Me arriesgo a aventurar que los propios griegos, que también son "mundo", no deben estar muy aliviados...Por lo menos el chico que está ensangrentado y el otro apaleado no lo parecen...
A La Nación le deben gustar los rescates...
Redacción de ZOOM
Quienes critican a la compañera de fórmula presidencial del gobernador socialista por impostar un falso progresismo, tienen sobrados argumentos cuando se analiza su conducta parlamentaria como senadora. Ex periodista de Clarín, Norma Morandini se levantó y no participó de la votación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Frente Amplio y Progresista se denomina la alianza que llevará como candidatos a presidente y vice de la Nación al gobernador Hermes Binner y la senadora Norma Morandini. La amplitud de dicho Frente quedó algo machucada tras el retiro de Pino Solanas, producido al cierre mismo del plazo de inscripción estipulado por la ley. Y su carácter progresista parece no encontrar demasiado soporte en la conducta parlamentaria de la compañera de fórmula del mandatario santafesino.
Quienes califican a esta propuesta denominada de centroizquierda como una colectora de Héctor Magnetto, el CEO del Grupo Clarín, enumeran un extenso listado de votos negativos de Morandini a iniciativas intrínsicamente ligadas a la tradición del progresismo y a otras de interés nacional. A saber:
• Creación del Banco Nacional de Datos Genéticos como organismo descentralizado.
• Incorporación en el Código Procesal Penal de la Nación del Artículo 218 bis, sobre obtención del Acido Desoxirribonucleico
-ADN- del imputado o de otra persona.
• Ley de Protección de Glaciares 2010 (texto consensuado entre el oficialismo y bloques opositores).
• Prórroga hasta el 31/12/2007 de las leyes 25.561 y 26.077 de emergencia económica, sanitaria y ocupacional, y vigencia del Programa Jefes de Hogar.
• Ratificación de la resolución 125 (retenciones).
• Ley de facultades delegadas (2009/2010).
• Presupuesto 2009.
• Presupuesto 2010.
• Rescate de Aerolíneas Argentinas y Austral.
• Incorporación del 24 de Marzo como feriado nacional.
Como si resultaran insuficientes estos ejemplos, Morandini se ausentó a la hora de votar estos proyectos:
• Régimen de Promoción para Producción y uso sustentable de Biocombustibles en territorio argentino.
• Promoción y regulación del microcréditos destinados a grupos de escasos recursos.
• Incentivos para adquisición o construcción de vivienda única, familiar y permanente.
• Régimen del derecho personalísimo sobre el propio cuerpo, en lo referente a intervenciones quirúrgicas sobre concepción o procreación.
• Emergencia en materia de posesión y propiedad de tierras que ocupan las comunidades indígenas originarias.
• Régimen de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.
• Creación del Registro Nacional de Condenados por Delitos Contra la Integridad Sexual.
• Presupuesto 2007.
• Presupuesto 2008.
La frutilla del postre la constituye sin dudas su postura frente a la Ley sobre Regulación de los Servicios de Comunicación Audiovisual. En aquel debate parlamentario, Morandini participó pero se levantó antes de votar. Actitud muy diferente a la del gobernador Binner, quien había manifestado a los medios su aceptación al impulso de dicha norma. Pero Norma, aquella noche, no quiso contrariar a su antiguo patrón o quizá tuvo nostalgias de su paso por la calle Tacuarí.
Binner no la tiene fácil. No sólo tiene que demostrar su pretendido progresismo desde Santa Fe al país. Ahora, además, deberá cuidarse de cuestionar a Alfonsín Jr. por su corrimiento a la derecha. Si lo hace, no faltará quien le enrostre los antecedentes que aquilata su candidata a vice.
El presupuesto del documental fue de unos 8000 euros y se puede ver en Internet. Más de un millón de espectadores ya lo han visto en las diferentes versiones subtituladas desde su estreno hace poco más de dos meses. Se trata de un film sobre la crisis financiera global, la que golpea con ferocidad a Grecia, el desmoronamiento de sus finanzas públicas, el préstamo de 110.000 millones de dólares de Europa y el Fondo Monetario Internacional y los salvajes recortes del gasto público. “Debtocracy (en griego, Xpeokpatia)” es un documental realizado por los periodistas griegos Katerina Kitidi y Ari Hatzistefanou, distribuido en Internet libremente por sus autores. Estos manifiestan la intención de buscar las causas de la crisis y de la deuda en Grecia que los medios de comunicación dominantes ocultan (www.you tube.com/watch?v=KX82sXKwaMg). Presentan la idea de que todo el sistema del euro estaba condenado al fracaso desde un principio, con los banqueros de Frankfurt y París ofreciendo créditos acumulando fabulosas ganancias, al tiempo que esas potencias europeas contabilizaban elevados superávit de capital mientras que los países europeos del sur equilibraban sus cuentas con esos préstamos baratos, subidos a una bonanza de consumo. El domingo pasado se publicó en el suplemento económico Cash un reportaje a Costas Lapavitsas, profesor en el School of Oriental and African Studies de Londres, uno de los economistas que actúa como guía argumental del documental. Lapavitsas destaca que en ese esquema desigual que favoreció a Alemania, Grecia fue el país más vulnerable. En el documental se escuchan testimonios de políticos y representantes de las finanzas que revelan que Grecia está dispuesta a declarar el default a sus ciudadanos (transporte, sanidad, educación, sueldos, jubilaciones) antes que suspender los pagos a los acreedores. El film no tiene el estilo de Inside Job. No es un alegato moral sobre buenos o malos en el mundo global de las finanzas, sino que va directamente contra las bases de la crisis.
David Harvey, geógrafo y teórico social británico, profesor en la City University of New York, también fue entrevistado en el Cash en la edición del 16 de enero de este año, explica en Deudocracia que no existe “un capitalismo sin crisis” y que la actual no se puede entender sin considerar la de los setenta. Esta se manifestó con el agotamiento de la denominada edad de oro del capitalismo, que ante la caída de las utilidades de las empresas se orientó a debilitar el poder de los trabajadores, que entonces eran muy fuertes en Europa y Estados Unidos. “La vía de salida de esa crisis fue una gran presión sobre los salarios”, apunta Harvey, puesto que los trabajadores estaban organizados, tenían un gran poder político que se reflejaba en los gobiernos y en las elecciones. “Eso era un gran problema para el capital y así fue que tuvo que empezar a disciplinar a los trabajadores”, señala. Una de las formas fue la apertura de los mercados nacionales a la competencia global, irrumpiendo los países asiáticos con China a la cabeza produciendo bienes con un costo más bajo de la mano de obra. De esa manera aumentó el desempleo y disminuyó el ingreso de los trabajadores de los países centrales. Comenzó un período de fuerte redistribución regresiva del ingreso con la pérdida de poder adquisitivo. Como el sistema de producción requería mantener el nivel de consumo, Harvey destaca que en ese momento emerge con fuerza el sistema financiero para ofrecer el crédito “para cubrir el bache entre los ingresos reales disminuidos y el poder adquisitivo” necesario para poder continuar con la compra de bienes en una sociedad del hiperconsumo. Ese apogeo vía créditos en sociedades con empeoramiento de la distribución del ingreso hizo eclosión. Estos factores forman parte de la base material para comprender la actual crisis en las potencias y las dificultades que enfrentan para poder salir de ella si la pretendida salida es salvar a los acreedores (bancos) ahogando aún más a los deudores-consumidores (trabajadores).
En un didáctico documento los periodistas norteamericanos Dave Gilson y Carolyn Perot exponen en “Es la desigualdad, estúpido” cómo la distribución regresiva del ingreso a partir del dominio de las políticas neoliberales explican la actual crisis en Estados Unidos. Con fuentes oficiales, de organismos internacionales y de estudios académicos, definieron diez imágenes contundentes sobre el retroceso social y de concentración de riqueza en la potencia mundial. Una de ellas expresa que “una enorme porción del crecimiento económico de los últimos 30 años (de Estados Unidos) ha ido a parar a la centésima parte situada en la cúspide de la pirámide del uno por ciento de los más ricos, que ahora disponen, en promedio, de 27 millones de dólares por familia. Por el contrario, el ingreso promedio del 90 por ciento situado en la base es de 31.244 dólares”. Precisan que el 10 por ciento más rico controla 2/3 de las riquezas equivalentes al Producto estadounidense, distribución realizada con base en 2007 que no refleja el impacto del desplome del mercado inmobiliario. Según Gilson y Perot, en ese año el 6 por ciento de los norteamericanos que se hallaban en la base de la pirámide económica tenían el 65 por ciento de su patrimonio atado a su vivienda, mientras que el uno por ciento de la cúpula, por el contrario, sólo el 10 por ciento. “No caben dudas de que la crisis inmobiliaria ha contribuido a aumentar la porción del patrimonio total detentado por los archirricos”, sentencian.
La política impositiva no ha sido ajena a la conformación de una estructura económica desigual dominada por rentistas y acreedores (tenedores de bonos de deuda y bancos), que erosionó la base fiscal y gatilló una deuda monumental, hoy en riesgo de default según lo admitió el titular de la Reserva Federal (banca central estadounidense), Ben Bernanke. El politólogo estadounidense Travis Waldron en su webside ThinkProgress señala que “los primeros 400 contribuyentes, que poseen más riqueza que la mitad de todos los norteamericanos juntos, están pagando impuestos más bajos de los que han pagado en una generación, puesto que sus responsabilidades tributarias han ido declinando poco a poco desde los tiempos del New Deal. Entretanto a las familias trabajadoras se les ha exigido cada vez más impuestos”. Las cifras que ofrecen Gilson y Perot son elocuentes: la tasa efectiva de impuestos para la cabeza de familia con ingresos equivalentes a un millón de dólares (de 2010) anuales no provenientes de inversiones financieras se ubica ahora en el 32,4 por ciento, cuando era de 66,4 por ciento en 1945, bajando a 47,7 por ciento en 1982 con los recortes de impuestos de Ronald Reagan.
Bernanke advirtió que si el Congreso bajo control republicano no aprueba subir el techo de la deuda de Estados Unidos de 14,3 billones de dólares podría perder su calificación crediticia “AAA” y dañarse la cualidad del dólar como moneda de reserva. Bernanke dramatizó que “incluso una corta suspensión de pagos de capital o intereses en las obligaciones de deuda del Tesoro podría causar severos trastornos en los mercados financieros y en el sistema de pagos”. Los sectores conservadores expresados por los republicanos exigen al gobierno de Barack Obama medidas para bajar el gasto en lugar de subir impuestos para habilitar la ampliación de esa monumental debtocracy. El plazo para alcanzar un acuerdo y evitar el default es el 2 de agosto.
La participación de Beatriz Sarlo en el programa 6, 7, 8 de la Televisión Pública desató múltiples reacciones, comentarios y reflexiones. Luciano Sanguinetti discute desde la teoría de la comunicación algunas de las afirmaciones de Sarlo. Y Javier Lorca lo hace analizando la actitud que la ensayista adoptó en el debate.
La referencia que hizo la ensayista argentina Beatriz Sarlo a los estudios de comunicación en la reciente emisión del programa 6,7,8, en donde sostuvo que se habría demostrado hace cincuenta años que los efectos de los medios sobre la conciencia política de los consumidores no son tales, es una afirmación cierta, pero paradójicamente equívoca en el contexto en que se la enunció.
Vayamos al caso. A lo que Sarlo se refiere es al trabajo de Paul Lazarfeld, el investigador austríaco exiliado en los Estados Unidos en los años ’40, que se conoce como La elección de la gente (o The People Choice), publicada luego de la Segunda Guerra Mundial. En dicha investigación, uno de los padres del funcionalismo norteamericano demostró que en los contextos de recepción mediática, en aquel caso, radiofónica, durante la campaña presidencial del año ’41, en el pequeño pueblo de Ohio, los receptores se exponían selectivamente a los discursos políticos.
El descubrimiento de Lazarfeld que lo hizo famoso, es decir, la “exposición selectiva”, venía a demostrar que los oyentes sólo consumían los mensajes radiofónicos de campaña que coincidían con sus propios prejuicios. Traduciendo: en general escuchamos, vemos o leemos los mensajes de los medios que coinciden con nuestras ideas políticas. De allí Lazarfeld dedujo que los medios son muy poco útiles para dirigir la voluntad de la gente, porque la gente no va a exponerse a mensajes que contradigan sus creencias.
Este argumento morigeró todas las teorías que sostenían la omnipotencia de los medios. Así nació la teoría de los efectos limitados de los medios, como dicen los libros introductorios a los estudios de comunicación, desde Mata hasta Wolf y lo saben casi todos los estudiantes de comunicación que hayan alcanzado al menos la mitad de sus carreras en las universidades públicas argentinas, donde Sarlo estudió y se lee todavía.
Lo que llama la atención es que Sarlo haya usado este argumento contra Gabriel Mariotto en su reciente debate televisivo en 6,7,8 cuando la misma Sarlo sabe, y no quiero creer otra cosa, cuánta agua teórica corrió debajo del puente; desde el filósofo alemán Jurgen Habermas hasta el galés Raymond Williams; pero también cuánto se modificó el mapa de medios en el mundo desde aquella lejana investigación, cuando todavía no existía ni la tele.
La cuestión es que la “exposición selectiva” de la que hablaba Lazarfeld era empíricamente comprobable cuando existían posibilidades reales de que las audiencias escucharan diferentes mensajes provenientes desde distintos medios. Esto fue posible hasta la década del ’80, cuando, a partir del proceso de globalización, se produjeron dos hechos incontrastables: la concentración mediática y la convergencia editorial, que cortaron de cuajo aquella pluralidad de opiniones.
El primero designa el proceso por el cual algunos medios grandes fueron adquiriendo con una voracidad inocultable una cantidad cada vez mayor de pequeños medios, sean éstos impresos, radiofónicos o audiovisuales, de cable, locales, provinciales, nacionales, editoriales, imprentas, fábricas de papel, productoras de contenidos, etc., hasta quedarse con la propiedad casi exclusiva de las audiencias (en el caso del Grupo Clarín, cerca del 70 por ciento). Por otro lado, la convergencia editorial implicó el dispositivo por el cual comenzaron a unificarse, vía las nuevas tecnologías, las distintas plataformas de los diferentes medios, cuestión que se aceleró en el último medio lustro en el caso de la argentina, por lo cual, un discurso puede escucharse repetido en la radio, en el diario o en la televisión del mismo grupo en el mismo momento expresado por diferentes emisores.
La lucha por una comunicación democrática es una lucha antigua, que tiene a lo largo de las últimas décadas jalones fundamentales, como fueron el Informe Mc Bride de las Naciones Unidas en los años ’70, o el crecimiento de las radios alternativas o comunitarias en la década del ’80, o las investigaciones señeras sobre hegemonía y comunicación en Jesús Martín Barbero, Armand Mattelart o el mismísimo Raymond Williams, pensador inglés fundamental en la propia historia intelectual de Sarlo.
En los años ’90 lo dijo el periodista español Ignacio Ramonet desde uno de los medios más prestigiosos del mundo, como es Le Monde Diplomatique: la globalización de las comunicaciones ha convertido a los monopolios mediáticos trasnacionales en el cuarto poder, poder que se posiciona por encima de los otros tres conformando un nuevo tipo de tiranía.
Contra esa tiranía la organizaciones sociales de la Argentina (cooperativas de medios, universidades, estudiantes, periodistas, intelectuales, militantes políticos, docentes, artistas, radios comunitarias, etc.) libraron la batalla cultural probablemente más contundente de la que se tenga memoria y dieron a luz la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Los comentarios de Sarlo menoscaban esa lucha deliberadamente.
* Docente investigador Facultad de Periodismo y Comunicación UNLP.
Interesante el debate que se armó esta semana durante el programa 6,7,8. Pero también la polémica que se desató a partir de la idea que traccionó toda la polémica. Lo más interesante es cómo la lógica televisiva –la del no debate, la no polémica, la no argumentación– ganó la pulseada. Es decir, en la calle, en los bares, en los medios de comunicación –con patética barrabrava en Radio Mitre mediante– se vivió el debate como un simple River-Boca dialéctico. Resultado de ese fenómeno fue que lo único que se registró del debate es el “conmigo no, Barone” que pronunció Beatriz Sarlo.
(Digresión 1: ¿Que todos los medios hayan reparado respecto de todo el debate sólo en esa frase se debe sólo a una imposibilidad para conceptualizar todo el resto del programa?)
Lo cierto es que el “conmigo no, Barone” es mucho más significativo que lo todos creemos. Y con repregunta es aún más importante todavía: ¿Por qué con usted no, Sarlo?
Recordemos: Barone intenta preguntarle a Sarlo por los lugares desde los c uales emite su discurso. Es una pregunta con un cierto tufillo a chicana y a fiscalización, pero que tiene algo de oportunidad (sobre todo viniendo de un hombre que nunca escondió sus trabajos anteriores y que vive haciendo mea culpa innecesarios a diestra y siniestra) porque el mensaje también depende del emisor. No serían lo mismo las columnas de Sarlo en Tiempo Argentino, por ejemplo, que en La Nación. La intensidad de la crítica –el clima entusiasta de un diario u otro influye en la escritura– es reforzada, utilizada, manoseada por el lugar desde donde se emite. Y tampoco se escribe –ni se piensa– de la misma manera según el soporte desde el cual se lo haga. Entonces, Sarlo, sin dejar terminar una pregunta que merecía ser respondida y que además ella tenía argumentaciones suficientes para hacerlo, lo corta en seco y le dice: “No, Barone, conmigo, no, Barone.”
La frase se ha convertido en un fetiche de aquellos –quizás más acostumbrados a analizar el mundo del espectáculo que la política– que no han podido escudriñar detrás de ese debate algunas cosas interesantes que se dijeron. Pero hay algo que incluso en esas palabras hay mucho para interpretar:
1) ¿Por qué Sarlo no puede responder esa pregunta como cualquier otro mortal? ¿Qué es lo distintivo que tiene ella que le permite desestimar las preguntas de Barone? ¿Tiene “coronita” –va con humor– Sarlo que no puede soportar y contestar las chicanas del panelista?
2) La socióloga, ex marxista –como ella misma se definió–, apela a una dignidad extraña a la hora de darle un topetazo a Barone. Porque no se trata del “basta” de la víctima que sufre un atropello por parte del poderoso ni de quien está en minoría y necesita defenderse –aunque esa noche lo estuviera–. El “conmigo no, Barone” apela a una dignidad superior por parte de quien lo emite. “Conmigo no, porque vos no me llegás a los talones”, “Conmigo no porque yo te doy vuelta como una media”, “Conmigo no porque yo soy una intelectual y académica reconocida y vos sos un simple periodista chicanero.” Desde ese lugar parte la frase de Sarlo espetada al rostro de Barone.
3) “Conmigo no” significa, también, con los otros sí. No es un grito solidario. Sólo es la enunciación de quien cree que tiene prerrogativas diferentes a los demás mortales. Es decir, Sarlo es una intelectual, una académica que demostró que con “un poco de esfuerzo” puede permitirse debatir con Ricardo Forster –para mí uno de los grandes intelectuales que comprende y hace pensar la actualidad a los demás– porque comparten el canon de libros que la academia ha convertido hoy en paradigma. El “conmigo no” no es un grito republicano… es apenas un reclamo aristocrático, monárquico, si se me permite la humorada.
(Digresión 2: Qué poco se habló de política/s de fondo en ese programa ¿no? ¿La discusión progresista sigue siendo una simple cuestión estética, de estilos, de manifestaciones culturales?)
II
¿Conmigo sí, señor Mauricio Macri? ¿Pero con quiénes no? Mientras Sarlo se autoexcluye, la campaña publicitaria del gobernador de la Ciudad de Buenos Aires nos discrimina a todos. Si yo soy bienvenido… ¿quiénes son los malvenidos? En su campaña, que podría titularse “Yo también tengo un amigo judío” o “No nos reímos de vos sino con vos”, Mauricio Macri nos dice que a pesar de que seamos unos negros de mierda, unos gordos cementerios de hamburguesas, unos homosexuales del culo, unos indios pata sucia, unos zurdos miserables, estudiantes de cuarta, paraboliquichuas malolientes… somos bienvenidos. Gracias, señor Macri… Pero ya estábamos de antes. Y gracias por aclararnos que, a pesar de que somos lo terrible que somos, usted nos da la bienvenida. Incluso a mí… ¡¡que soy de River!!
Del “conmigo no” –no ya de Sarlo, obviamente– al “vos sos bienvenido” hay hilo conductor. Y es la desigualdad y la jerarquía. Lo que nos dice Macri es que él, que es el monarca, el dueño del país o la Ciudad, nos dice a los porteños, al vasallaje, a los simples habitantes del burgo, que esta ciudad que hicimos entre todos en realidad no es nuestra sino suya, y que puede determinar quién es bienvenido y quién no. Porque, si bien la campaña incluye todos los estereotipos, el “vos sos bienvenido” remite obligatoriamente al “ellos no son bienvenidos” ¿Quiénes son esos “ellos”, esos “otros” que no son bienvenidos? Marche un INADI rapidito para el publicista de Mauricio Macri…
III
Con todos los defectos que le achacan a 6,7,8, hay algo que no podrán decir de ese programa: jamás podrán decir que no es el espacio más democrático y plural de la televisión argentina. ¿Se imaginan ustedes a un invitado en TN cuestionando la forma en que hacen periodismo en ese canal? ¿Se imaginan a un columnista como Ernesto Tenembaum –como sí lo hizo en la revista Veintitrés– cuestionando con valentía la política de ocultamiento de la supuesta apropiación de Marcela y Felipe? Resulta interesante cómo muchos que cuestionan por falta de democracia al gobierno en espacios afines ideológicamente al kirchnerismo, se quedan calladitos en sus puestos de trabajo sin cuestionar al grupo monopólico que los mantiene. Es fácil hacerse el bravucón en espacios donde se permite el disenso o donde impedir el disenso es más costoso que en lugares donde ese disenso está prohibido. ¿Por qué ninguno de los “grandes periodistas” de Clarín y La Nación cuestionan en Clarín o en La Nación los negocios, las políticas monopólicas, la infamia de Papel Prensa o la apropiación de hijos de desaparecidos durante la dictadura militar? Sin embargo, lo hacen en otros medios. Como dice Joan Manuel Serrat, “se agarran de los pelos pero para no ensuciar van a cagar a casa de otra gente”. Contrariamente a todo lo que se dice, a todo lo que se piensa, el espacio cultural kirchnerista –con 6,7,8 incluido– es mucho más democrático y plural que el de los medios hegemónicos. Y algo mucho más valioso. Como debe legitimarse a través de las urnas es mucho más autorreflexivo, vive autocuestionándose y lo hace públicamente. Por eso, muchos periodistas del espacio –aunque respeten las líneas editoriales, como en cualquier otro medio de prensa– tienen derecho –como lo tienen los medios hegemónicos, también– a meterse con cualquiera, incluso con los aristócratas del periodismo y de la intelectualidad argentina. Porque de eso se trata, claro. De terminar con las prerrogativas de cualquier tipo. Y de no andar robándose las sábanas entre fantasmas, claro. <
Ojos entrecerrados, barba incipiente sin rasurar, hombros vencidos, cuello abierto de la camisa, sin corbata, y una expresión de derrota impactante. Esa imagen que entrega la foto de quien era hasta ese momento número uno del Fondo Monetario Internacional, acusado formalmente por el Tribunal de Nueva York de siete cargos, el principal intento de violación de una mucama del hotel Sofitel, es impresionante. Dominique Strauss-Kahn, uno de los protagonistas estelares del G-20 y de la estructura financiera internacional que enfrenta la crisis global desde el estallido en 2008, cayó en desgracia. Para el traumático vínculo histórico de la economía argentina con el Fondo no es insignificante ese desmoronamiento, teniendo en cuenta además que abanderados de la moral y las buenas costumbres claman por volver a la subordinación a ese organismo multilateral. No deja de ser una ironía que el desprestigio de esa institución sea por el deseo sexual irrefrenable de su líder en lugar del acoso permanente con ajustes implacables a países en la cornisa, como los padecidos por los latinoamericanos en la década del noventa y hoy los periféricos europeos. La tentación de vincular esas conductas es elevada, que por pudor se eludirá y vale recordar que esas vejaciones fueron y hoy son aceptadas por gobiernos sumisos a las finanzas globales.
Fracasos Múltiples Internacionales había quedado en una posición muy débil a nivel institucional cuando los países que habían recibido sus préstamos, como Argentina, Brasil, Uruguay, decidieron cancelarlos en su totalidad. Esos pagos los liberaron de las condicionalidades, que eran medidas de ajuste fiscal y monetario, que exigía el FMI para brindar su asistencia financiera. Esa pérdida de recursos por cobro de comisiones e intereses dejó a ese organismo en una situación financiera muy complicada. También la vigorosa recuperación económica de los países que abandonaron sus recetas ortodoxas cuestionaba en la práctica sus políticas. Quedó en el centro de las críticas por no haber previsto esas crisis, y más bien por profundizarlas. La experiencia argentina, tanto el apoyo que brindó a las políticas de los noventa como el posterior rechazo que expresó al sendero que implicó elevadas tasas de crecimiento, dejó muy incómodas a las autoridades y a su equipo técnico. De una presencia arrebatadora en los años de la crisis de la deuda y del Consenso de Washington, se desmoronó a una burocracia desprestigiada con destino incierto.
La crisis de 2008 rescató al FMI del ostracismo. En lugar de reformular la estructura financiera internacional, las potencias económicas lo rescataron para colocarlo nuevamente en el centro ordenador de paquetes de rescate y de promotor de políticas de ajuste. Los países que empezaron a padecer ese cerco financiero fueron los europeos periféricos: Grecia, Irlanda, Portugal y España. El FMI los denomina EA4 (European Area 4) exigiéndoles, junto a la Unión Europea dominada por Alemania, que a cambio de recursos para pagar sus deudas tienen que bajar el gasto público, recortar sueldos, jubilaciones, privatizar, subir impuestos y reformar el sistema de pensiones extendiendo la edad jubilatoria.
Como si no hubiera aprendido nada de las debacles latinoamericanas, con la argentina en el tope de los descalabros social y político, el Fondo reiteró el mismo programa de ajuste que sólo agudiza crisis, como se observa hoy en Grecia, Portugal, Irlanda y España. Es notable que mientras siguió implementando la receta de la ortodoxia para beneficiar a bancos y grandes grupos económicos, la tecnoburocracia del Fondo durante la gestión de DSK se presentara como reformista. A nivel discursivo y de ciertos documentos de estudios, flexibilizaron la opinión sobre la cuenta capital admitiendo que, en algunas circunstancias, es correcto aplicar en forma temporaria controles al ingreso de capitales. También señalaron tímidamente que alcanzar estabilidad en los precios no es suficiente para evitar que se produzcan desequilibrios e incluso señalan que se podrían instrumentar políticas “no ortodoxas”, como el manejo del crédito por parte de la banca central. DSK, en su discurso en la Brookings Institution poco antes de la reciente reunión del FMI, afirmó que “en definitiva el empleo y la igualdad son los pilares de la estabilidad y la prosperidad económica, de la estabilidad y de la paz política”.
Esa tibia revisión de postulados dominantes durante la hegemonía neoliberal se parece mucho a esos grupos fundamentalistas que aspiran a mejorar su imagen pública con maquillajes pero que en su esencia –que se refleja en las medidas concretas exigidas a los países en crisis– no cambia nada. El Fondo Monetario no fue –ni lo es– un factor de estabilidad en las economías apremiadas por abultadas deudas. Sus intervenciones como bombero sirven para generar un momento de calma pasajero, tiempo necesario utilizado por bancos y grandes inversores especulativos para ir rescatando sus colocaciones en deudas impagables, como hoy lo son la griega, portuguesa y española.
El gobierno socialista español de José Luis Rodríguez Zapatero ha aplicado la receta ortodoxa clásica, recibiendo el beneplácito del FMI, sin el resultado deseado pero sí previsible: aumento del desempleo, debilitamiento de la demanda, estrangulamiento financiero por la elevada deuda pública y privada y continuación del ciclo recesivo. Las masivas protestas tienen a la juventud, grupo donde casi la mitad está desempleada, como motor de la rebeldía a esas políticas que buscan sólo salvar bancos y grandes empresas. Los dirigentes políticos, griegos, lusos, españoles o de cualquier otros país en crisis, no se animan a romper con ese modelo de exclusión, que implicaría declarar el default y salir del euro, porque están atrapados de un modelo de funcionamiento dominado por el mundo de las finanzas. A la defensa de esos intereses se suma que saben que esas medidas drásticas implicarían enterrar su futuro político, y por eso prolongan la agonía con el objetivo mezquino de que sea a otro a quien le estalle la bomba. El proceso argentino también ofrece enseñanzas en ese sentido político, con Fernando de la Rúa aplicando un ajuste fiscal brutal, con Adolfo Rodríguez Saá definiendo el default y con Eduardo Duhalde implementando una megadevaluación. El recorrido político inmediato que tuvo cada uno de ellos fue la condena y el alejamiento del poder. Europa tiene más recursos e instituciones continentales de gobernanza (UE) que los que tuvo Argentina para dar un marco de contención efectivo para amortiguar ese inevitable desenlace. En esa instancia emerge la preeminencia de las finanzas globales influyendo en las decisiones de política económica de los gobiernos, con el tradicional acoso del Fondo Monetario Internacional.