Reacción de Cablevisión ante una resolución de Moreno
La empresa calificó de "discriminatoria" una medida que le impide subir el abono.
Me encanta. La "empresa" -alguien totalemente ajeno a mí-, la "empresa" califica de discriminatoria... Ay ay ay... A menos que el editor sufra de una enfermedad psicológica severa, algún desdoblamiento de personalidad, esquizofrenia, et cetera, me parece que la omisión de los dueños de esa "empresa"es intencional...¿o seré muy persecuta?
Eso para empezar, porque realmente esta nota lo vale:
A través de una Resolución de la Secretaría de Comercio Interior, encabezada por Guillermo Moreno, el Gobierno informó que aplicará una multa a Cablevisión por el aumento de precios de los abonos a la televisión por cable de febrero.
El Gobierno decidió que la compañía debe devolver la diferencia con respecto a un precio de $ 109, aunque no explicó cómo estableció ese importe. La sanción del Gobierno –que Cablevisión calificó de "ilegal y "arbitraria"– llega cuando se le permitió subir el precio a DirecTV, Supercanal e Intercable, entre operadores de televisión paga.
La resolución de Moreno dice que Cablevisión aumentó sus precios desde enero. Pero la compañía aplicó un incremento un mes después, desde febrero, cuando subió de $ 126,80 a $ 147. "Cablevisión rechaza la ilegal resolución de Moreno. Impugnará esta medida tanto en sede administrativa como judicial", informó a través de un comunicado.
"Resulta inaudito que en un Estado de Derecho, un funcionario pretenda fijar de manera discrecional el precio de un servicio privado, violando no sólo el marco legal sino la igualdad ante la ley, base de todo ordenamiento jurídico", señaló la compañía.
Cablevisión es la única empresa de televisión paga que sufre este tipo de represalias administrativas. Es que sus competidores –como DirecTV, Supercable o Intercable– aplicaron ajustes entre diciembre y enero. "Esto convierte a la medida en claramente discriminatoria", señaló Cablevisión, una empresa del grupo Clarín.
Como sucedió con otros sectores, como combustibles (le permitió aumentos a YPF, pero se lo impidió a Shell y Esso), el Gobierno vuelve a demostrar que elige qué empresas pueden aumentar los precios.
Aunque avaló recientes aumentos de entre 10% y 20% en telefonía celular, prepagas y sabe que una canasta alimentaria es 30% más cara que hace un año, Moreno decide cuáles son las empresas que pueden recomponer sus costos y cuáles no, de acuerdo con criterios arbitrarios.
"Una vez más, la voluntad de Moreno, y del Gobierno que integra, parece ser la de utilizar el poder del Estado para avanzar ilegalmente contra una compañía en particular, violando los principios legales y las garantías constitucionales", agregó Cablevisión.
"La desmesura de esta resolución contrasta con la actitud de Cablevisión, que comunicó la actualización de su tarifa en tiempo y forma, con un incremento menor a la inflación y a la mayoría de los bienes y servicios de la economía", marcó la empresa.
El Gobierno dice que la inflación de 2010 fue del 10,9% y como los economistas privados no bajaron del 25%, salió a multarlos, tratando de impedir que hagan esas mediciones. De esa forma, el Gobierno busca tapar la realidad que le disgusta.
El kilo de pollo, asado o bola de lomo tuvo un incremento interanual cercano al 80%. Una entrada a la "popular" en un partido de fútbol subió un 25%, mientras que el cine es un 30% más caro. Pero Cablevisión no puede ir en ese sendero, según el razonamiento oficial.
A través de otras medidas, el Gobierno también quiere ordenar la numeración y la grilla de Cablevisión y trata de bloquear el servicio de acceso a Internet que brinda Fibertel.
Por un lado, tenemos al Gobierno, que elige, decide, "dice que" -manto de duda, genial-, aplica multas, es desmesurado, avanza ilegalmente, busca tapar la realidad, quiere ordenar la numeración y la grilla (no la Ley de Comunicación Audiovisual, no no, EL GOBIERNO). Básicamente es un déspota, pronto lo compararan con Khadafi...
Por otro lado tenemos a Cablevisión, que, creciendo con clímax ascendente, pasa de ser la "empresa" a "empresa del grupo Clarín" -en pequeñito y perdido en el mar de párrafos, supongo porque a juicio del redactor no será relevante-, en fin, empresa discriminada por el Gobierno, con un matíz de perseguida y víctima, que soporta estoicamente los embates de Moreno de manera mesurada.
¿Todo esto para convencer a alguien de que no reclame su plata perdida? Repito: ¿No será mucho?
jueves, 10 de marzo de 2011
miércoles, 2 de marzo de 2011
Conjunciones intencionales
Cristina acusó de evasión al campo y la AFIP allanó a 48 cerealeras
Las acusan de maniobras con firmas fantasmas. Unos 740 inspectores fueron a 117 domicilios.
Una de las conjunciones de nuestra lengua que puede adquirir, en un contexto determinado, otro sentido es la conjunción copulativa "y". Puedo decir "me caí y me lastimé", queriendo decir "porque me caí, me lastimé", denotando una relación causa-efecto entre las dos oraciones. No son, obviamente, dos hechos aislados, separables, uno de otro.
En este título, que, en la edición online es el primero que uno ve cuando abre la página del diario, la conjunción "y" adquiere también otro sentido que el de de meramente "copulativo".
Acá es "Cristina" (no "La Presidenta", no no, "Cristina", como cualquier vecina de barrio, que administra su casa a placer), "Cristina" "acusa" (porque se supone que no tiene pruebas, no, Cristina acusa, como niña caprichosa que acusa a un compañero) de evasión al campo (el campo todo, no las cerealeras que evaden, no, el CAMPO, léase con con Mayúsculas y con letras ilumindas cual cartel de Broadway) y ahora viene la mejor parte "Y" (acá es cuando adquiere otro sentido: PORQUE Cristina acusa, la AFIP allana). Causa y Efecto.
Como si Cristina fuera otra vecina más (que lo es, pero también -y a no olvidar, muchachos, es LA PRESIDENTA) y una niña caprichosa, acuseta, delata al campo porque se pelearon y le manda (por capricho) nada más y nada menos que a la AFIP a que los hostigue...
No será mucho?
NOTA BENE: Se olvidaron de mencionar en el título que las cerealeras amigas están acusadas de evadir 150 millones de dólares...un vuelto, no?
Las acusan de maniobras con firmas fantasmas. Unos 740 inspectores fueron a 117 domicilios.
Una de las conjunciones de nuestra lengua que puede adquirir, en un contexto determinado, otro sentido es la conjunción copulativa "y". Puedo decir "me caí y me lastimé", queriendo decir "porque me caí, me lastimé", denotando una relación causa-efecto entre las dos oraciones. No son, obviamente, dos hechos aislados, separables, uno de otro.
En este título, que, en la edición online es el primero que uno ve cuando abre la página del diario, la conjunción "y" adquiere también otro sentido que el de de meramente "copulativo".
Acá es "Cristina" (no "La Presidenta", no no, "Cristina", como cualquier vecina de barrio, que administra su casa a placer), "Cristina" "acusa" (porque se supone que no tiene pruebas, no, Cristina acusa, como niña caprichosa que acusa a un compañero) de evasión al campo (el campo todo, no las cerealeras que evaden, no, el CAMPO, léase con con Mayúsculas y con letras ilumindas cual cartel de Broadway) y ahora viene la mejor parte "Y" (acá es cuando adquiere otro sentido: PORQUE Cristina acusa, la AFIP allana). Causa y Efecto.
Como si Cristina fuera otra vecina más (que lo es, pero también -y a no olvidar, muchachos, es LA PRESIDENTA) y una niña caprichosa, acuseta, delata al campo porque se pelearon y le manda (por capricho) nada más y nada menos que a la AFIP a que los hostigue...
No será mucho?
NOTA BENE: Se olvidaron de mencionar en el título que las cerealeras amigas están acusadas de evadir 150 millones de dólares...un vuelto, no?
sábado, 19 de febrero de 2011
Ai laik maiami
Miami-adictos
Por Luis Bruschtein
Para el imaginario de los Estados Unidos, el estereotipo principal de latinoamericano es el del inmigrante ilegal. Es el moreno pobre, ignorante, que se ofrece para los trabajos menos dignificados y peor pagos, que no acepta la cultura norteamericana y vive pensando en su lugar de origen. Lo ven promiscuo, familiero, machista. Ese es el latinoamericano que no quieren, el que aparece en las series de televisión como pandillero y narcotraficante y al que le atribuyen responsabilidad por los peores males de su país.
Pero desde los años ’80, un poco a la sombra de la globalización, se fue forjando también el estereotipo opuesto, el del latinoamericano que ellos quisieran que, en principio, se defina por un lugar geográfico que no está en Latinoamérica, sino en Estados Unidos, pero que tiene la mágica propiedad de producir latinoamericanos como ellos quisieran.
No es Nueva York, la gran metrópoli cultural, ni el San Francisco de los artistas y la libertad. Miami, la capital del plástico y las barbies, empezó siendo el lugar de asentamiento de los cubanos que abandonaban su país tras la revolución cubana. Muchos de ellos habían sido funcionarios de la derrocada dictadura de Fulgencio Batista, ex militares y ex policías del régimen que habían perdido sus privilegios y se proponían seguir su lucha contra Fidel Castro desde los Estados Unidos. La CIA captó a muchos de ellos, financió sus actividades, muchas veces dándoles acceso a negocios importantes y muchos en el rubro de la comunicación. De esa manera facilitaron que los más corruptos y derechistas se convirtieran en referentes de la comunidad cubana de Miami que, a su vez, se transformó en la comunidad latina más conservadora y reaccionaria.
Algunos de esos cubanos captados por la CIA se convirtieron con su apoyo en importantes empresarios. Otros fueron agentes que la CIA usó para realizar todo tipo de tropelías durante la Guerra Fría. Se habló de que estuvieron involucrados en grandes asesinatos, como el del presidente John Kennedy, y participaron en la Operación Cóndor en América latina, en el entrenamiento de terroristas nicaragüenses y paramilitares salvadoreños, en el golpe de Pinochet y el asesinato de Letelier, en Automotores Orletti y el asesinato del general chileno Prats en Argentina, y realizaron atentados terroristas en Cuba y la Venezuela de Chávez. Esa es la matriz ideológica del latinoamericano que ellos quisieran, la que se presenta como antítesis del espalda mojada que llega fundamentalmente de México, Puerto Rico y Santo Domingo. A los dos estereotipos los usan para los trabajos sucios. El inmigrante, el trabajo físico, y el miami-adicto, el ideológico.
Al final de la Guerra Fría, la proyección ideológica de Miami se fue transformando. Siguió siendo la comunidad latina más reaccionaria del mundo, pero las dictaduras militares habían pasado de moda y ellos se reacomodaron a esa nueva realidad. Durante la época de las dictaduras de los ’70 y ’80, Miami había empezado a convertirse en un centro de atracción turística para un sector de las capas medias y altas de los países que soportaban esas dictaduras. Encontraban un lugar atractivo, pero también un ámbito ideológico que les daba cobijo, justificación y apaño.
Con los años, aquellos cubanos que habían sido convertidos en empresarios por la CIA fueron más importantes que los agentes de la Guerra Fría. Crearon ONG con filiales en todo el continente para fiscalizar democracias y contrabandear ideología y llevaron sus negocios a esos países, donde pasaron a tener influencia. Con la ayuda de los medios de comunicación locales y trasnacionales –en muchos de los cuales tienen intereses–, Miami se fue convirtiendo en un centro turístico importante, pero también en una especie de Meca ideológica para ese derechismo naturalizado que dice renegar de la política pero que simpatiza con el autoritarismo y el capitalismo salvaje. Es el lugar donde se cocinan los discursos contra los gobiernos populares latinoamericanos en función de un esquema de libre mercado y admiración por la gran potencia. Por obra de alguna falla cósmica (o hegemonía cultural en este caso), los viejos promotores y aliados de las dictaduras latinoamericanas pasaron a convertirse en fiscales de la libertad de prensa, de la transparencia política o de la institucionalidad democrática.
Esos son los dos estereotipos de latinoamericano que los norteamericanos proyectan: el inmigrante pobre al que rechazan y el latino al que apadrinan por su servilismo y su falta de sentido nacional propio. El miami-adicto desprecia a su propio país, al que compara todo el tiempo con los Estados Unidos, y quisiera nacer otra vez como norteamericano. De la misma manera, menosprecian a cualquier gobierno de sus países que no exprese el mismo deslumbramiento que ellos sienten por los Estados Unidos. Todo lo que pasa en sus países les parece ridículo, producto de la ignorancia, de la falta de apego al trabajo o de la falta de educación. Algunos son tan elementales que escriben libros con pretensiones periodísticas o sociológicas con esa mirada.
Cuando la carga del avión de la Fuerza Aérea norteamericana fue retenida en Ezeiza la semana pasada, una parte del país pareció actuar como Miami-adicto y razonar con esas pautas. Como lo que piensan las personas en general no tiene difusión, esa categoría (una parte del país) abarca en realidad sólo a los grandes medios y algunos de sus periodistas, y a los políticos de la oposición. En Argentina, los Miami-adictos son una minoría que se siente superior al resto. Juzga que por vacacionar en Miami ha sido tocada por el aura del amo, frente a las mayorías que son despreciadas ya se sabe por qué.
Por su nivel socio-económico y sus intereses culturales, muchos de los Miami-adictos son lectores de La Nación, que fue el diario que difundió la primicia del avión norteamericano detenido en Ezeiza con una nota corta publicada en su edición del viernes pasado, y otra más completa el sábado, en las que daba cuenta del episodio en sintonía con la visión norteamericana de lo sucedido. La versión que transmitió La Nación dejaba muchos interrogantes abiertos que provocaban la curiosidad periodística. El domingo, en el artículo de tapa de Página/12, Horacio Verbitsky dio otra versión de los hechos, que finalmente fue la que se confirmó, porque el famoso listado de artículos que debían entrar a la Argentina no coincidía con los que traía el avión.
Pero lo más extraño del asunto es que periodistas que trabajan en los grandes medios calificaron de “prensa adicta” a Página/12 por publicar información que ellos también tendrían que haber conseguido y no lo hicieron. Fue más periodístico buscar esa información y publicarla, como hizo Página/12, que desjerarquizarla porque no se ajustaba a sus versiones, como hicieron ellos. Y lo más sorprendente de todo es que algunos periodistas “famosos” que usaron esa fórmula para calificar a Página/12 lo hicieron desde La Nación, que a partir de entonces publicó sin chistar ni cotejar las versiones que provenían, a todas luces, desde las posiciones estadounidenses. Habría que ver entonces a quién sería “adicta” La Nación o esos periodistas.
Sin aprender de los tropezones, la mayoría de la oposición aceptó nuevamente que los grandes medios le impusieran la agenda. Con la excepción de Ricardo Alfonsín, que aclaró que sin estar en conocimiento de los hechos, en cualquier caso, en territorio nacional, los Estados Unidos debían cumplir las leyes argentinas, todos los demás siguieron el libreto granmediático Miami-adicto. Se preocuparon por los intereses norteamericanos y cuestionaron duramente la decisión aduanera. Los grandes medios sobreactuaron la defensa de los intereses norteamericanos y acusaron al gobierno nacional de haber desatado una grave crisis con la potencia del Norte. Y los políticos de la oposición, encabezados por el Peronismo Federal, por el macrismo y el radical Ernesto Sanz, movieron la boca para decir lo mismo, como reviviendo las viejas épocas de las “relaciones carnales”. En todo caso, es previsible lo que harían si alguna vez llegan a la Casa Rosada.
Cuando fue evidente que el Departamento de Estado de los Estados Unidos no quería convertir el incidente en una crisis grave entre los dos países y le bajó el tono a la discusión, los grandes medios que habían sobreactuado el enojo norteamericano dijeron entonces que era el Gobierno el que había sobreactuado su posición. Fue una voltereta en el aire que también obligó a sus seguidores de la oposición a cambiar: de pronosticar hecatombes pasaron a acusar “sobreactuación”, un cargo muchísimo menos atractivo para la campaña electoral.
En la Argentina, el fenómeno Miami-adicto está circunscripto a un grupo social reducido, si bien sus esquirlas, aunque dispersas, están presentes en el sentido común hegemónico. Hay un sentimiento lógico bastante generalizado de rechazo a esa actitud despreciativa de lo propio, cuyo destino no es la superación, sino la derrota. Una derrota de la identidad y la cultura –que no está planteada en las relaciones diplomáticas, sino en las culturales–, que expresa la aceptación de una actitud subordinada para vivir de las migajas de la prosperidad que se envidia, renunciando ex profeso a esforzarse para lograr la prosperidad de la comunidad a la que se pertenece.
Por Luis Bruschtein
Para el imaginario de los Estados Unidos, el estereotipo principal de latinoamericano es el del inmigrante ilegal. Es el moreno pobre, ignorante, que se ofrece para los trabajos menos dignificados y peor pagos, que no acepta la cultura norteamericana y vive pensando en su lugar de origen. Lo ven promiscuo, familiero, machista. Ese es el latinoamericano que no quieren, el que aparece en las series de televisión como pandillero y narcotraficante y al que le atribuyen responsabilidad por los peores males de su país.
Pero desde los años ’80, un poco a la sombra de la globalización, se fue forjando también el estereotipo opuesto, el del latinoamericano que ellos quisieran que, en principio, se defina por un lugar geográfico que no está en Latinoamérica, sino en Estados Unidos, pero que tiene la mágica propiedad de producir latinoamericanos como ellos quisieran.
No es Nueva York, la gran metrópoli cultural, ni el San Francisco de los artistas y la libertad. Miami, la capital del plástico y las barbies, empezó siendo el lugar de asentamiento de los cubanos que abandonaban su país tras la revolución cubana. Muchos de ellos habían sido funcionarios de la derrocada dictadura de Fulgencio Batista, ex militares y ex policías del régimen que habían perdido sus privilegios y se proponían seguir su lucha contra Fidel Castro desde los Estados Unidos. La CIA captó a muchos de ellos, financió sus actividades, muchas veces dándoles acceso a negocios importantes y muchos en el rubro de la comunicación. De esa manera facilitaron que los más corruptos y derechistas se convirtieran en referentes de la comunidad cubana de Miami que, a su vez, se transformó en la comunidad latina más conservadora y reaccionaria.
Algunos de esos cubanos captados por la CIA se convirtieron con su apoyo en importantes empresarios. Otros fueron agentes que la CIA usó para realizar todo tipo de tropelías durante la Guerra Fría. Se habló de que estuvieron involucrados en grandes asesinatos, como el del presidente John Kennedy, y participaron en la Operación Cóndor en América latina, en el entrenamiento de terroristas nicaragüenses y paramilitares salvadoreños, en el golpe de Pinochet y el asesinato de Letelier, en Automotores Orletti y el asesinato del general chileno Prats en Argentina, y realizaron atentados terroristas en Cuba y la Venezuela de Chávez. Esa es la matriz ideológica del latinoamericano que ellos quisieran, la que se presenta como antítesis del espalda mojada que llega fundamentalmente de México, Puerto Rico y Santo Domingo. A los dos estereotipos los usan para los trabajos sucios. El inmigrante, el trabajo físico, y el miami-adicto, el ideológico.
Al final de la Guerra Fría, la proyección ideológica de Miami se fue transformando. Siguió siendo la comunidad latina más reaccionaria del mundo, pero las dictaduras militares habían pasado de moda y ellos se reacomodaron a esa nueva realidad. Durante la época de las dictaduras de los ’70 y ’80, Miami había empezado a convertirse en un centro de atracción turística para un sector de las capas medias y altas de los países que soportaban esas dictaduras. Encontraban un lugar atractivo, pero también un ámbito ideológico que les daba cobijo, justificación y apaño.
Con los años, aquellos cubanos que habían sido convertidos en empresarios por la CIA fueron más importantes que los agentes de la Guerra Fría. Crearon ONG con filiales en todo el continente para fiscalizar democracias y contrabandear ideología y llevaron sus negocios a esos países, donde pasaron a tener influencia. Con la ayuda de los medios de comunicación locales y trasnacionales –en muchos de los cuales tienen intereses–, Miami se fue convirtiendo en un centro turístico importante, pero también en una especie de Meca ideológica para ese derechismo naturalizado que dice renegar de la política pero que simpatiza con el autoritarismo y el capitalismo salvaje. Es el lugar donde se cocinan los discursos contra los gobiernos populares latinoamericanos en función de un esquema de libre mercado y admiración por la gran potencia. Por obra de alguna falla cósmica (o hegemonía cultural en este caso), los viejos promotores y aliados de las dictaduras latinoamericanas pasaron a convertirse en fiscales de la libertad de prensa, de la transparencia política o de la institucionalidad democrática.
Esos son los dos estereotipos de latinoamericano que los norteamericanos proyectan: el inmigrante pobre al que rechazan y el latino al que apadrinan por su servilismo y su falta de sentido nacional propio. El miami-adicto desprecia a su propio país, al que compara todo el tiempo con los Estados Unidos, y quisiera nacer otra vez como norteamericano. De la misma manera, menosprecian a cualquier gobierno de sus países que no exprese el mismo deslumbramiento que ellos sienten por los Estados Unidos. Todo lo que pasa en sus países les parece ridículo, producto de la ignorancia, de la falta de apego al trabajo o de la falta de educación. Algunos son tan elementales que escriben libros con pretensiones periodísticas o sociológicas con esa mirada.
Cuando la carga del avión de la Fuerza Aérea norteamericana fue retenida en Ezeiza la semana pasada, una parte del país pareció actuar como Miami-adicto y razonar con esas pautas. Como lo que piensan las personas en general no tiene difusión, esa categoría (una parte del país) abarca en realidad sólo a los grandes medios y algunos de sus periodistas, y a los políticos de la oposición. En Argentina, los Miami-adictos son una minoría que se siente superior al resto. Juzga que por vacacionar en Miami ha sido tocada por el aura del amo, frente a las mayorías que son despreciadas ya se sabe por qué.
Por su nivel socio-económico y sus intereses culturales, muchos de los Miami-adictos son lectores de La Nación, que fue el diario que difundió la primicia del avión norteamericano detenido en Ezeiza con una nota corta publicada en su edición del viernes pasado, y otra más completa el sábado, en las que daba cuenta del episodio en sintonía con la visión norteamericana de lo sucedido. La versión que transmitió La Nación dejaba muchos interrogantes abiertos que provocaban la curiosidad periodística. El domingo, en el artículo de tapa de Página/12, Horacio Verbitsky dio otra versión de los hechos, que finalmente fue la que se confirmó, porque el famoso listado de artículos que debían entrar a la Argentina no coincidía con los que traía el avión.
Pero lo más extraño del asunto es que periodistas que trabajan en los grandes medios calificaron de “prensa adicta” a Página/12 por publicar información que ellos también tendrían que haber conseguido y no lo hicieron. Fue más periodístico buscar esa información y publicarla, como hizo Página/12, que desjerarquizarla porque no se ajustaba a sus versiones, como hicieron ellos. Y lo más sorprendente de todo es que algunos periodistas “famosos” que usaron esa fórmula para calificar a Página/12 lo hicieron desde La Nación, que a partir de entonces publicó sin chistar ni cotejar las versiones que provenían, a todas luces, desde las posiciones estadounidenses. Habría que ver entonces a quién sería “adicta” La Nación o esos periodistas.
Sin aprender de los tropezones, la mayoría de la oposición aceptó nuevamente que los grandes medios le impusieran la agenda. Con la excepción de Ricardo Alfonsín, que aclaró que sin estar en conocimiento de los hechos, en cualquier caso, en territorio nacional, los Estados Unidos debían cumplir las leyes argentinas, todos los demás siguieron el libreto granmediático Miami-adicto. Se preocuparon por los intereses norteamericanos y cuestionaron duramente la decisión aduanera. Los grandes medios sobreactuaron la defensa de los intereses norteamericanos y acusaron al gobierno nacional de haber desatado una grave crisis con la potencia del Norte. Y los políticos de la oposición, encabezados por el Peronismo Federal, por el macrismo y el radical Ernesto Sanz, movieron la boca para decir lo mismo, como reviviendo las viejas épocas de las “relaciones carnales”. En todo caso, es previsible lo que harían si alguna vez llegan a la Casa Rosada.
Cuando fue evidente que el Departamento de Estado de los Estados Unidos no quería convertir el incidente en una crisis grave entre los dos países y le bajó el tono a la discusión, los grandes medios que habían sobreactuado el enojo norteamericano dijeron entonces que era el Gobierno el que había sobreactuado su posición. Fue una voltereta en el aire que también obligó a sus seguidores de la oposición a cambiar: de pronosticar hecatombes pasaron a acusar “sobreactuación”, un cargo muchísimo menos atractivo para la campaña electoral.
En la Argentina, el fenómeno Miami-adicto está circunscripto a un grupo social reducido, si bien sus esquirlas, aunque dispersas, están presentes en el sentido común hegemónico. Hay un sentimiento lógico bastante generalizado de rechazo a esa actitud despreciativa de lo propio, cuyo destino no es la superación, sino la derrota. Una derrota de la identidad y la cultura –que no está planteada en las relaciones diplomáticas, sino en las culturales–, que expresa la aceptación de una actitud subordinada para vivir de las migajas de la prosperidad que se envidia, renunciando ex profeso a esforzarse para lograr la prosperidad de la comunidad a la que se pertenece.
miércoles, 16 de febrero de 2011
De no creer...
“UN MALENTENDIDO”
Por Nicolás Lantos
Un funcionario del Pentágono reclamó que Argentina “devuelva los materiales”, pero aclaró que el diferendo es “de fácil solución”. A su vez, Matthew Rooney, director del Departamento de Estado, reconoció que “pudo haber problemas en los papeles, pero no hubo voluntad de importar cosas en forma indebida”....
No, claro que no! Porque si EEUU importa cosas no declaradas, fue un "error",
pero si los mexicanos, cubanos, salvadoreños, hondureños et alii tienen "problemas en los papeles" al ingresar a la américa prometida, son narcotraficantes...
Con su misma lógica, ellos qué serían?
Por Nicolás Lantos
Un funcionario del Pentágono reclamó que Argentina “devuelva los materiales”, pero aclaró que el diferendo es “de fácil solución”. A su vez, Matthew Rooney, director del Departamento de Estado, reconoció que “pudo haber problemas en los papeles, pero no hubo voluntad de importar cosas en forma indebida”....
No, claro que no! Porque si EEUU importa cosas no declaradas, fue un "error",
pero si los mexicanos, cubanos, salvadoreños, hondureños et alii tienen "problemas en los papeles" al ingresar a la américa prometida, son narcotraficantes...
Con su misma lógica, ellos qué serían?
sábado, 5 de febrero de 2011
Teoría y práctica del método
Leyenda negra
Por Luis Bruschtein
Para Elisa Carrió las exequias del ex presidente Néstor Kirchner fueron organizadas por Fuerza Bruta. “Usted se confunde con el Bicentenario”, aclaró, en su almuerzo del miércoles, Mirtha Legrand. “Esa también”, le soltó la candidata de la Coalición Cívica. El tamaño de los mitos urbanos que construyen sus adversarios describe también por regla inversa el tamaño de lo que se quiere denigrar. Todos los cuentos que se inventaron de Perón y Evita se correspondían de alguna manera con la obra que generaron. Los aspectos negativos de cualquier gobierno se critican con argumentos. Los que son más difíciles de desvirtuar son los hechos positivos, que son la causa de cuentos que sólo pueden ser creídos desde el odio. De los Kirchner se ha dicho que Néstor la emprendía a puñetazos con Cristina y que después de la derrota del 28 de junio descargó tanta furia a piñas sobre su esposa que debieron internarla. Se ha dicho que Cristina es bipolar. Se ha dicho que el cuerpo de Néstor Kirchner no estaba en el cajón delante del cual desfilaron decenas de miles de personas.
En realidad, fue Mirtha Legrand la que difundió la historia del cajón vacío, aunque después le dijo a Carrió que no creía que Fuerza Bruta hubiera organizado las demostraciones populares de pesar. Pero de alguna manera los dos cuentos están ligados porque se refieren a una especie de gran engaño organizado por una mujer que acababa de perder de manera inesperada a su pareja de toda la vida, y además ese engaño tan maquiavélico estuvo relacionado con los restos del ser querido que acababa de fallecer.
Es estúpido explicar algo tan absurdo, pero el cuento de Carrió dice que en el poco tiempo que pasó entre el fallecimiento de Néstor Kirchner y sus exequias en Buenos Aires, su viuda contrató a Fuerza Bruta y Fuerza Bruta contrató a decenas de miles de extras para que lloraran en la Plaza de Mayo, para que escribieran mensajes en papelitos, para que aguantaran horas y horas hasta llegar al cajón donde estaban los restos del ex presidente, para que esos miles y miles gritaran consignas, recitaran poesías o cantaran al pasar delante del féretro. ¿Y el cuerpo?, ¿dónde podía estar si no estaba en el cajón? A lo mejor está vivo y toda la historia de su muerte sorpresiva fue para que Cristina creciera en las encuestas.
Tanto las leyendas denigrantes como las elogiosas tienen cierta ingenuidad infantil y sus orígenes son difíciles de ubicar, como la de las orgías de Perón con las púberes de la UES o la de las noches de sexo ardiente entre el General y el campeón de boxeo de los medio pesados, el norteamericano Archie Moore, que había pasado por Argentina. Pero en este caso el origen es una candidata a presidente que pone la cara por televisión para iniciar el cuento haciendo polvo cualquier vestigio de su credibilidad. Es un cuento infantil, de una ingenuidad cruel, pero es un cuento increíble y la candidata puso cara de esfinge y dijo: “Alguna vez se va a saber lo que pasó en el velatorio de Kirchner”, con lo que dejó en ascuas a su anfitriona que, ni corta ni perezosa, le exigió que contara lo que sabía.
Nobleza obliga, hay que reconocer que Mirtha Legrand repreguntó, porque la mayoría de los periodistas se hubieran quedado con la cara de misterio de Carrió cuando lanzó su primera frase. Y después, con su veteranía inimputable, le dijo que no le creía. El relato no se puede creer ni haciendo mucha fuerza. Carrió da una versión corrupta de la historia porque le conviene políticamente. La conveniencia personal o grupal es la justificación de todas las formas de corrupción.
En la sociedad se acuñan leyendas sobre vidas, amores y muertes de los presidentes que han dejado una marca en la historia. La mayoría de las veces tienen algún elemento de verdad o tratan de afirmarse en hechos reales, incluso los menos creíbles, como aquellos que inventó la llamada Revolución Libertadora para desacreditar al peronismo.
En el que las inventa o las cree hay un mecanismo tan ingenuo como en sus historias. Igual que un niño impedido de crecer que mira a un adulto como el que nunca podrá ser. Además del odio que las motiva, expresan también cierta fascinación resignada por los protagonistas que los enojan. Hay un complejo de inferioridad en los cimientos de esa mirada frente a la épica que sustentan los cuentos. Porque hay una épica real sobre la que se monta la fantasía. Es la fascinación que siente por Evita el coronel de los servicios de inteligencia que oculta el cuerpo embalsamado, como lo relata Rodolfo Walsh en “Esa mujer”. Ese coronel existió, igual que el ocultamiento del cadáver, en el mismo servicio de inteligencia que estaba generando los mitos contra un peronismo derrocado pero fuertemente enraizado en las culturas populares.
Ingenuamente, el objetivo de esos cuentos era arrancar esa raíz. El mito denigrante como antídoto del mito favorable. Lo más irónico de la situación era que el jefe de la institución que generaba esos cuentos estaba totalmente subyugado por los mitos de esas raíces, sobre todo por el más potente, que era Evita, como lo relata también Tomás Eloy Martínez en Santa Evita. Mito contra mito, igual que ahora los partidarios del Gobierno se definen irónicamente como “la mierda oficialista”, en aquella época, los peronistas respondían: “Puto o ladrón, lo queremos a Perón”. No creían en las orgías de la UES ni en la encamada con Archie Moore. En el peor de los casos, esos cuentos contribuían a exaltar un nivel de sexualidad, por la que, en realidad, Perón nunca mostró mucho entusiasmo.
Esa leyenda negra tejida sobre las exequias de Kirchner ofrece el primer síntoma de que hay un hecho que desencaja, que produce rupturas y nacimientos, que necesita del mito para ser explicado. Y si para los protagonistas, los que asistieron a la Plaza y a la Casa Rosada, todo fue sorpresivo y desbordante, la leyenda negra deja vislumbrar un sentimiento de sorpresa atrapado en la propia mezquindad de quien ha tejido esa fantasía. Ante sus ojos todo aparece hiperdimensionado de gestos y emociones, con una épica que la deslumbra aunque la rechace. La impresión es tan fuerte que no se asimila y necesita su propia mentira para explicar ese rechazo. Entonces todo lo que ve se tiene que entender como una gran escena teatral, con el poeta Carlino pagado para leer sus poesías o Bauer para cantar el Ave María o el presidente de la SRA de una localidad cordobesa para darle fuerza a Cristina o los mozos de la Casa Rosada para llorar, o los miles de chicos que levantan el puño o hacen la “V”. Todo fue orquestado y guionado por Fuerza Bruta. Es un gran escenario montado alrededor de un cajón que ni siquiera tiene el cuerpo. Sin tristeza, sin lágrimas, sin espontaneidad, sin muerto.
Resulta extraña esa idea del cajón sin el muerto. Siempre hay una apropiación de los cuerpos, como con Evita o los desaparecidos. Hay una disputa por los restos de los que lucharon. Porque los que luchan no pasan inadvertidos, son odiados y son amados y trascienden en esos sentimientos, pero sus restos no tienen resplandores ni secretos. Quizá sus restos simbolicen esos sentimientos que los trascienden.
La leyenda negra circulará en las sobremesas de los countries, en las reuniones de las cámaras empresarias, se seguirá alimentando y de vez en cuando, algún periodista “independiente” dirá otra vez que la gente dice que el cuerpo de Néstor no estaba en el cajón. Otro dirá “Fuerza Bruta” por lo bajo. La leyenda crecerá en detalles y en veneno y con el tiempo hasta se podrá convertir en argumento político. Habrá sociólogos de la izquierda y la derecha académica que estudiarán las barbaridades que hacen los populismos.
Muchos de estos sociólogos se hicieron famosos investigando los mitos populares, es decir, “la estupidez” de los pueblos que generan mitos como los de Gardel, Maradona, Evita o el Che y los cuentos que los rodean. Los pueblos han generado esos mitos o leyendas blancas que enaltecen a esas figuras. Sería bueno que ahora estudiaran el fenómeno inverso. Porque en este caso no ha sido el pueblo el que inventó las historias, sino la “gente de bien”, o “las capas medias y altas blancas y urbanas”, como diría el sociólogo brasileño Emir Sader, o directamente la tilinguería, como le gustaba decir a don Arturo Jauretche. Sería interesante también subrayar que, a diferencia de los mitos populares –que la mayoría de las veces son enaltecedores–, en estos casos se trata de relatos denigrantes. Sobre todo, habría que reconocer que todavía no existe una leyenda para Néstor Kirchner, que sigue siendo un ser humano. Extrañamente, esta vez el antimito ha surgido antes que el mito.
Por Luis Bruschtein
Para Elisa Carrió las exequias del ex presidente Néstor Kirchner fueron organizadas por Fuerza Bruta. “Usted se confunde con el Bicentenario”, aclaró, en su almuerzo del miércoles, Mirtha Legrand. “Esa también”, le soltó la candidata de la Coalición Cívica. El tamaño de los mitos urbanos que construyen sus adversarios describe también por regla inversa el tamaño de lo que se quiere denigrar. Todos los cuentos que se inventaron de Perón y Evita se correspondían de alguna manera con la obra que generaron. Los aspectos negativos de cualquier gobierno se critican con argumentos. Los que son más difíciles de desvirtuar son los hechos positivos, que son la causa de cuentos que sólo pueden ser creídos desde el odio. De los Kirchner se ha dicho que Néstor la emprendía a puñetazos con Cristina y que después de la derrota del 28 de junio descargó tanta furia a piñas sobre su esposa que debieron internarla. Se ha dicho que Cristina es bipolar. Se ha dicho que el cuerpo de Néstor Kirchner no estaba en el cajón delante del cual desfilaron decenas de miles de personas.
En realidad, fue Mirtha Legrand la que difundió la historia del cajón vacío, aunque después le dijo a Carrió que no creía que Fuerza Bruta hubiera organizado las demostraciones populares de pesar. Pero de alguna manera los dos cuentos están ligados porque se refieren a una especie de gran engaño organizado por una mujer que acababa de perder de manera inesperada a su pareja de toda la vida, y además ese engaño tan maquiavélico estuvo relacionado con los restos del ser querido que acababa de fallecer.
Es estúpido explicar algo tan absurdo, pero el cuento de Carrió dice que en el poco tiempo que pasó entre el fallecimiento de Néstor Kirchner y sus exequias en Buenos Aires, su viuda contrató a Fuerza Bruta y Fuerza Bruta contrató a decenas de miles de extras para que lloraran en la Plaza de Mayo, para que escribieran mensajes en papelitos, para que aguantaran horas y horas hasta llegar al cajón donde estaban los restos del ex presidente, para que esos miles y miles gritaran consignas, recitaran poesías o cantaran al pasar delante del féretro. ¿Y el cuerpo?, ¿dónde podía estar si no estaba en el cajón? A lo mejor está vivo y toda la historia de su muerte sorpresiva fue para que Cristina creciera en las encuestas.
Tanto las leyendas denigrantes como las elogiosas tienen cierta ingenuidad infantil y sus orígenes son difíciles de ubicar, como la de las orgías de Perón con las púberes de la UES o la de las noches de sexo ardiente entre el General y el campeón de boxeo de los medio pesados, el norteamericano Archie Moore, que había pasado por Argentina. Pero en este caso el origen es una candidata a presidente que pone la cara por televisión para iniciar el cuento haciendo polvo cualquier vestigio de su credibilidad. Es un cuento infantil, de una ingenuidad cruel, pero es un cuento increíble y la candidata puso cara de esfinge y dijo: “Alguna vez se va a saber lo que pasó en el velatorio de Kirchner”, con lo que dejó en ascuas a su anfitriona que, ni corta ni perezosa, le exigió que contara lo que sabía.
Nobleza obliga, hay que reconocer que Mirtha Legrand repreguntó, porque la mayoría de los periodistas se hubieran quedado con la cara de misterio de Carrió cuando lanzó su primera frase. Y después, con su veteranía inimputable, le dijo que no le creía. El relato no se puede creer ni haciendo mucha fuerza. Carrió da una versión corrupta de la historia porque le conviene políticamente. La conveniencia personal o grupal es la justificación de todas las formas de corrupción.
En la sociedad se acuñan leyendas sobre vidas, amores y muertes de los presidentes que han dejado una marca en la historia. La mayoría de las veces tienen algún elemento de verdad o tratan de afirmarse en hechos reales, incluso los menos creíbles, como aquellos que inventó la llamada Revolución Libertadora para desacreditar al peronismo.
En el que las inventa o las cree hay un mecanismo tan ingenuo como en sus historias. Igual que un niño impedido de crecer que mira a un adulto como el que nunca podrá ser. Además del odio que las motiva, expresan también cierta fascinación resignada por los protagonistas que los enojan. Hay un complejo de inferioridad en los cimientos de esa mirada frente a la épica que sustentan los cuentos. Porque hay una épica real sobre la que se monta la fantasía. Es la fascinación que siente por Evita el coronel de los servicios de inteligencia que oculta el cuerpo embalsamado, como lo relata Rodolfo Walsh en “Esa mujer”. Ese coronel existió, igual que el ocultamiento del cadáver, en el mismo servicio de inteligencia que estaba generando los mitos contra un peronismo derrocado pero fuertemente enraizado en las culturas populares.
Ingenuamente, el objetivo de esos cuentos era arrancar esa raíz. El mito denigrante como antídoto del mito favorable. Lo más irónico de la situación era que el jefe de la institución que generaba esos cuentos estaba totalmente subyugado por los mitos de esas raíces, sobre todo por el más potente, que era Evita, como lo relata también Tomás Eloy Martínez en Santa Evita. Mito contra mito, igual que ahora los partidarios del Gobierno se definen irónicamente como “la mierda oficialista”, en aquella época, los peronistas respondían: “Puto o ladrón, lo queremos a Perón”. No creían en las orgías de la UES ni en la encamada con Archie Moore. En el peor de los casos, esos cuentos contribuían a exaltar un nivel de sexualidad, por la que, en realidad, Perón nunca mostró mucho entusiasmo.
Esa leyenda negra tejida sobre las exequias de Kirchner ofrece el primer síntoma de que hay un hecho que desencaja, que produce rupturas y nacimientos, que necesita del mito para ser explicado. Y si para los protagonistas, los que asistieron a la Plaza y a la Casa Rosada, todo fue sorpresivo y desbordante, la leyenda negra deja vislumbrar un sentimiento de sorpresa atrapado en la propia mezquindad de quien ha tejido esa fantasía. Ante sus ojos todo aparece hiperdimensionado de gestos y emociones, con una épica que la deslumbra aunque la rechace. La impresión es tan fuerte que no se asimila y necesita su propia mentira para explicar ese rechazo. Entonces todo lo que ve se tiene que entender como una gran escena teatral, con el poeta Carlino pagado para leer sus poesías o Bauer para cantar el Ave María o el presidente de la SRA de una localidad cordobesa para darle fuerza a Cristina o los mozos de la Casa Rosada para llorar, o los miles de chicos que levantan el puño o hacen la “V”. Todo fue orquestado y guionado por Fuerza Bruta. Es un gran escenario montado alrededor de un cajón que ni siquiera tiene el cuerpo. Sin tristeza, sin lágrimas, sin espontaneidad, sin muerto.
Resulta extraña esa idea del cajón sin el muerto. Siempre hay una apropiación de los cuerpos, como con Evita o los desaparecidos. Hay una disputa por los restos de los que lucharon. Porque los que luchan no pasan inadvertidos, son odiados y son amados y trascienden en esos sentimientos, pero sus restos no tienen resplandores ni secretos. Quizá sus restos simbolicen esos sentimientos que los trascienden.
La leyenda negra circulará en las sobremesas de los countries, en las reuniones de las cámaras empresarias, se seguirá alimentando y de vez en cuando, algún periodista “independiente” dirá otra vez que la gente dice que el cuerpo de Néstor no estaba en el cajón. Otro dirá “Fuerza Bruta” por lo bajo. La leyenda crecerá en detalles y en veneno y con el tiempo hasta se podrá convertir en argumento político. Habrá sociólogos de la izquierda y la derecha académica que estudiarán las barbaridades que hacen los populismos.
Muchos de estos sociólogos se hicieron famosos investigando los mitos populares, es decir, “la estupidez” de los pueblos que generan mitos como los de Gardel, Maradona, Evita o el Che y los cuentos que los rodean. Los pueblos han generado esos mitos o leyendas blancas que enaltecen a esas figuras. Sería bueno que ahora estudiaran el fenómeno inverso. Porque en este caso no ha sido el pueblo el que inventó las historias, sino la “gente de bien”, o “las capas medias y altas blancas y urbanas”, como diría el sociólogo brasileño Emir Sader, o directamente la tilinguería, como le gustaba decir a don Arturo Jauretche. Sería interesante también subrayar que, a diferencia de los mitos populares –que la mayoría de las veces son enaltecedores–, en estos casos se trata de relatos denigrantes. Sobre todo, habría que reconocer que todavía no existe una leyenda para Néstor Kirchner, que sigue siendo un ser humano. Extrañamente, esta vez el antimito ha surgido antes que el mito.
domingo, 30 de enero de 2011
The sound of information...
And in the naked light I saw,
ten thousand people, maybe more
People talking without speaking,
people hearing without listening
People writing songs
that voices never shared,
And no one dared
To stir the sound of silence
Mirar no es ver
Por Douglas Rushkoff
A la mayoría de la gente le gusta pensar que las tecnologías y los medios de comunicación son neutrales y que sólo su uso o contenido determinan su impacto. Las armas no matan a la gente. Después de todo, la gente es la que mata a gente. Pero las armas nos predisponen más a matar que, por ejemplo, las almohadas, aunque muchos las han utilizado para ahogar a un cónyuge.
Nuestra incapacidad generalizada para reconocer el sesgo de las tecnologías que utilizamos nos hace incapaces de desarrollar cualquier tipo de control sobre ellas. Aceptamos nuestros iPads, nuestras cuentas de Facebook y los automóviles por lo que nos ofrecen y no por la mirada sobre el mundo que nos imponen.
Marshall McLuhan nos exhortó a reconocer que nuestros medios de comunicación tienen un impacto en nosotros más allá de cualquier contenido transmitido a través de ellos. Su mensaje es lo suficientemente cierto como para generalizarse a toda la tecnología.
Facebook, por ejemplo, nos está configurado para que nos pensemos a nosotros mismos (y a los demás) en términos del “me gusta”, opción que tanto clickeamos cuando aprobamos lo posteado por nuestros amigos. Un iPad, en tanto, nos empuja más a pagar por aplicaciones y a dejar de producir contenidos por nosotros mismos.
Si el concepto de que las tecnologías tienen sesgos (y nos imponen una determinada visión) se convirtiera en conocimiento común, podríamos entonces empezar realmente a usarlas consciente y deliberadamente. En cambio, si esta noción no se generaliza, nuestras tecnologías y sus efectos continuarán amenazándonos y confundiéndonos.
Douglas Rushkoff es teórico mediático de la Universidad de Princeton, Estados Unidos, y uno de los miembros más conocidos del movimiento cyberpunk.
ten thousand people, maybe more
People talking without speaking,
people hearing without listening
People writing songs
that voices never shared,
And no one dared
To stir the sound of silence
Mirar no es ver
Por Douglas Rushkoff
A la mayoría de la gente le gusta pensar que las tecnologías y los medios de comunicación son neutrales y que sólo su uso o contenido determinan su impacto. Las armas no matan a la gente. Después de todo, la gente es la que mata a gente. Pero las armas nos predisponen más a matar que, por ejemplo, las almohadas, aunque muchos las han utilizado para ahogar a un cónyuge.
Nuestra incapacidad generalizada para reconocer el sesgo de las tecnologías que utilizamos nos hace incapaces de desarrollar cualquier tipo de control sobre ellas. Aceptamos nuestros iPads, nuestras cuentas de Facebook y los automóviles por lo que nos ofrecen y no por la mirada sobre el mundo que nos imponen.
Marshall McLuhan nos exhortó a reconocer que nuestros medios de comunicación tienen un impacto en nosotros más allá de cualquier contenido transmitido a través de ellos. Su mensaje es lo suficientemente cierto como para generalizarse a toda la tecnología.
Facebook, por ejemplo, nos está configurado para que nos pensemos a nosotros mismos (y a los demás) en términos del “me gusta”, opción que tanto clickeamos cuando aprobamos lo posteado por nuestros amigos. Un iPad, en tanto, nos empuja más a pagar por aplicaciones y a dejar de producir contenidos por nosotros mismos.
Si el concepto de que las tecnologías tienen sesgos (y nos imponen una determinada visión) se convirtiera en conocimiento común, podríamos entonces empezar realmente a usarlas consciente y deliberadamente. En cambio, si esta noción no se generaliza, nuestras tecnologías y sus efectos continuarán amenazándonos y confundiéndonos.
Douglas Rushkoff es teórico mediático de la Universidad de Princeton, Estados Unidos, y uno de los miembros más conocidos del movimiento cyberpunk.
jueves, 27 de enero de 2011
Coincidencias?
El país visto desde Recoleta, o desde la óptica de Macri:

Macri: "Tenemos un ciclón que nos empuja y andamos con el freno de mano puesto"
El jefe de gobierno porteño manifestó que su ideal de país "sería el empuje y optimismo brasileño con la seriedad e institucionalidad chilena"; críticas al Gobierno.
Lo pueden leer ustedes mismos en http://www.lanacion.com.ar/1344985-macri-tenemos-un-ciclon-que-nos-empuja-y-andamos-con-el-freno-de-mano-puesto

Macri: "Tenemos un ciclón que nos empuja y andamos con el freno de mano puesto"
El jefe de gobierno porteño manifestó que su ideal de país "sería el empuje y optimismo brasileño con la seriedad e institucionalidad chilena"; críticas al Gobierno.
Lo pueden leer ustedes mismos en http://www.lanacion.com.ar/1344985-macri-tenemos-un-ciclon-que-nos-empuja-y-andamos-con-el-freno-de-mano-puesto
jueves, 13 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
Correa dixit
Entrevista a Rafael Correa por Ignacio Ramonet. Fuente: Miradas al Sur.
(Entrevista completa).
• “Queremos que los banqueros dejen de controlar los medios”
–Su gobierno está proponiendo una ley sobre la propiedad de los medios de comunicación que aparece como una de las más avanzadas del mundo. ¿Qué resistencias está suscitando la adopción de esa ley?
–Bueno, no sé si usted se refiere a lo que dice la Constitución, que prohibió que grupos financieros posean medios de comunicación y justo el plazo se acababa en el mes de octubre de 2010. Yo, en agosto, anticipé: “¡Estén atentos! Se puede esperar cualquier cosa”. Porque quitarle al sector financiero los medios de comunicación es un cambio real en las relaciones de poder. Antes, en este país, ¿qué podía hacer usted contra la banca? Si la banca, de los siete canales nacionales de televisión, poseía cinco… Y los otros dos, los controlaba mediante la publicidad. O sea que si usted quería legislar sobre tasas de interés, tenía una campaña permanente de “atentado a la propiedad privada”, a “la iniciativa privada”, a “la libre empresa”; y los dos canales que no eran de la banca tenían que quedarse calladitos porque, si no, perdían publicidad. Era un poder enorme. Entonces ésta es una medida que cambia realmente las relaciones de poder en nuestro país. Ya lo anticipé: “¡Estén muy atentos! Porque esta gente va a internar cualquier cosa para evitar llegar a octubre y que tengan que entregar los medios de comunicación”. No me equivoqué. Probablemente [el intento de golpe de] el 30 de septiembre fue una cosa fundamentada en esto, con financiamiento de parte de banqueros corruptos, de representantes del sector financiero que no querían perder sus medios de comunicación.
Pero les falló el golpe, y en octubre tuvieron que entregar los medios de comunicación. Estamos revisando algunas transacciones aparentemente ficticias que se han hecho, cambio de propiedad pero formal, los mismos banqueros quieren seguir manejando esos medios. Entonces es un golpe durísimo a favor del cambio de las relaciones de poder en función de las grandes mayorías. Y, por otra parte, en efecto, se está discutiendo una ley en la Asamblea Nacional, una ley muy avanzada para que la ciudadanía controle los excesos de cierta prensa. Pero no se imagina el ataque que ha recibido esa ley, la campaña tal vez más grande de este país, páginas enteras en los periódicos, todo coordinado, todos los periódicos con páginas enteras diciendo “más respeto”, “nuestra libertad está en juego”.
–¿Cómo explica usted que América latina sea hoy la región del mundo dónde más experiencias progresistas se están llevando a cabo?
–Coincidencias muy felices, ¿no? Y abusos en la falta de límites de la burguesía. Nos explotaron demasiado. O sea con el neoliberalismo, y después con el señor [George W.] Bush. Por ejemplo, los bancos centrales autónomos. ¿Qué eran los bancos centrales autónomos? Independientemente de quién llegase al poder, seguían haciendo la misma política monetaria. Eran autónomos de nuestra democracia, de nuestros pueblos, pero bien dependiente de la burocracia internacional. Entonces [ese sistema] estaba hecho para que nada cambie. Además del fracaso económico, social, democrático de estas décadas de la larga noche neoliberal.
América latina perdió hasta la dignidad, la autoestima, a nadie le sorprendía que viniese un burócrata del FMI a decirnos qué hacer, a revisarnos las cuentas. Ahora, baja un burócrata del avión y por el mismo avión se va de regreso. Yo nunca olvidaré –y esto me clarificó mucho las cosas, como lo acabo de decir en la Cumbre Iberoamericana–, cuando fui a acompañar a Cristina [Fernández] frente al féretro de Néstor Kirchner, pasaban decenas de miles de argentinos, sobre todo jóvenes, y nadie decía: “Gracias Néstor por haber aumentado las reservas monetarias”, o “Gracias Néstor por haber reducido el riesgo país”, decían: “Gracias Néstor por habernos devuelto la dignidad”. O sea América latina prefiere el riesgo de ser libre a la nefasta solvencia de los serviles.
(Entrevista completa).
• “Queremos que los banqueros dejen de controlar los medios”
–Su gobierno está proponiendo una ley sobre la propiedad de los medios de comunicación que aparece como una de las más avanzadas del mundo. ¿Qué resistencias está suscitando la adopción de esa ley?
–Bueno, no sé si usted se refiere a lo que dice la Constitución, que prohibió que grupos financieros posean medios de comunicación y justo el plazo se acababa en el mes de octubre de 2010. Yo, en agosto, anticipé: “¡Estén atentos! Se puede esperar cualquier cosa”. Porque quitarle al sector financiero los medios de comunicación es un cambio real en las relaciones de poder. Antes, en este país, ¿qué podía hacer usted contra la banca? Si la banca, de los siete canales nacionales de televisión, poseía cinco… Y los otros dos, los controlaba mediante la publicidad. O sea que si usted quería legislar sobre tasas de interés, tenía una campaña permanente de “atentado a la propiedad privada”, a “la iniciativa privada”, a “la libre empresa”; y los dos canales que no eran de la banca tenían que quedarse calladitos porque, si no, perdían publicidad. Era un poder enorme. Entonces ésta es una medida que cambia realmente las relaciones de poder en nuestro país. Ya lo anticipé: “¡Estén muy atentos! Porque esta gente va a internar cualquier cosa para evitar llegar a octubre y que tengan que entregar los medios de comunicación”. No me equivoqué. Probablemente [el intento de golpe de] el 30 de septiembre fue una cosa fundamentada en esto, con financiamiento de parte de banqueros corruptos, de representantes del sector financiero que no querían perder sus medios de comunicación.
Pero les falló el golpe, y en octubre tuvieron que entregar los medios de comunicación. Estamos revisando algunas transacciones aparentemente ficticias que se han hecho, cambio de propiedad pero formal, los mismos banqueros quieren seguir manejando esos medios. Entonces es un golpe durísimo a favor del cambio de las relaciones de poder en función de las grandes mayorías. Y, por otra parte, en efecto, se está discutiendo una ley en la Asamblea Nacional, una ley muy avanzada para que la ciudadanía controle los excesos de cierta prensa. Pero no se imagina el ataque que ha recibido esa ley, la campaña tal vez más grande de este país, páginas enteras en los periódicos, todo coordinado, todos los periódicos con páginas enteras diciendo “más respeto”, “nuestra libertad está en juego”.
–¿Cómo explica usted que América latina sea hoy la región del mundo dónde más experiencias progresistas se están llevando a cabo?
–Coincidencias muy felices, ¿no? Y abusos en la falta de límites de la burguesía. Nos explotaron demasiado. O sea con el neoliberalismo, y después con el señor [George W.] Bush. Por ejemplo, los bancos centrales autónomos. ¿Qué eran los bancos centrales autónomos? Independientemente de quién llegase al poder, seguían haciendo la misma política monetaria. Eran autónomos de nuestra democracia, de nuestros pueblos, pero bien dependiente de la burocracia internacional. Entonces [ese sistema] estaba hecho para que nada cambie. Además del fracaso económico, social, democrático de estas décadas de la larga noche neoliberal.
América latina perdió hasta la dignidad, la autoestima, a nadie le sorprendía que viniese un burócrata del FMI a decirnos qué hacer, a revisarnos las cuentas. Ahora, baja un burócrata del avión y por el mismo avión se va de regreso. Yo nunca olvidaré –y esto me clarificó mucho las cosas, como lo acabo de decir en la Cumbre Iberoamericana–, cuando fui a acompañar a Cristina [Fernández] frente al féretro de Néstor Kirchner, pasaban decenas de miles de argentinos, sobre todo jóvenes, y nadie decía: “Gracias Néstor por haber aumentado las reservas monetarias”, o “Gracias Néstor por haber reducido el riesgo país”, decían: “Gracias Néstor por habernos devuelto la dignidad”. O sea América latina prefiere el riesgo de ser libre a la nefasta solvencia de los serviles.
martes, 4 de enero de 2011
Feliz año, lechones!
Feliz año, lechones
Por Eduardo Blaustein
A ver si poniéndole onda nos ingeniamos para hacer una contratapa findeañera que adolezca de amargores. Ooommmmm. Una contratapa que (¿otra vez?) hable malito de los medios. Pero de un modo, digamos, livianegui, tranquinal, festilindo. O desde otro lugar; y a la sombra.Va dedicada esta contratapa entonces, deseándole felicidad al universo todo, a la Argentina media mediática rezongona. Que naides alce el facón diciendo que hablar de una Argentina rezongona – quejica es buena expresión, pero no telúrica– implica desconocer a los millones que la pasan fulería. No es sobre ellos la cosa. Es, entre otros, sobre los que están medianamente o muy gorditos y no les va tan mal. Al-fon-sín.Hablemos pues, con el mismo gesto contrito, amargo, acalorado y gritón que buscan afanosamente los movileros para representar un país de gesto contrito, amargo, acalorado y gritón. Hay una sinergia allí que es a la vez maravilla y espanto: nos retratan irritados y nos irritan, nos capturan puteando y nos convertimos en legión de puteadotes. Nos angustian, nos degradan, nos intoxican, nos llenan la cabeza, nos perturban, nos cagan hasta las fiestas.Y no es necesariamente que lo hacen con severos escándalos políticos. Lo hacen minuciosamente todos los días erosionando con chiquitaje forzado: “falta nafta/ largas colas” (largas colas las que se van de vacaciones por las rutas), “decenas de barrios sin luz” (récord de consumo), “la autopista Buenos Aires-La Plata está imposible”. Pronúnciese “imposible” como sobreesdrújula, con acento en la primera i y un gesto de antiguo maricón de variedades: ím-po-si-ble. “La ciudad, un horno”. Ir al kiosco de la esquina, “una odisea”.Detengámonos en los pánicos del verano con sus alertas de incendiados colores. Primera cuestión: ¿hace falta que la tele salga a la calle para que la gente que está en la calle sepa cómo está en la calle respecto del calor? ¿La gente está en la calle con calor pero necesita que le certifiquen que tiene calor? ¿Necesita saber la gente que tiene sed que la sed se sacia con agua, que a fines de diciembre en el microcentro la ropa liviana es más conveniente que el sobretodo y que la sombra es preferible a Ra?Es cierto que en mi infancia no existía internet. Pero que yo recuerde de entonces –años ’60– ya se había inventado el verano. Y los 33, 34, 38 grados. En mi infancia (y fue una infancia de clase media) combatíamos patéticamente la cosa con un ventiladorcito de mierda con carcasa de hierro y paletas de bronce que yo paraba con un dedo. Nunca hubo ni aire acondicionado ni ventilador de techo. La primera revolución tecnológica a la hora de combatir los 36 grados fue un turbo industria nacional cuya marca no recuerdo, pero andaba entre Fundaleu y Laponia. ¿Y qué hacíamos con la calor por las noches? Ventanas abiertas y tres veces a la madrugada mojarnos el bocho y la almohada.Y saltaban los tapones, y echábamos Flit, y sin embargo los bichos se arremolinaban en nubes en torno de la lámpara sobre la mese en la que cenábamos, y una noche en mi barrio hubo una eclosión de algo así como cigarras que amanecieron muertas de a miles, resecas sobre la calle y las veredas, y los alguaciles anunciaban lluvia, y poníamos la botella en el congelador diminuto de la heladera Siam, la legendaria de la manija rematada en pelota de ping-pong.Pero sobre todo, fiera, no éramos tan rezongones o quejicas, tan de bufar indignaditos como viejo maricón de varieté, tan formateados por los medios para serlo. A cierta edad uno alucina por ciertas transformaciones sucedidas en pocos años: de la bella heladerita de roble a hielo seco que usaban nuestros viejos a la gigantesca con freezer, del brasero al microondas, de las cartas que llegaban tres meses después o nunca en el exilio a internet y los celulares. Conviven sin embargo en Argentina los usos masivos de todo aparataje con un difuso imaginario de crisis permanente y de queja, rezongo, putear al otro y mariconada.La hipótesis es ésa, entonces: que si nos hicimos más chotos, más mañeros, más putos del orto de revista con Moria Casán, en alguna medida fue por la presencia avejentante de los medios que tantos nos emputecen y fatigan. Siempre tratando de dar con el sorete virtual al que echarle la culpa, fieles a la noble tradición del que no llora no mama. Hay una Argentina ventajera, chiquita, egoísta, producto de ese clima irritadito de 36 grados a la sombra. Aquí va en primicia absoluta, escandalosa exclusiva, un dato por el que nos afiebramos de rabia hace unos días en Miradas al Sur. Trabajábamos a todo trapo el miércoles 22 pasado para cerrar la edición posterior a la Navidad. Hambre tuvimos. Pedimos sámbuches del bar que suele aprovisionarnos. No vamos a buchonear aquí cuál es el bar. Pero sí digamos que está en una esquina de Palermo Viejo, al límite con Queens. Pinta de bar de barrio, de parada para tacheros y laburantes. De ese bar impío y falsario el que suscribe pidió un sámbuche de salame y tomate. Digan ustedes: ¿cuánto lo cobraron? ¡¡¡¡16 pesos!!!! ¡¡¡¡Un cacho de pan, una feta de salame, otra de tomate!!!! ¡¡¡¡El tomate en estos días anda en menos de cuatro pesos el kilo!!! ¿Cuánto puede costarle al dueño del bar ese sámbuche? ¿Un peso y medio? ¿Dos pesos? ¿Tres pesos? 16 pesos contra tres, hagan ustedes el cálculo del margen de ganancia y metaforicen libremente con las empresas del rubro que se les cante.–Pensá en los gastos de alquiler del local, la luz, el personal –dijo una compañera, pretendiendo ser irónica.Con todo respeto por el pequeño comerciante de las pampas, en estos días de lechón, vitel thoné y alto consumo hay que decirlo: hay una Argentina profundamente jodida, una Argentina gastronómica, rotisera, parripollera, franquiciera de empanadas, que es de lo más… (espacio para publicidad) … que tenemos. Es parte de esa misma Argentina ventajera que se prolonga y rebrota entusiasta en decenas de localidades turísticas. Denuncia nuestro compañero de redacción Miguel Russo que en cierto restaurante tradicional de Gesell de un día para el otro le duplicaron el precio de su morfi preferido (chipirones a la plancha) porque “comenzó la temporada turistica”. Es una Argentina del presente histérico perpetuo (casualmente el tiempo que conjugan los medios), de la apuesta corta al lucro rapidito. Así crecieron de horribles, apuntando exclusivamente a la guita de cada temporada, nunca cuidando el futuro, tantos lugares que fueron bonitos, de Gesell a Bariloche. Crecen, y por favor sepan disculpar el gorilismo, de un modo profundamente grasa, feo y ruidoso.Así que quéjense, manga de turros. Y no vengan a decir que uno está en contra del progreso porque confort no es progreso y si ustedes se hicieron adictos al celular o al split es porque no recuerdan lo grata que era la vida cuando cazábamos en horda. Así que sigan quejándose. Porque hace calor, porque ponen el acondicionador al mango de a millones y se corta la luz. Corten la calle por eso y después puteen a los que la cortan por otras razones. Mátense nomás a bocinazos. Pidan la horca para todos los árbitros de todas las divisionales y para los DTs el garrote vil. Échenle la culpa de la ausencia de lluvias a los funcionarios del mundo entero. Cambien nomás el auto y vayan a la cola de la Shell. Cómprense siete plasmas y diecisiete camaritas digitales y vuelvan a tocar furibunda la bocina ante la cabina del peaje, de camino a la costa, manga de gorditos, amargos calvos y lechones.Felices fiestas para todos, ya me hicieron calentar (mil perdones a los que en estas horas padecen algún corte de luz).
Por Eduardo Blaustein
A ver si poniéndole onda nos ingeniamos para hacer una contratapa findeañera que adolezca de amargores. Ooommmmm. Una contratapa que (¿otra vez?) hable malito de los medios. Pero de un modo, digamos, livianegui, tranquinal, festilindo. O desde otro lugar; y a la sombra.Va dedicada esta contratapa entonces, deseándole felicidad al universo todo, a la Argentina media mediática rezongona. Que naides alce el facón diciendo que hablar de una Argentina rezongona – quejica es buena expresión, pero no telúrica– implica desconocer a los millones que la pasan fulería. No es sobre ellos la cosa. Es, entre otros, sobre los que están medianamente o muy gorditos y no les va tan mal. Al-fon-sín.Hablemos pues, con el mismo gesto contrito, amargo, acalorado y gritón que buscan afanosamente los movileros para representar un país de gesto contrito, amargo, acalorado y gritón. Hay una sinergia allí que es a la vez maravilla y espanto: nos retratan irritados y nos irritan, nos capturan puteando y nos convertimos en legión de puteadotes. Nos angustian, nos degradan, nos intoxican, nos llenan la cabeza, nos perturban, nos cagan hasta las fiestas.Y no es necesariamente que lo hacen con severos escándalos políticos. Lo hacen minuciosamente todos los días erosionando con chiquitaje forzado: “falta nafta/ largas colas” (largas colas las que se van de vacaciones por las rutas), “decenas de barrios sin luz” (récord de consumo), “la autopista Buenos Aires-La Plata está imposible”. Pronúnciese “imposible” como sobreesdrújula, con acento en la primera i y un gesto de antiguo maricón de variedades: ím-po-si-ble. “La ciudad, un horno”. Ir al kiosco de la esquina, “una odisea”.Detengámonos en los pánicos del verano con sus alertas de incendiados colores. Primera cuestión: ¿hace falta que la tele salga a la calle para que la gente que está en la calle sepa cómo está en la calle respecto del calor? ¿La gente está en la calle con calor pero necesita que le certifiquen que tiene calor? ¿Necesita saber la gente que tiene sed que la sed se sacia con agua, que a fines de diciembre en el microcentro la ropa liviana es más conveniente que el sobretodo y que la sombra es preferible a Ra?Es cierto que en mi infancia no existía internet. Pero que yo recuerde de entonces –años ’60– ya se había inventado el verano. Y los 33, 34, 38 grados. En mi infancia (y fue una infancia de clase media) combatíamos patéticamente la cosa con un ventiladorcito de mierda con carcasa de hierro y paletas de bronce que yo paraba con un dedo. Nunca hubo ni aire acondicionado ni ventilador de techo. La primera revolución tecnológica a la hora de combatir los 36 grados fue un turbo industria nacional cuya marca no recuerdo, pero andaba entre Fundaleu y Laponia. ¿Y qué hacíamos con la calor por las noches? Ventanas abiertas y tres veces a la madrugada mojarnos el bocho y la almohada.Y saltaban los tapones, y echábamos Flit, y sin embargo los bichos se arremolinaban en nubes en torno de la lámpara sobre la mese en la que cenábamos, y una noche en mi barrio hubo una eclosión de algo así como cigarras que amanecieron muertas de a miles, resecas sobre la calle y las veredas, y los alguaciles anunciaban lluvia, y poníamos la botella en el congelador diminuto de la heladera Siam, la legendaria de la manija rematada en pelota de ping-pong.Pero sobre todo, fiera, no éramos tan rezongones o quejicas, tan de bufar indignaditos como viejo maricón de varieté, tan formateados por los medios para serlo. A cierta edad uno alucina por ciertas transformaciones sucedidas en pocos años: de la bella heladerita de roble a hielo seco que usaban nuestros viejos a la gigantesca con freezer, del brasero al microondas, de las cartas que llegaban tres meses después o nunca en el exilio a internet y los celulares. Conviven sin embargo en Argentina los usos masivos de todo aparataje con un difuso imaginario de crisis permanente y de queja, rezongo, putear al otro y mariconada.La hipótesis es ésa, entonces: que si nos hicimos más chotos, más mañeros, más putos del orto de revista con Moria Casán, en alguna medida fue por la presencia avejentante de los medios que tantos nos emputecen y fatigan. Siempre tratando de dar con el sorete virtual al que echarle la culpa, fieles a la noble tradición del que no llora no mama. Hay una Argentina ventajera, chiquita, egoísta, producto de ese clima irritadito de 36 grados a la sombra. Aquí va en primicia absoluta, escandalosa exclusiva, un dato por el que nos afiebramos de rabia hace unos días en Miradas al Sur. Trabajábamos a todo trapo el miércoles 22 pasado para cerrar la edición posterior a la Navidad. Hambre tuvimos. Pedimos sámbuches del bar que suele aprovisionarnos. No vamos a buchonear aquí cuál es el bar. Pero sí digamos que está en una esquina de Palermo Viejo, al límite con Queens. Pinta de bar de barrio, de parada para tacheros y laburantes. De ese bar impío y falsario el que suscribe pidió un sámbuche de salame y tomate. Digan ustedes: ¿cuánto lo cobraron? ¡¡¡¡16 pesos!!!! ¡¡¡¡Un cacho de pan, una feta de salame, otra de tomate!!!! ¡¡¡¡El tomate en estos días anda en menos de cuatro pesos el kilo!!! ¿Cuánto puede costarle al dueño del bar ese sámbuche? ¿Un peso y medio? ¿Dos pesos? ¿Tres pesos? 16 pesos contra tres, hagan ustedes el cálculo del margen de ganancia y metaforicen libremente con las empresas del rubro que se les cante.–Pensá en los gastos de alquiler del local, la luz, el personal –dijo una compañera, pretendiendo ser irónica.Con todo respeto por el pequeño comerciante de las pampas, en estos días de lechón, vitel thoné y alto consumo hay que decirlo: hay una Argentina profundamente jodida, una Argentina gastronómica, rotisera, parripollera, franquiciera de empanadas, que es de lo más… (espacio para publicidad) … que tenemos. Es parte de esa misma Argentina ventajera que se prolonga y rebrota entusiasta en decenas de localidades turísticas. Denuncia nuestro compañero de redacción Miguel Russo que en cierto restaurante tradicional de Gesell de un día para el otro le duplicaron el precio de su morfi preferido (chipirones a la plancha) porque “comenzó la temporada turistica”. Es una Argentina del presente histérico perpetuo (casualmente el tiempo que conjugan los medios), de la apuesta corta al lucro rapidito. Así crecieron de horribles, apuntando exclusivamente a la guita de cada temporada, nunca cuidando el futuro, tantos lugares que fueron bonitos, de Gesell a Bariloche. Crecen, y por favor sepan disculpar el gorilismo, de un modo profundamente grasa, feo y ruidoso.Así que quéjense, manga de turros. Y no vengan a decir que uno está en contra del progreso porque confort no es progreso y si ustedes se hicieron adictos al celular o al split es porque no recuerdan lo grata que era la vida cuando cazábamos en horda. Así que sigan quejándose. Porque hace calor, porque ponen el acondicionador al mango de a millones y se corta la luz. Corten la calle por eso y después puteen a los que la cortan por otras razones. Mátense nomás a bocinazos. Pidan la horca para todos los árbitros de todas las divisionales y para los DTs el garrote vil. Échenle la culpa de la ausencia de lluvias a los funcionarios del mundo entero. Cambien nomás el auto y vayan a la cola de la Shell. Cómprense siete plasmas y diecisiete camaritas digitales y vuelvan a tocar furibunda la bocina ante la cabina del peaje, de camino a la costa, manga de gorditos, amargos calvos y lechones.Felices fiestas para todos, ya me hicieron calentar (mil perdones a los que en estas horas padecen algún corte de luz).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
