maricón de variedades: ím-po-si-ble. “La ciudad, un horno”. Ir al kiosco de la esquina, “una odisea”.Detengámonos en los pánicos del verano con sus alertas de incendiados colores. Primera cuestión: ¿hace falta que la tele salga a la calle para que la gente que está en la calle sepa cómo está en la calle respecto del calor? ¿La gente está en la calle con calor pero necesita que le certifiquen que tiene calor? ¿Necesita saber la gente que tiene sed que la sed se sacia con agua, que a fines de diciembre en el microcentro la ropa liviana es más conveniente que el sobretodo y que la sombra es preferible a Ra?Es cierto que en mi infancia no existía internet. Pero que yo recuerde de entonces –años ’60– ya se había inventado el verano. Y los 33, 34, 38 grados. En mi infancia (y fue una infancia de clase media) combatíamos patéticamente la cosa con un ventiladorcito de mierda con carcasa de hierro y paletas de bronce que yo paraba con un dedo. Nunca hubo ni aire acondicionado ni ventilador de techo. La primera revolución tecnológica a la hora de combatir los 36 grados fue un turbo industria nacional cuya marca no recuerdo, pero andaba entre Fundaleu y Laponia. ¿Y qué hacíamos con la calor por las noches? Ventanas abiertas y tres veces a la madrugada mojarnos el bocho y la almohada.Y saltaban los tapones, y echábamos Flit, y sin embargo los bichos se arremolinaban en nubes en torno de la lámpara sobre la mese en la que cenábamos, y una noche en mi barrio hubo una eclosión de algo así como cigarras que amanecieron muertas de a miles, resecas sobre la calle y las veredas, y los alguaciles anunciaban lluvia, y poníamos la botella en el congelador diminuto de la heladera Siam, la legendaria de la manija rematada en pelota de ping-pong.Pero sobre todo, fiera, no éramos tan rezongones o quejicas, tan de bufar indignaditos como viejo maricón de varieté, tan formateados por los medios para serlo. A cierta edad uno alucina por ciertas transformaciones sucedidas en pocos años: de la bella heladerita de roble a hielo seco que usaban nuestros viejos a la gigantesca con freezer, del brasero al microondas, de las cartas que llegaban tres meses después o nunca en el exilio a internet y los celulares. Conviven sin embargo en Argentina los usos masivos de todo aparataje con un difuso imaginario de crisis permanente y de queja, rezongo, putear al otro y mariconada.La hipótesis es ésa, entonces: que si nos hicimos más chotos, más mañeros, más putos del orto de revista con Moria Casán, en alguna medida fue por la presencia avejentante de los medios que tantos nos emputecen y fatigan. Siempre tratando de dar con el sorete virtual al que echarle la culpa, fieles a la noble tradición del que no llora no mama. Hay una Argentina ventajera, chiquita, egoísta, producto de ese clima irritadito de 36 grados a la sombra. Aquí va en primicia absoluta, escandalosa exclusiva, un dato por el que nos afiebramos de rabia hace unos días en Miradas al Sur. Trabajábamos a todo trapo el miércoles 22 pasado para cerrar la edición posterior a la Navidad. Hambre tuvimos. Pedimos sámbuches del bar que suele aprovisionarnos. No vamos a buchonear aquí cuál es el bar. Pero sí digamos que está en una esquina de Palermo Viejo, al límite con Queens. Pinta de bar de barrio, de parada para tacheros y laburantes. De ese bar impío y falsario el que suscribe pidió un sámbuche de salame y tomate. Digan ustedes: ¿cuánto lo cobraron? ¡¡¡¡16 pesos!!!! ¡¡¡¡Un cacho de pan, una feta de salame, otra de tomate!!!! ¡¡¡¡El tomate en estos días anda en menos de cuatro pesos el kilo!!! ¿Cuánto puede costarle al dueño del bar ese sámbuche? ¿Un peso y medio? ¿Dos pesos? ¿Tres pesos? 16 pesos contra tres, hagan ustedes el cálculo del margen de ganancia y metaforicen libremente con las empresas del rubro que se les cante.–Pensá en los gastos de alquiler del local, la luz, el personal –dijo una compañera, pretendiendo ser irónica.Con todo respeto por el pequeño comerciante de las pampas, en estos días de lechón, vitel thoné y alto consumo hay que decirlo: hay una Argentina profundamente jodida, una Argentina gastronómica, rotisera, parripollera, franquiciera de empanadas, que es de lo más… (espacio para publicidad) … que tenemos. Es parte de esa misma Argentina ventajera que se prolonga y rebrota entusiasta en decenas de localidades turísticas. Denuncia nuestro compañero de redacción Miguel Russo que en cierto restaurante tradicional de Gesell de un día para el otro le duplicaron el precio de su morfi preferido (chipirones a la plancha) porque “comenzó la temporada turistica”. Es una Argentina del presente histérico perpetuo (casualmente el tiempo que conjugan los medios), de la apuesta corta al lucro rapidito. Así crecieron de horribles, apuntando exclusivamente a la guita de cada temporada, nunca cuidando el futuro, tantos lugares que fueron bonitos, de Gesell a Bariloche. Crecen, y por favor sepan disculpar el gorilismo, de un modo profundamente grasa, feo y ruidoso.Así que quéjense, manga de turros. Y no vengan a decir que uno está en contra del progreso porque confort no es progreso y si ustedes se hicieron adictos al celular o al split es porque no recuerdan lo grata que era la vida cuando cazábamos en horda. Así que sigan quejándose. Porque hace calor, porque ponen el acondicionador al mango de a millones y se corta la luz. Corten la calle por eso y después puteen a los que la cortan por otras razones. Mátense nomás a bocinazos. Pidan la horca para todos los árbitros de todas las divisionales y para los DTs el garrote vil. Échenle la culpa de la ausencia de lluvias a los funcionarios del mundo entero. Cambien nomás el auto y vayan a la cola de la Shell. Cómprense siete plasmas y diecisiete camaritas digitales y vuelvan a tocar furibunda la bocina ante la cabina del peaje, de camino a la costa, manga de gorditos, amargos calvos y lechones.Felices fiestas para todos, ya me hicieron calentar (mil perdones a los que en estas horas padecen algún corte de luz).

viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz 2011 para todos!!!

La aventura del hombre
Por Juan Forn


Dice Marshall Berman que, después de la aparición de su gran ensayo Todo lo sólido se desvanece en el aire, que fue la obra de su vida y publicó a principios de los años ‘80, se fue sintiendo cada vez más arrinconado por la obligación de publicar: “Crecí con la convicción de que un libro debe surgir de las profundidades del alma de su autor y lograr convertirse en un todo orgánico. Conseguí escribir un libro así. Como no pude hacer otro libro semejante, no publiqué más. No dejé de escribir, pero nada me parecía lo suficientemente bueno como para merecer el título de libro”. De hecho, el volumen titulado Aventuras marxistas, que reúne piezas sueltas que Berman fue publicando a lo largo de su vasta trayectoria intelectual, sólo apareció después de años y años de insistencia de su fiel editor inglés. Y, para su propia sorpresa, Berman descubrió que esas piezas conformaban mensajes escritos en una botella que se había enviado a sí mismo sin saberlo, a lo largo de los años.

Nacido en el Bronx, hijo de un judío trapero devorado por la pujanza del capitalismo norteamericano, el joven Berman se internó en el marxismo para dar sentido a la muerte de su padre: “Sólo analizando su vida pude entender la mía, imaginar quién quería ser en el mundo. Con el tiempo descubrí que estudiar vidas humanas es una de las grandes cosas para las que sirve el marxismo”. La obra de Marx es, para Berman, un formidable I Ching que todo lo contiene, si uno sabe qué preguntarle (y, por supuesto, con el tiempo siempre descubrimos que el I Ching no contesta la pregunta que le hacemos sino aquella que no sabemos cómo formular). Hay quienes usan así la obra de Shakespeare, o la de Kafka. Berman eligió la de Marx, sencillamente porque “es uno de los escritores más comunicativos de la historia, alguien que presentó las ideas más complejas de la manera más intensa y dramática, y nunca escribió en lenguaje excluyente (como suelen hacer quienes escriben sobre él) sino como un hombre que habla a los hombres”.

Berman entró en Columbia gracias a una beca pública y después fue a Oxford gracias a otra beca pública, pero desarrolló toda su carrera no en esos ilustres claustros sino en el City College, “entre estudiantes que, como yo, provenían de la clase trabajadora y de las calles de Nueva York”. A lo largo de todos estos años, en sus clases y en sus textos, Berman puso a dialogar a su época con Marx y logró generar en sus alumnos y en sus lectores lo que Marx generó en él: contagiar su visión del mundo haciéndonos ver en esas palabras nuestra visión del mundo. Se ha dicho muchas veces que leer y escribir son dos facetas de una misma actividad. Berman ha escrito y dado clase así siempre: en un diálogo simultáneo con el hombre que le enseñó a leer y con aquellos a quienes se quiere dirigir con lo que escribe, “como un hombre que habla a los hombres”.

Para Berman, Marx dejó la obra más elocuente de los tiempos modernos porque sigue explicando la realidad, nuestra realidad, como pocos, o como nadie. Esa elocuencia se debe a la amplitud del objetivo de Marx (la extraordinaria esperanza que implica un mundo donde el máximo objetivo del ser humano no sea explotar a los demás, a la naturaleza y hasta a uno mismo sino superar esa explotación) pero especialmente a la intensidad con que escenificó nuestra condición (entendiendo por nuestra condición el mundo capitalista: ese mundo que le tocó vivir a Marx y también a Berman, y a todos nosotros). Aunque El Capital esté firmado con su nombre, Marx lo presentó como una empresa colectiva y, en colaboración, que surgió del trabajo de cientos y miles de personas: una asombrosa multiplicidad de voces, ilustres y anónimas, de mineros y tenderos, políticos y filósofos, que aparecen unas pocas líneas o en prolongadísimos debates con él. Hasta el más acérrimo de sus adversarios reconoce hoy que nadie entendió más a fondo el capitalismo. Incluso el hecho de que El Capital haya quedado inconcluso es una buena prueba de ello: “¿Cómo podía concluirse si el capitalismo sigue vivo?”, dice Berman.

Esto no es una boutade, sino una convicción: “La visión del mundo en su conjunto es lo más vivo y estimulante que puede transmitir un escritor a través de su obra”, dice Berman. Esa visión, que suele ser menos tangible que su política, su economía, su religión, su ideología, es, sin embargo, más profunda, porque es lo que hace que la obra de un escritor mantenga elocuencia después de que su causa política, económica, religiosa o ideológica haya ganado, perdido o se haya apagado. Y ése es el Marx que Berman nos pone delante. “El inmenso poder del mercado en las vidas íntimas de los hombres modernos nos lleva a mirar la lista de precios en busca de respuesta a preguntas que no son realmente económicas sino metafísicas: preguntas acerca de qué vale la pena, qué es honorable, incluso qué es real. Aquello para lo cual hoy buscamos desesperadamente definiciones ya fue definido hace más de un siglo por ese hombre que debió convertirse en el mayor experto en el capitalismo para que alguna vez logremos darle un desenlace.”

Nos demos cuenta o no, nuestro capital espiritual sigue teniendo en su centro lo que nos dejaron los titanes atormentados del siglo diecinueve: Beethoven, Dostoievski, Van Gogh, Nietzsche, Baudelaire, Goya y siguen las firmas. Y el motor del capitalismo sigue consistiendo en aliviar a sus creyentes de la responsabilidad de sus acciones. Todos aquellos que hoy pueblan las infinitas oficinas y negocios y fábricas y depósitos de las grandes ciudades del mundo, identificándose alegremente con los dueños del capital hasta que la empresa o el mercado decreta la obsolescencia de sus habilidades (e ignorando alegremente mientras tanto que dan o reciben órdenes de personas que son de su propia clase por la sencilla razón de que comparten su misma vulnerabilidad), tarde o temprano, con la cabeza en la almohada o frente al espejo al despertarse, sienten el mismo rumor ensordecedor que resonaba en la cabeza de Dostoievski y de Marx, de Van Gogh y de Kafka, de Baudelaire y de Nietzsche. El extraordinario mensaje en la botella que nos hace llegar Berman con sus Aventuras marxistas es que no vivimos el fin de la Historia: en todo caso, somos el último capítulo hasta que logremos crear el siguiente. Una hermosa noticia para acompañarnos en el paso del último día del año al primer día del año que viene.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Ξενόφοβος

Macri, xenofobia después de Menem
Por Alejandro Grimson *

Las declaraciones de Mauricio Marci y de su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, acerca de la situación del Parque Indoamericano y la culpabilización a los inmigrantes de países limítrofes nos retrotrae a debates de los años noventa o a las políticas de la dictadura militar que parecían superadas. Desde Menem y antes Videla, ningún funcionario de tan alto rango hizo una declaración tan cargada de xenofobia. La dictadura impuso una nueva ley de migraciones, que acompañó con políticas xenófobas que perseguían a la población de Bolivia, Paraguay y otros países latinoamericanos. Desde 1983, con el nuevo período democrático, no hubo declaraciones ni acciones políticas gubernamentales que atacaran a los inmigrantes, excepto durante el gobierno de Carlos Menem. El propio Menem, el gobernador Duhalde, el canciller Di Tella, el jefe de Migraciones, el jefe de policía, en diferentes circunstancias, realizaron declaraciones xenófobas que los investigadores argentinos coleccionamos y analizamos durante quince años.

Esas declaraciones afirmaban que los problemas sociales y de inseguridad eran producto de una “nueva ola migratoria” desde Bolivia, Perú y Paraguay. Analizando los censos desde 1869 hasta el de octubre de 2001 inclusive, demostramos que esa “nueva” inmigración nunca existió. El porcentaje de migrantes limítrofes en el país se mantuvo todo este período en alrededor del tres por ciento. Lo que hubo fue una utilización de los migrantes como chivo expiatorio de las consecuencias dramáticas de las políticas neoliberales. Puesto que, según rezaba la dirigencia neoliberal, ingresábamos al primer mundo, la Argentina tenía que tener sus turcos como Alemania, sus mexicanos como Estados Unidos.

Demostramos, además, que los argentinos tienden a ver muchos más bolivianos de los que hay en la realidad. Primero, porque cuando estaban en zonas fronterizas, los porteños y los medios porteños no los veían “en la Argentina”. Pero además porque consideran como extranjeros a los hijos argentinos de los bolivianos, también a los jujeños y, finalmente, a todos los que tengan alguna ascendencia indígena. Esto se debe a que la exclusión social, la desciudadanización neoliberal tendieron a extranjerizar a los pobres en general. Produciendo una gran paradoja: los descendientes de los pueblos que vivían en América antes de la llegada de los colonizadores son considerados por los más poderosos descendientes de los europeos como inmigrantes.

Frente a la crisis en que iba ingresando el país en 2000 y 2001, el discurso xenófobo iba perdiendo credibilidad. ¿Quién podía creerse que en vez de la convertibilidad y el remate del país los problemas venían de los bolivianos? Ni De la Rúa ni Duhalde en su presidencia realizaron declaraciones xenófobas.

En 2003-2004 el Congreso Nacional votó una nueva ley de migraciones que reemplazó a la Ley Videla. Es una ley democrática, que garantiza todos los derechos fundamentales a todos los habitantes del país y no sólo a todos los argentinos. Miles y miles de niños con problemas de documentación ingresaron al sistema de educación pública por esa razón, del mismo modo en que todos deben ser atendidos en los hospitales públicos sin importar su nacionalidad. Desde universidades de Estados Unidos vienen a estudiar hoy cómo pudo la Argentina tener una ley tan avanzada y democrática, que sería inviable políticamente en Estados Unidos.

Desde 2003 ningún presidente, pero tampoco ningún funcionario de alto rango, ni del oficialismo ni de la oposición, realizó una declaración como la de Macri, diciendo que hay “descontrol del avance de la inmigración ilegal”. Además, Macri afirmó que hay una “política descontrolada”, seguramente en alusión al plan de legalización más abarcativo que se recuerde, llamado “Patria Grande”. Por su parte, Rodríguez Larreta dijo que en la Argentina hay “una ley muy permisiva respecto de la migración: viene la gente y al poco tiempo de estar en la Argentina pide una vivienda, usurpa, después viene el juez que obliga al Estado a dar una vivienda”. Agregó que “es una lógica perversa”, “que lo único que hace es promover que venga más gente de los países limítrofes para usurpar terrenos y pedir viviendas. Tenemos que cortar eso”, agregó.

Lo que tenemos que cortar, de raíz, es la xenofobia de Macri y de Rodríguez Larreta. No hubo nada parecido en casi tres décadas democráticas, salvo Menem. Pretenden colocar a los inmigrantes causando un problema que sólo han provocado sus propias políticas o, mejor dicho, la inexistencia de las políticas de vivienda en la Ciudad. Y no sólo de vivienda. De paso, actúan igual que la derecha conservadora en todos los países del primer mundo. Están a tono.

Cuidado: van contra los que vienen desde países latinoamericanos como si no hubiera habido italianos y españoles, más de un Rodríguez, en las huelgas de inquilinos de principios del siglo XX en Buenos Aires. Pero también van contra nuestras leyes y contra nuestra Constitución. Mientras hablan de “hacer cumplir la ley” dicen que nuestra ley es errónea, demasiado democrática. La refundación de la xenofobia sólo puede hacerse sobre la falsificación de los datos sobre inmigración.

* Antropólogo. Conicet/Idaes-Unsam.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Cables cruzados...

Whiskyleaks
Por Luis Bruschtein

De los más de 250 mil cables que liberó Wikileaks, 2233 corresponden a la Argentina, o sea menos del uno por ciento. Sin embargo, El País (el único medio de habla hispana de los cinco que tuvieron acceso inicial a los cables) le ha otorgado un centimetraje de nota principal en tres de los cuatro primeros días del wikileaksgate. Una de dos: Argentina es uno de los países más importantes para los Estados Unidos o es uno de los más importantes para El País. Lo primero suena un tanto pretencioso. Argentina no es tan importante en el mundo, aunque así les pueda parecer a los argentinos. Entonces se trata de una decisión editorial del diario español, asociado en la Argentina con el diario La Nación, y dueño o socio en la propiedad de otros medios de comunicación, entre ellos Radio Continental.

El primer día, El País le dedicó un lugar en la tapa: “Preocupación en Estados Unidos por la salud mental” de Cristina Kirchner. Un destaque así es poco menos que decir que la presidenta argentina está tan mal de la cabeza que le chifla el moño. Ese mismo día publicaba en la portada junto a la foto de Cristina Kirchner, las de Sarkozy, Ahmadinejad, Chávez, Merkel y Putin. El País, cuya mirada sobre América latina suele ser muy conservadora, forzaba a toda máquina los cables relacionados con Argentina. Se supone que el foco de atención internacional está puesto en Afganistán, en Medio Oriente, China o Europa. Pero El País ha incorporado a la Argentina a esa reducida lista.

De la palabra “preocupación” con la que presentó la noticia el primer día, y que fue utilizada por el diario La Nación al siguiente para su principal título de tapa, pasó al más sobrio “inquietud” en el título de la nota cuando finalmente apareció, y terminó en un modesto “curiosidad” en el texto de la periodista Soledad Gallego. En el primer día la nota destacaba que la preocupación que despertaba en Estados Unidos el gobierno de Cristina Kirchner los había llevado al punto de inquirir sobre la salud de la Presidenta. Pero el cable original no hablaba en ningún momento de preocupación por la política del gobierno argentino. Eso era un agregado libre de El País. La corresponsal en Argentina finalmente aclaró que el planteo de ese cable –que llevaba la firma de “Clinton”– consistía en un trámite normal en las cancillerías que suelen pedir un perfil psicológico de los principales líderes. En todo caso, el cable nunca hablaba de “salud mental”, como se consignaba inicialmente en El País, sino que preguntaba por el “estado mental” y la salud de la Presidenta. En esa jerga periodística “salud mental” quiere decir loco. “Estado mental” es mucho más amplio y abarca situaciones que están enumeradas en el mismo cable, como por ejemplo la capacidad de la Presidenta para tomar decisiones en situaciones de estrés.

Toda la inundación de Wikileaks fue entonces digerida primero por El País, por lo menos en lo relacionado con Argentina, con leves transgresiones en la traducción y una edición forzada. Así, daba pie para poner en funcionamiento en Buenos Aires la maquinaria de la corporación mediática local, de la que también forma parte y que está en guerra abierta y total con el Gobierno. Clarín y La Nación levantaban de El País y titulaban con la misma tendencia, como si para Washington Argentina estuviera gobernada por una banda de locos, espías, chorros y narcos.

Y cada quien usó los cables para llevar agua a su molino. Por ejemplo, en Infobae se habló del objetivo de la política norteamericana de sustraer a la Argentina del eje bolivariano. Pero no es lo mismo decir “sustraer” (como si ya estuviera dentro) que “mantener a la distancia” a la Argentina de esa influencia, como efectivamente decía el cable en cuestión.

Paradoja: en todo el escandalete, el menos malo ha sido el ogrísimo del imperialismo norteamericano, que esta vez fue sorprendido en paños menores. Sin esos leves toques en la traducción ni la edición forzada, los famosos cables relacionados con Argentina son hasta ahora, falta conocer miles, palabrerío puro sin atractivo periodístico. La verdadera “inteligencia” norteamericana no se revela en esos cables. Si fuera así, viviríamos en un mundo bastante más tranquilo. Lo que sí ponen de manifiesto, en cambio, son los prejuicios del funcionario medio norteamericano y su poca apertura de criterio para observar la realidad de los países latinoamericanos, lo cual excede a las administraciones que se suceden en Washington. Todas las referencias enunciadas en los cables provienen de conservadores de oposición o ex funcionarios enemistados con el Gobierno. Esas son las fuentes de la embajada. Casi todos los temas mencionados en los cables ya fueron difundidos en la Argentina en su momento con grandes titulares por los grandes medios. Repitieron lo que ya se había publicado como parte de campañas que en el tiempo mostraron poca consistencia.

De todos modos, los cables son bastante escrupulosos para señalar la mayoría de las veces que son opiniones de terceros. Pero en los titulares de los medios, eso no se aclara. Ni siquiera se aclara que fueron escritos por funcionarios de baja categoría en algunos casos. En los titulares aparece como si Washington estuviera avalando todas las denuncias que han formado parte de la campaña de los grandes medios. El jueves, por ejemplo, el titular a cinco columnas de La Nación decía “EE.UU. expuso sospechas sobre manejos financieros de los Kirchner”. El título da a entender que la noticia viene de Washington para acá. Pero en realidad fue de acá para allá. Y en el cable enviado por un funcionario de la embajada a sus superiores se aclara muy especialmente que se trata de afirmaciones de un tercero, el economista Mariano Federici, consultor regional del Fondo Monetario Internacional (FMI). Pedirle a un funcionario del FMI que opine sobre los Kirchner es como pedirle a Bin Laden que opine sobre los Estados Unidos.

Clarín de ese día usó también un título catástrofe para denunciar “Espionaje a opositores y obra pública dudosa”. En la nota se afirma que un cable enviado por el consejero político de la embajada, Thomas Kelly, dice que a Aníbal Fernández lo “persiguen rumores de corrupción”, así como “sospechas de presuntos vínculos con el narcotráfico” y de ordenar el “monitoreo clandestino de mails de opositores políticos”. En realidad, en ese mismo cable de 2009, Kelly enfatizó que esa información “no tiene suficiente fundamento” y que “no existe evidencia contundente”, pero igual en Argentina mereció un super título.

A pesar de todo, en este caso el papel de la diplomacia norteamericana es secundario. Sólo demostró que si quiere cambiar realmente su relacionamiento con América latina, tiene que empezar a buscar otras fuentes de información menos ideológicas. En cambio, los cables de Wikileaks fueron incorporados como nuevo material de la campaña granmediática contra el gobierno de Cristina Kirchner.

La impunidad de los medios pareciera total. Temas que fueron parte de una campaña mediática en su momento, con denuncias que nunca fueron comprobadas pese a haber ocupado títulos de primeras planas, son tomados por los funcionarios de la embajada –como versiones– en los informes a sus superiores. Wikileaks los revela, El País los publica y finalmente vuelven a su punto de origen: los titulares de primera plana de los grandes medios locales, esta vez como si provinieran del gobierno norteamericano. La impunidad es tal que, a pesar de la evidente inconsistencia del mecanismo, consiguen hacer mucho ruido.

Tiempo atrás, una campaña de ese voltaje podría haber sido demoledora, casi destituyente. Pero llegó tarde. Pasó apenas un mes de la muerte de Néstor Kirchner. El oficialismo recuperó espacios que había perdido desde la derrota de la 125 y en algunos casos traspasó marcas previas a aquel momento. Y la oposición pagó sus errores con un proceso centrífugo. Más que nunca en todos estos años los grandes medios actúan como el muro del que hablaba Elisa Carrió, “la última trinchera”, o la primera en defensa de sus intereses.

Tras la muerte de Néstor Kirchner y con el ascenso de la candidatura de Cristina Kirchner, en los mentideros de la política se daba por hecho que durante el año que falta para las elecciones presidenciales de octubre, vendría una campaña despiadada, porque es mucho lo que está en juego. En vez de respetar el tiempo del luto, los grandes medios prefirieron salir con los tapones de punta cuando la mayoría de la sociedad todavía ve con respeto, y en algunos casos con afecto, la imagen de una viuda despidiendo a su marido. Una movida de esa potencia puede producir antipatía y no solamente en los ámbitos oficialistas. El viento cambió y ahora se lleva el fuego para el lado de quien lo enciende. Como dijo Sun Tzu: “Lo que no te mata, te fortalece”.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

A reirnos un rato....o a llorar, cada uno elige...

El argentino antiargentino (Fuente: Ni a Palos: niapalos.com)

- Si tuvo la oportunidad, está casado/a con alguien europeo.
- Tiene algún hobbie estúpido, como coleccionar posavasos de los cinco continentes.
- Piensa que sus fracasos personales se deben a que vive rodeado de vagos, burros y corruptos.
- Es apolítico o en el mejor de los casos es radical, que es más o menos lo mismo.
- Le resulta primitivo usar una escarapela en la Semana de Mayo. En su lugar usa todo el año el pin de la escuela de yoga a la que pertenece.
- Piensa que al Bicentenario lo tramó la Presidenta para ganar en las próximas elecciones.
- El Bicentenario lo desesperó al punto de tirarle una botella a la Sole (embarazada).
- No se anima a decirlo, pero, para él o ella, lo mejor que les pudo pasar a las Malvinas es ser una colonia Británica.
- Tenía algún que otro amigo cumpa…. con quien sólo se saluda por Facebook.
- Ametralla frases como: “El problema de este país…” o “En los países en serios…”.
- Admira el sistema político chileno.
- Nunca fue a chile.
- Muere por tener un pasaporte europeo.
- Se vive quejando aunque cambie el auto todos los años.
- Tiene la fabulosa capacidad de encajar en cualquier conversación la frase: “¿Y qué querés? Con este país de mierda…”
- Considera que los negros del Bronx son cultura callejera pero los del conurbanos son una manga de vagos que viven del estado.
- Acepta que los festejos del Bicentenario estuvieron “más o menos buenos porque la tecnología era importada pero falló la organización en la puntualidad de los recitales”.
- Repite que los de Fuerza Bruta son vascos.
- Acepta que una orquesta de tango es buena cuando se consagró en Japón.
- Odia a Riquelme.
- Si es pendejo escucha Aspen o La Metro; si es mayor, música clásica o Millenium.
- Hace años que repite en una discusión política “¿qué querés? Si al final a De la Rúa no lo dejaron…”.
- Nunca dice llaga a decir “no lo dejaron que…”.
- En la época de De la Rúa decía “¿Qué querés? Si nos gobierna un tarado…”
- Lo más cerca que estuvo de la política fue reenviar a todos sus contactos un mail de “sobranpolíticos.com.ar”.
- Odia poner “.ar”.
- Usa un Hotmail que es “.es”.
- Curiosamente durante la dictadura no hubiera sido taaaan anti argentino (aunque en la guerra de Malvinas se hubiera muerto de esquizofrenia).
- Su odio a la Argentina encubre su odio a la democracia.
- Su odio a la democracia encubre su odio a los villeros.
- Cuando se va del país, se llena la boca hablando de lo mierda que es la Argentina y lo mejor que es vivir en Afganistán o Kenia.
- Cuando en Europa se beneficia a los desocupados es primer mundo. Cuando acá se beneficia a los desocupados, es mantener vagos o grupos de choque.
- Prefiere chuparle el bigote a Aníbal Fernández antes que votar a un peronista. Es casi tan antikirchnerista como antiperonista.
- Puede saltar de la izquierda abstracta al ultra conservadurismo sin sonrojarse y manteniendo una “lógica” en su discurso.
- Es protestatario, inconformista y altamente negativo.
- Tiene inglés fluido.
- Tiene Perfil y Crítica marcado como “favoritos” en el navegador.
- Es muy factible que haya pagado por sexo alguna que otra vez.